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08
Sep
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Navegando la Isla de los Estados, costa sur y norte.

Geografía.

Se trata, sin dudas, de la isla más importante de nuestro país y una de las más singulares del planeta. En ella la naturaleza se muestra en sus extremos más espléndidos y superlativos, comparable solo a la geografía de los canales fueguinos de Chile, los fiordos de Noruega, los de Alaska, o los de la isla sur de Nueva Zelanda. Pero hay algo que la diferencia de los lugares citados y es el hecho de que es plenamente insular, solitaria y completamente rodeada de mar abierto, como es el caso de las Georgias del Sur y de otras islas antárticas, pero al contrario de éstas es de clima subantártico, o sea más benigno, lo que la hace más diversa en flora y fauna, y debido a su aislamiento se mantiene bastante virgen, sin las señales típicas de la presencia humana moderna.

Su aspecto es el de una cadena de montañas saliendo del mar, siendo como es el último tramo de la Cordillera de los Andes en el continente Sudamericano, que emerge en ese sitio formando una isla, antes de sumergirse nuevamente para continuar debajo del mar, en las profundidades del Atlántico Sur, en un inmenso arco de 2.400 millas que forma las llamadas Antillas Australes, y que incluye, entre otras, las Islas Georgias, Orcadas, Shetland y Sándwich del Sur, hasta emerger nuevamente en la Península Antártica.

Fig. 1 - Sudeste de Tierra del Fuego, Isla de los Estados y Cabo de HornosDetalle de la Carta del extremo sudoriental de Tierra del Fuego,

con Isla de los Estados, Canal Beagle y Cabo de Hornos.

Está ubicada al este de la punta sudoriental de Tierra del Fuego, separada de la misma por el Estrecho de Le Maire, a una distancia de 16 millas, en una latitud aproximada a la de la ciudad de Ushuaia, pudiendo vérsela,  condiciones climáticas mediante, desde las costas que van desde el Cabo Buen Suceso hasta el Cabo San Diego. Con respecto al Cabo de Hornos, el accidente geográfico más emblemático de la zona, se sitúa al estenordeste del mismo a una distancia de 110 millas.

Estrecho de Le Maire - Islote Veleros en Buen Suceso

Tierra del Fuego :  Islotes “Veleros” en Cabo Buen Suceso, Estrecho de Le Maire.

Sobre la carta su silueta es alargada y sinuosa, corriendo su eje longitudinal en sentido de los paralelos, con una orientación aproximada de 78 grados verdaderos. Tiene unas 35 millas de largo en dicho eje longitudinal, por unas 9 millas de ancho en su parte más gruesa y unos 2,7 cables en su parte más estrecha. Su contorno serpenteante es de características extremadamente irregulares, de manera que, sumando fiordos y caletas, se llega a la cantidad increíble de 162 millas de línea costera. Su superficie es de unos 535 kilómetros cuadrados, es decir unas 53 mil hectáreas aproximadamente.

Isla de los Estados - vista desde Buen Suceso 2

Isla de los Estados vista desde Cabo Buen Suceso en Tierra del Fuego.

Está formada exclusivamente por cadenas montañosas cuyos picos oscilan entre 500 y 800 metros de altura y entre cuyas paredes, que por lo general caen a pique, a veces con escasas y pequeñas playas de canto rodado y arena en sus bases, se encuentran encajonados los fiordos de mar, algunos de hasta tres millas de extensión, que tanto caracterizan la bizarra toponimia de la isla. La fisonomía de estos fiordos es parecida a los conocidos brazos Blest o Tristeza del lago Nahuel Huapi, salvando las diferencias de latitudes, de fauna y flora, y obviamente el hecho de que el agua es salada en vez de dulce. En las zonas centrales, entre las costas y los cerros, se encuentran alrededor de una centena de espejos interiores de agua dulce, que van desde pequeñas lagunas de algunos miles de metros cuadrados a lagos de 200 hectáreas, producto del deshielo anual, y que suelen desagotar, a través de cañadones, chorrillos y cascadas, en los fiordos y caletas circundantes.

Flora.

La vegetación está compuesta en un 50% por tupidos bosques andino-patagónicos y en un 35% por formaciones rocosas, quedando el resto cubierto por matorral magallánico lluvioso, turberas, tundra y pastizales costeros. Por su peculiar situación geográfica meridional y oceánica, la isla comparte características botánicas con las Malvinas y las Georgias del Sur, pero al contrario de esta última se encuentra fuera de la Zona de Convergencia Antártica y por ese motivo carece de glaciares y demás características polares, lo que al mismo tiempo le confiere atributos de mayor biodiversidad, con una flora y fauna algo más diversas. Por lo dicho la isla se clasifica como de carácter subantártico, presentando así una interesante combinación de flora andino-patagónica, esteparia, turbales y tundras. En toda la franja subacuática circundante pero especialmente en el interior de fiordos y caletas, hasta unos 15 metros de profundidad, son comunes los crecimientos de extensos bancos de algas, abundantes, densos e intrincados, verdaderos bosques submarinos, de largos tallos tubulares de color marrón y largas hojas que se asemejan a cintas de color ocre o marrón, sumamente resistentes, conocidos con el nombre de “cachiyuyos” y cuya denominación botánica es “macrocystis pyrifera”. Estas plantas, que arraigan en el suelo pero llegan hasta la superficie en busca de la luz solar, son muy resistentes, de manera que pueden parar casi completamente la marcha de embarcaciones deportivas, además de complicar bastante la maniobra de fondeo. La parte buena de las mismas es que suelen marcar los peligros bajo el agua, indicando a los navegantes la presencia de bajofondos, siempre y cuando no estén sometidas a fuertes corrientes que las mantengan sumergidas.

Fauna.

Entre las aves marinas y costeras que nidifican en la isla el pingüino rey requiere una mención especial, ya que ha sido el exponente característico de la fauna autóctona en el pasado. Esta subespecie de talla bastante alta, de un metro en promedio, solo un poco menor al pingüino emperador que habita en el continente Antártico, poblaba en el pasado todas las islas subantárticas del hemisferio sur. Desgraciadamente, en épocas del siglo 19, debido a la demanda y al alto valor comercial de su aceite, que se extraía desollando y cocinando partes de dichas aves para derretir la grasa contenida en sus cuerpos, ha sido diezmado de tal manera que de haber sido el principal poblador de este tipo de islas se encuentra prácticamente extinguido, tanto en las Malvinas como en la Isla de los Estados. Hay informes actuales que indican que recién ahora, después de más de un siglo, se está registrando la presencia de unas pocas parejas empollando su único huevo anual, lo que permite albergar la esperanza de que podría estar ocurriendo un proceso incipiente de repoblamiento por primera vez desde las matanzas del pasado, con ejemplares que se han separado de su colonias originales asentándose nuevamente en la Isla de los Estados, provenientes de lugares tan lejanos como Georgias o Sándwich del Sur. Actualmente la isla cuenta con grandes colonias de pingüinos de penacho amarillo, y también de los de Magallanes, bastante más pequeños que los rey, ambos de entre 60 a 70 centímetros de alto.

También anidan en la isla colonias de petreles gigantes del sur y zambullidores, y colonias de cormoranes imperial, magallánico y de cuello negro.

Petrel Damero

Petrel Damero.

Algunos tipos de albatros, si bien no nidifican en la isla, utilizan los alrededores de la isla como sitio proveedor de alimento, como el albatros errante y el albatros real, y otros, como el albatros de ceja negra, se lo ha visto formar pequeñas colonias.

Albatros 2

Albatros 1

Albatros en Cabo San Juan, Isla de los Estados.

Además de las aves citadas habitan allí una cantidad de especies menores, como las gaviotas cocinera y austral, los patos vapor austral, barcino y overo, los ostreros austral y negro, los cauquenes caranca, colorado y real. Otras varias especies de aves presentes en la isla son el macá grande, biguá, garza bruja, bandurria austral, cisne cuello negro, remolinera negra y araucana, dormilona cara negra, carancho austral, paloma y skúa antártica.

También encontramos importante presencia de mamíferos, como los apostaderos reproductivos de lobos marinos de uno y de dos pelos, de elefantes marinos desgraciadamente bastante menguados por su cacería indiscriminada en el pasado, nutrías marinas y de agua dulce, y adicionalmente a lo autóctono, se destaca el ciervo colorado y la cabra salvaje como exponentes de la fauna introducida por el hombre.

Clima y Meteorología.

La meteorología de la zona es, en el corto plazo, de lo más cambiante que se pueda imaginar, por ejemplo en un lapso de 24 horas puede nevar, brillar el sol, granizar y llover, desde lo más apacible a lo más violento, y está determinada por el eterno paso hacia el este, cada tres o cuatro días, de las depresiones polares con sus respectivos frentes asociados, originadas en la Zona de Convergencia Antártica, en nuestro caso a la altura del Pacífico Sur. De algunos sitios de Internet abiertos al acceso público y pertenecientes a servicios de apoyo a la navegación, podemos resumir las siguientes descripciones: “Después del paso de una borrasca y rotando el viento hacia el SW o el SSW, con frecuencia retrocede nuevamente con rapidez hacia el NW o NNW y una nueva tempestad sigue de cerca a la primera. De este modo, los temporales se suceden a cortos intervalos no mediando entre ellos más que un espacio muy restringido de brisas normales”, “Los sistemas frontales cruzan el área aproximadamente cada tres o cuatro días, por lo general con vientos sostenidos de entre 35 y 45 nudos con rachas de 60 o superiores.  Los vientos más fuertes provienen del SW mientras el barómetro sube, en cambio los más moderados provenientes del NW, entre 25 y 35 nudos, mientras el barómetro baja. El Capitán Henry Foster al mando del navío “HMS Chanticleer”, durante su exploración de las isla en el año 1828, describe las condiciones del tiempo en su diario : “Los vientos prevalecen del oeste en 9 de cada 10 días, variando desde SSW al NNW. Los temporales del SW prevalecen en verano y los del NW en invierno. Los vientos del este son escasos y soplan preferentemente en invierno”. Todos los exploradores e hidrógrafos que han estudiado la zona austral, están de acuerdo en establecer que la primavera es la época de las más violentas tempestades, mientras que en invierno se experimenta una calma relativa.  En efecto, la velocidad media del viento en primavera es mayor que en invierno y su dirección dominante es del tercero y cuarto cuadrante, prevaleciendo un 75%, en promedio anual, sobre los demás.  Este hecho, comprobado estadísticamente hoy en día, ya había sido notado por los Capitanes Philip Parker King y Robert Fitz Roy al establecer en las  “Sailing Directions for South America del año 1850” que:  “Los vientos del oeste prevalecen durante la mayor parte del año”, señalando que: “los meses de agosto a noviembre son los peores de todos para doblar el Cabo de Hornos”, agregando que: “el mejor tiempo se experimenta en los meses de abril a junio, a pesar que las horas de luz son más cortas y las temperaturas medias bastante bajas, pero son los mejores para que una nave pueda doblar el Cabo en dirección al oeste, además de que el viento del este se presenta en estos meses con mayor frecuencia. Por el contrario los mejores meses para efectuar el cruce desde el Pacífico al Atlántico, son los de diciembre y enero”.

Por suerte en el presente, con el nivel de precisión actual de los pronósticos marinos extendidos y el consabido equipamiento para recepcionarlos a bordo, cada vez más liviano, pequeño y eficiente, ya no existen las incertidumbres de antaño en la materia, de manera que se puede acceder a la isla y navegar alrededor de ella sin mayores inconvenientes, debido a que las distancias desde y hacia el Canal Beagle y entre fondeaderos seguros son relativamente cortas, partiendo de la base que se cuenta con una embarcación ad hoc, que su skipper conoce la zona y sabe lo que hace, y que se cuenta con suficiente tiempo disponible como para esperar las ventanas de tiempo favorable.

Los registros recogidos por la estación chilena del Cabo de Hornos durante las dos últimas décadas hasta el año 2000, arrojaron los siguientes resultados:

–          Presión barométrica media : 995 HP,

–          Temperatura media : 5,3° C,

–          Temp. Máxima : 20,5° C,

–          Temp. Mínima : – 14,5° C,

–          Humedad relativa media : 86.4 %,

–          Dirección del viento promedio : 264°,

–          Intensidad del viento máxima promedio : 84 nudos,

–          Intensidad del viento máxima : 119 nudos,

–          Precipitaciones promedio anual : 698 mm.,

–          Precipitaciones máxima anual : 1.263 mm.

Como el clima es muy húmedo, ventoso y frío, la sensación térmica que se percibe suele ser muy baja, aunque las temperaturas medias son algo mayores que las de Tierra del Fuego. La isla suele estar cubierta por capas de nubes y bruma, colgadas y desflecadas entre sus cerros y fiordos, con el efecto de que cuando se avista de lejos siempre se la ve algo escondida. En el invierno austral se la puede ver blanca, completamente cubierta de nieve hasta el nivel del mar, y en el verano, por la continua acción eólica y el ambiente marino, la misma desaparece, incluso de sus cumbres más altas, derritiéndose casi por completo.

Corrientes y Mareas.

La Isla está sometida a la acción de la corriente oceánica permanente que proviene del Pacífico, y que después del Cabo de Hornos tira en dirección noreste hacia el Estrecho de Le Maire y la Isla de los Estados, y pasa finalmente a unirse con la corriente de las Malvinas, que en esa zona, proviniendo desde el este por el Atlántico Sur, dobla para dirigirse al norte bordeando la costa Patagónica. La intensidad de dicha corriente es variable, porque se trata de una corriente de superficie y por eso está frecuentemente influenciada por los vientos dominantes, pero su intensidad es baja, ya que no llega a alcanzar los dos nudos de promedio. Cuando la corriente oceánica encuentra la isla, la abraza y bordea por ambas costas, y al terminar de pasarla en su extremo nororiental contribuye a formar en ese sitio un estado turbulento de las aguas. Sobre este marco básico de corrientes oceánicas se superponen las corrientes de marea, que durante los períodos de flujo incrementan las velocidades de las primeras, y en el reflujo las frenan e incluso llegan a revertirlas. La onda de marea avanza desde el océano Pacífico contorneando el Cabo de Hornos para dirigirse hacia el Atlántico pasando el Estrecho de Le Maire y la Isla de los Estados hacia el espacio comprendido entre la zona de las Islas Malvinas y las costas de la Patagonia. También hay otra onda de marea que, proveniente del Mar Antártico, sube por el Atlántico en dirección norte, cruzándose en la punta del continente americano con la anteriormente descripta. En el Estrecho de Le Maire la estoa de la marea se produce muy cerca de la hora de la pleamar (o de la bajamar) en la bahía Buen Suceso, lugar para el cual se encuentran los valores tabulados en la publicación respectiva del SHN, también se puede tomar los valores para Bahía Crossley, del otro lado del estrecho sobre la Isla de los Estados, teniendo en cuenta que existe una diferencia de aproximadamente una hora y media.  La corriente de flujo, entre la baja y la plea, tira hacia el norte y la de reflujo, entre la plea y la baja, hacia el sur, alcanzando una velocidad promedio de entre 3 a 5 nudos, pero en algunos sitios, como por ejemplo en cercanías del Cabo San Diego, la corriente puede alcanzar los 8 nudos. Además hay que tener en cuenta que si el viento es de componente contraria a la corriente, aunque sople cruzado, la marejada aumenta considerablemente en intensidad y altura, incluso con rompientes, tornándose impracticable para cualquier embarcación deportiva y bastante complicada para buques de mayor tamaño, y la peor situación, que se da normalmente, son los ventarrones del sudoeste con corriente contraria, es decir bajando con dirección al sur.

En la Isla de los Estados las amplitudes de marea son de unos escasos dos a tres metros, valores más bien modestos si se comparan con el norte de Tierra del Fuego donde llegan a superar los diez, pero debido al flujo y reflujo de la onda de marea oceánica que de venir del océano abierto se ve obligada a pasar por lugares mucho más estrechos, sumada a la interacción de las corrientes oceánicas permanentes, más la acción meteorológica y el hecho de que las costas de la isla son muy irregulares, da como resultado que se produzcan fuertes corrientes junto a una marejada muy alta, especialmente en los cabos, donde se registran escarceos y un estado del mar revuelto y confuso.

Se considera bastante improbable la presencia de témpanos alrededor de la isla pero no por eso se puede descartar completamente la posibilidad de encontrarse con alguno. Es bastante más frecuente encontrarlos hacia el este, en el océano Atlántico austral, donde el límite de la Convergencia Antártica sube bastante más hacia el norte.

Lugares de recalada para embarcaciones deportivas.

La navegación en sus cercanías se puede dividir en dos grandes capítulos :

Por la costa del norte o por la del sur.

Fig. 2 - Isla de los Estados - Croquis

Croquis de la Isla de los Estados.

La costa norte :

Generalmente es la más navegada, porque sus aguas están bastante bien protegidas de la marejada producida por los temporales del tercer cuadrante, especialmente la costa situada al este del Cabo San Antonio, y porque la recalada en sus fiordos queda más a mano de las rutas normalmente transitadas. Además, y esto es lo que marca la diferencia, porque del lado norte se encuentran una mayor cantidad de fiordos seguros, es decir de mayor longitud y recalada menos complicada bajo condiciones de mal tiempo. Es por eso que los veleros que transitan la clásica ruta del oeste, desde o hacia el Canal Beagle, para cruzar el Estrecho de Le Maire en demanda de la isla, también recalan, por lo general, en los fiordos del norte, aunque esto signifique una derrota un poco más larga.

Los puertos de la costa norte son :

–          del lado occidental :  Hoppner, el mejor y más cómodo de todos, y Parry, asiento del apostadero permanente que la Armada mantiene en la isla,

–          en el centro :  Basil Hall, con su caleta Puerto Abrigado, y Año Nuevo, con sus caletas Escobar y Vila,  y

–          del lado oriental :   Cook y San Juan del Salvamento.


Fig. 3 - Crossley, Flinders,  Hoppner y Parry

Cuarterón de la costa norte :  Bahía Crossley y Flinders – Puertos Hoppner y Parry.

Pto. Hoppner 1

Costa norte : Puerto Hoppner.

Pto. Hoppner 2

Costa norte : Puerto Hoppner.

Pto. Parry Esxterior - Aproximación

Costa norte : Entrada a Puerto Parry.

Pto. Parry Interior - Apostadero ARA

Costa norte : Puerto Parry interior y apostadero ARA.

Pto. Parry Interior - Boya de amarre ARA 2Boya de amarre ARA

Fig. 4 - Basil Hall, Año Nuevo, Cook e Isla Observatorio

Cuarterón de la costa norte :  Puertos Roca, Basil Hall, Año Nuevo, Cook y San Juan del Salvamento,

con Islas Año Nuevo y Observatorio.

Fig. 5 - Cook, San Juan del Salvamento y BlossomCuarterón de la costa norte : Puertos Cook y San Juan del Salvamento – Costa sur : Bahía Blossom.

Pto. Cook - Vista de la boca desde la playa

Costa norte : Puerto Cook.

San Juan del Salvamento - Boca del fiordo desde plataforma faro viejo

Costa norte : Puerto San Juan del Salvamento.

San Juan del Salvamento - Boca del fiordo y techo del faro nuevo

Costa norte : Puerto San Juan del Salvamento y nuevo Faro del Fin del Mundo en Punta Laserre.

San Juan del Salvamento - CementerioAntiguo cementerio en San Juan del Salvamento.

San Juan del Salvamento - Faro nuevo

Réplica del Faro del Fin del Mundo en Punta Laserre, San Juan del Salvamento.

Obviamente se puede recalar en otras caletas y bahías, como Flinders o Roca, que ofrecen un abrigo parcial, solamente a sotavento de lo que esté soplando en un determinado momento, y por ende son lugares de fondeo transitorio, o Bahía Crossley que está directamente expuesta a los cuadrantes peligrosos.

Isla Observatorio - Faro Año Nuevo

Costa Norte : Faro en Isla Observatorio.


La costa sur :

Está directamente expuesta a los temporales del tercer cuadrante que, dada la frecuencia con que se desatan, no dejan demasiado tiempo disponible como para navegarla con la tranquilidad que se merecería. Su apariencia es un desfile interminable de moles de granito en su mayoría sin vegetación alguna, que caen a pique desde grandes alturas, millas y millas de paredes de piedra de las más variadas figuras y siluetas, en casi toda su extensión, muy dentada e irregular, con sinnúmero de rocas e islotes que salen verticalmente de las profundidades.

Costa Sur 1

Costa Sur 3

P1010360_3P1010371_2P1010377_1Costa sur – Isla de los Estados

En esta costa la marejada proveniente del Estrecho de Drake llega en forma directa, sin obstáculos que la atenúe o modere, pegando directamente sobre los paredones de piedra. Sus fiordos y caletas están expuestos en mayor o menor medida a esta marejada, del sur y del sudoeste, de manera que es bastante incómodo y hasta peligroso fondear por más de unas horas en estos lugares. Incluso algunos fondeaderos indicados en los cuarterones, como Puerto Celular en Bahía York o el Saco Medina en Bahía Cánepa , realmente no sirven demasiado como para pasar una estadía tranquila y segura con embarcaciones menores.

Sin embargo existen dos excepciones :

–          el Brazo Osores, en Puerto Vancouver, el mejor lugar de fondeo de toda la costa sur, y

–          una pequeña caleta innominada, en Bahía Cánepa,


Fig. 6 - Celular y Vancouver

Cuarterón de la costa Sur : Bahía York con Puerto Celular, y Puerto Vancouver.

Pto. Vancouver -  Aproximación

Costa sur : Entrada a Puerto Vancouver.

Pto. Vancouver - Brazo Osores

Costa sur : Brazo Osores en Puerto Vancouver.


Fig. 7 - Franklin y Cánepa

Cuarterón de la costa sur : Bahías Franklin y Cánepa.

Pto. Celular - Aproximación

Costa sur : Aproximación a Puerto Celular.

He tenido la suerte de navegar toda esta costa en un velero, en ocasiones a solo un par de metros de paredes de piedra de cientos de metros de altura, obviamente con buen tiempo y vientos del norte, o sea en ese momento a sotavento de la isla, y a pesar de estar inmerso en un entorno de increíble y salvaje belleza, a pesar de la tranquilidad y el magnífico tiempo reinante, la marejada de fondo que venía del Drake y seguía entrando desde el sudoeste era realmente impresionante, haciéndonos subir y bajar al lado de las paredes de piedra como si estuviéramos en un ascensor. El agua literalmente parece estar en estado de ebullición, con grandes remolinos por todos lados y en la mayoría de los sacos y caletas las olas rebotan contra las paredes verticales produciendo una marea interior contraria o cruzada realmente insoportable. No hace falta demasiado esfuerzo para imaginar en lo que se puede transformar esta costa cuando le pegan de lleno los frentes provenientes del tercer cuadrante.

Apoyo a la navegación :

Los interesados en navegar las costas australes, además del Derrotero Argentino, parte III, “Archipiélago Fueguino e Islas Malvinas”, la Tabla de Mareas y los Cuarterones de la isla editados por el SHN, deberían contar con la guía náutica “Patagonia & Tierra del Fuego, Nautical Guide” Chilean and Argentine coasts, from Valdivia to Mar del Plata, including Isla de los Estados and Cabo de Hornos, de Mariolina Golfo y Giorgio Arduzzi. Esta pareja de nautas italianos, que he tenido el gusto de conocer personalmente embarcado en un Ketch en el puerto de Ushuaia, hace muchos años que están navegando la zona y se han tomado el trabajo de realizar un relevamiento pormenorizado realmente formidable. Esta obra, editada por Editrice Incontri Nautici en Roma, traducida al inglés, ha tenido tanto éxito a nivel de la náutica mundial, que es considerada actualmente el manual de consulta imprescindible para navegar las costas australes de Sudamérica. Muy detallada, con croquis y descripciones para cada lugar de fondeo, indicaciones para la navegación costera, aproximación a los fondeaderos, elección de los mismos, etc. En ella se describen, obviamente, todos los detalles para la mayoría de los fiordos de la Isla de los Estados. Este libro se consigue en Buenos Aires y en Ushuaia, y se puede ubicar en Internet simplemente ingresando en el buscador Google con el nombre del libro.

Fondeo y permanencia en el interior de los fiordos :

Los fondos son casi excluyentemente de piedra, en el mejor de los casos de grava, canto rodado, o de piedra suelta y guijarros, siempre plagados de cachiyuyos, de manera que es de rigor utilizar anclas forjadas, de buena calidad, que agarren bien en esas condiciones, como por ejemplo la arado o la almirantazgo, y obviamente con cadena. El peso del ancla y el grosor de la cadena deben ser sobredimensionados, el largo de la cadena debe estar de acuerdo a la zona, por ejemplo es normal fondear en 10 o 15 metros de agua, o sea que contar con por lo menos 120 metros de cadena es lo lógico. El malacate bien robusto, sobredimensionado, si es posible con un banco de baterías exclusivo, que debe permitir el fácil y efectivo accionamiento manual en caso de falla del motor o falta de energía eléctrica. Sobre la fortaleza y la buena ubicación de la caja de cadenas como de toda la cubierta de proa con sus herrajes creo que está demás agregar comentarios. Respecto a la maniobra en si misma, hay que tener cuidado que el ancla no haga falsa cabeza metido en una maraña de cachiyuyos, que en muchos casos puede aparentar un buen agarre incluso cuando se da atrás con la máquina. También es importante tratar de que el barco quede ubicado en una zona relativamente libre de cachiyuyos en superficie, porque los mismos se enredan en la pala de timón, en la pata de gallo, en la hélice o en el timón de viento, siendo después bastante difícil quitarlos, frenando la marcha de un velero considerablemente. Es bueno tener a bordo un par de ganchos de sobrada fortaleza cuyas puntas se puedan introducir cómodamente en los eslabones de la cadena, y que terminen cada uno, del lado opuesto, en un ojo de dimensión adecuada para aferrar un grueso cabo. Con ese simple recurso se puede maniobrar con relativa facilidad la cadena con los molinetes de abordo, independientemente del malacate.

Cachiyuyos con cadena de fondeo.

Cachiyuyos en el fondeo.

A pesar de que prácticamente no hay marejada en el interior de los fiordos y que el reparo de los vientos que soplan afuera es casi total, esto no impide que según de donde y con que fuerza soplen esos vientos de afuera se formen vientos catabáticos del lado de adentro, que suelen ser muy molestos y a veces ponerse verdaderamente violentos. Se trata de los famosos “Willywaws”, vientos que se precipitan verticalmente por las laderas, desde las cumbres hacia el fondo de los fiordos, con una intensidad verdaderamente asombrosa. Hay una regla de oro : “A más alta y vertical es la costa que encajona un fiordo, más intensos y de mayor duración serán los Willywaws”. Por suerte estos ventarrones suelen ser de carácter errático y no continuo, por ejemplo golpes de viento de entre 1 a 3 minutos de duración con intervalos de 2 o más, cambiando de dirección, a veces aflojando y a veces sin dar tregua, formando remolinos o trombas que succionan y elevan el agua pulverizándola y mojando todo a su alrededor. Estos vientos son capaces de arrancar un fondeo bien clavado, levantar del agua pesados gomones, o producir golpes de escora sorprendentes, incluso en veleros de gran porte. Además de lo descrito se dan los vientos que entran directamente por la boca de los fiordos o por cañadones aledaños, y se encajonan siguiendo su contorno, generando chorros de viento, tipo Venturi, realmente muy fuertes. Para evitar que la embarcación quede tirando del fondeo en direcciones distintas u opuestas, es conveniente amarrarse adicionalmente con largos cabos de gruesa mena, por lo general con dos líneas que debe tener por lo menos 150 metros cada una, a los árboles o piedras de la costa circundante. El lado problemático es el manejo de esta cantidad de metros de gruesos cabos, o incluso calabrotes, a bordo de un velero, del tipo de nylon trenzado de bajo costo, como los que se utilizan en la pesca y se consiguen en el puerto de Mar del Plata, porque por peso y volumen es prácticamente imposible estibarlos adentro del barco o andar moviéndolos a través de tambuchos o lumbreras. Su manejo se facilita por lo general con grandes tambores que giran sobre caballetes ad hoc, soldados o abulonados sobre cubierta. De esa manera se evitan enredos y galletas y el trabajo que significa adujarlos y aferrarlos, mojados y escarchados con baja sensación térmica, cuestión que insumiría mucho tiempo y esfuerzo, amén del lugar que ocuparían y los inconvenientes que podrían generar estibados sobre cubierta navegando con mal tiempo.

El manejo de los gomones en estas latitudes también tiene su problemática, especialmente cuando se trata de los chicos y livianos, porque fácilmente pueden ser tumbados por los ventarrones, lo cual con un motor fuera de borda funcionando puede ser bastante peligroso. Cuando las condiciones se ponen realmente mal, he visto a navegantes extranjeros practicar una técnica poco conocida en nuestro medio, que es la de sobrepesar los mismos cargando agua en los tubos, aparentemente con muy buenos resultados, pero no he tenido la ocasión de experimentar las bondades de este método personalmente.

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