Archive for the '13 – Navegaciones Australes 3' Category

10
Sep
09

Desde Piriápolis a Ushuaia, por el Estrecho de Le Maire.

Extractos de un diario personal.

Noviembre de 2007.

Esta navegación se realizó en un Ketch de aluminio de bandera europea, construido en 1979 y reacondicionado integralmente en 1994, de 21 metros de eslora, 5 de manga, 3,60 de calado y 25 toneladas de desplazamiento.

Velero de líneas clásicas, construido originalmente para correr regatas oceánicas, cubierta corrida, quilla central larga y pala de timón con skeg, cockpit de acceso y gobierno en popa más otro de maniobra al pie del palo mayor, chubasquera permanente de metal, rueda con bitácora e instrumentos en el exterior.

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01- Cockpit de maniobraCockpit de maniobra.

Día 11 y 12.

La zarpada se posterga hasta el día 12, a pesar de haber embarcado el 11, pues el puerto de Piriápolis permaneció cerrado por mal tiempo, una curiosa costumbre que en occidente ya casi no practica nadie.

Seremos dos personas que vamos a navegar este barco con destino a Ushuaia, el Skyper y propietario del mismo, que en adelante lo llamaré simplemente “el Capi”, de alrededor de 50 años de edad y nacionalidad europea, de una vasta experiencia oceánica, habituado a navegar su barco en solitario o con muy poca ayuda, y el que les relata la presente, que voy a cumplir los 67 años durante este viaje, bastante habituado también a este tipo de travesías, que nos conocemos de haber navegado varias veces juntos por el Sur y por las costas patagónicas, y de acuerdo a eso nos confiamos mutuamente.

Aprovechamos este tiempo para reemplazar los obenques bajos del palo mayor, a partir de cables nuevos y flamantes terminales Norseman que el Capi acaba de recibir desde los Estados Unidos, debido a que los originales, trulados en sus terminales, tenían algunas filásticas cortadas. Un trabajo delicado, que, gracias a las herramientas que se disponen a bordo, nos quedó de primera.

El plan es arribar antes del último día de Noviembre a Ushuaia, porque un par de días más tarde el Capi espera embarcar una expedición científica extranjera de 10 personas, junto a otro navegante amigo que también suele ayudarlo, con el propósito de llevarlos a las Islas Shetland del Sur, específicamente a la del Rey Jorge y a la Nelson, en donde esta gente piensa investigar ciertos aspectos específicos de la fauna de esas islas, para lo cual, obviamente, dispone de unos pocos días para reabastecer y preparar su nave, especialmente teniendo en cuenta que en el Drake, en promedio, cada tres días se larga una galerna del cuadrante Oeste.

El barco posee un pequeño piloto automático, de esos normales para caña, de marca muy conocida, pero que en este caso se hace actuar sobre un mecanismo que a su vez actúa sobre una pala en el agua, como si fuese un timón de viento pero sin la parte de la veleta, que ha sido suplantada por el brazo actor del piloto. Una combinación muy ingeniosa y económica, que permite utilizar un instrumento pequeño, de bajo consumo, mientras que la gran fuerza la realiza la pala en el agua que a su vez la transmite, por medio de unos guardines sobre cubierta, a un tambor de acople adosado a la rueda.

A bordo existe adicionalmente un segundo piloto que actúa interna y directamente sobre el sector, muy robusto y de tipo profesional, que funciona perfectamente pero que no se utiliza casi nunca pues consume bastante.

La situación meteorológica y los pronósticos se mantienen actualizados por medio de un teléfono satelital conectado a una Notebook, un equipo muy sencillo de operar, que solo requiere la instalación de una pequeña antena sobre cubierta, que ocupa poco lugar y que constituye uno de los equipamientos esenciales de abordo, con el cual se pueden recibir los partes de la Global Marine Net “GMN”, en forma de archivos llamados “GRIB Files”, para lo cual hay que abonarse al servicio. También se pueden recibir y enviar mails y obviamente hablar por teléfono, pero este último servicio se reserva solo para situaciones de real urgencia.

Los detalles de cómo recibir los pronósticos, pueden ser consultados en el sitio de Internet: http://www.globalmarinenet.net/.

Para leer estos archivos GRIB (Gridded Binary Data Files), que no son otra cosa que cartas con cuadrículas de vientos, hay que contar con algún programas ad hoc, por ejemplo uno es el “Wind Plot” que se puede encontrar en el sitio: www.xaxero.com, pero también se pueden leer con el programa “MaxSea” bastante conocido.

Además se cuenta con todo lo clásico para los tiempos que corren, Radar de 24 millas, dos GPS fijos y uno portátil, y una cuestión muy importante para mantener el ambiente interno seco y confortable: una buena Estufa Central a gasoil con radiadores.

La cartografía que se encuentra abordo no es electrónica, es de la clásica en papel, mucho de ese material en fotocopias a escala real de muy buena calidad, de origen argentino, brasilero, sudafricano, chileno, inglés, y americano, y que cubre todo el Atlántico Sur hasta el Polo, más la costa sudamericana del Pacífico, y obviamente ocupa un considerable lugar, además de una bibliografía náutica sobre la zona muy importante.

Convenimos hacer guardias de 4 horas cada uno, pero para las maniobras pesadas, los arreglos difíciles, las decisiones importantes, o simplemente ante la duda, quedamos en pedirle siempre la ayuda al que está durmiendo, y como es lógico, el Capi se reserva el derecho de tener la última palabra. Durante el día, principalmente para el desayuno, el almuerzo y la cena, tenemos tiempo suficiente para compartir el pronóstico, discutir alternativas, y encarar la solución de fallas que se vaya presentando.

Días 12 y 13.

Zarpamos el 12 a la tarde, y en el cruce de Piriápolis a Mar del Plata nos tocaron dos frentes, el primero esa misma noche, unas 80 millas afuera del Cabo San Antonio, bastante flojo, y el segundo a la tarde del día siguiente, bien duro, cuando estábamos a unas 10 millas al NE de la bocana del puerto marplatense, entrenamiento que vino de perillas para quitarse de encima el apoltronamiento terrestre.

Días 14 y 15.

Estuvimos en Mar del Plata casi dos días, fondeados afuera de los espejos del YCA y del Náutico debido al calado, reabasteciendo el barco y esperando que el fuerte sur que soplaba se termine y nos permita aprovechar la ventana meteorológica de dos días anunciada por el pronóstico, lo que, con un poco de suerte, nos daría la posibilidad de superar sin mayores inconvenientes el golfo de San Matías. La derrota que pretendemos seguir es directa, lo ideal sería que el próximo salto al Sur previsto, nos alcance en la zona de la boca del Golfo Nuevo, con la idea de buscar refugio en los fondeaderos Ninfas o Cracker.

Día 15 y 16.

Apenas cambió el viento nos largamos, el 15 a la noche, con vientos del Norte bastante duros, con Yankee entangonado, Trinquetilla, Mayor con una mano y Mesana abajo, avanzando a unos 12 nudos. Mover el tangón de aluminio de un barco de estas dimensiones, es un trabajo bastante pesado, sobretodo alzarlo sin perder el equilibrio hasta lograr insertarlo y hacerlo firme en la correspondiente campana de arraigo.

Pasamos una noche cambiante de fuertes rolidos, viento del NW rotando al WNW, con cielo cubierto. El día siguiente se presentó en forma similar, con grandes olas tendidas y vientos de tierra, lo que aprovechamos para desenrollar el genoa de mesana.

Día 17.

Seguímos bien, noche muy clara con luz de Luna, la cual una vez oculta tras el horizonte del Oeste permite que aparezcan las estrellas en todo su esplendor, desde antes del Ecuador celeste hasta el Polo elevado y más allá. Impresionante como se ven claramente todas y cada una de las constelaciones, desde Taurus, Gemini y Orión en popa, hasta la Crux en proa, rodeada de Centaurus y acompañada por Muscae, Lupus, y el Triangulum Australis, cada una con sus estrellas más conspicuas brillando como faroles sobre el fondo blanco de la Vía Láctea, en realidad solo el brazo espiral Perseo de la misma, oscurecido de vez en cuando por alguna Nébula oscura, como si se tratara de una gran autopista estelar que nos marca el rumbo a seguir.

Por la madrugada el espectáculo celeste se va desdibujando de a poco con abundantes Cirrus que entran del Oeste, mientras avistamos una respetable cantidad de pesqueros operando en la latitud del Rio Negro al Sur, lo que agrega un stress adicional a las guardias.

Durante el día va refrescando por lo que vamos enrollando el Genoa de mesana y el Yankee. Una vez cruzado el Golfo de San Matías, y bien pasada la latitud de Punta Norte en Península de Valdés, unas 25 millas antes de alcanzar Punta Delgada, navegando en cercanías de los Bajos de Valdés y con las últimas luces del día, el viento salta al SW, adelantándose en varias horas al pronóstico, con ventarrones de alrededor de 40 nudos, obligándonos a dar el borde afuera, orzando lo que se podía con muy poco paño, lo cual nos despega radicalmente de la costa, y cuyas aguas en ese lugar, parecen hervir debido a los fuertes escarceos.

Día 18.

Luego de una mojada e interminable noche de ceñida, en la que para no perder arrancada nos vimos obligados a derivar cada vez más, alejándonos bastante de la costa de Valdés, las horas de la mañana se presentan con algunos recalmones, que después se convierten en calmas extendidas junto a una respetable marejada de fondo, obligándonos a prender el motor, de manera que aprovechamos esas circunstancias para establecer un rumbo SSW que nuevamente nos vaya acercando lentamente al continente. Pasamos el Faro San José a unas 50 millas afuera ganando SW durante todo el día hasta Bahía Camarones.

A partir de allí, comenzó a soplar una buena brisa de tierra, por lo que izamos todo el trapo, y de ese modo, con rumbo Sur, fuimos superando la latitud de la Isla Leones en la entrada al Golfo de San Jorge.

Recuerdo que ocho meses atrás, durante un viaje realizado entre marzo y abril, fondeamos por unas horas en la Isla Leones, en una caleta denominada Inglesa, ubicada del lado interior de la isla sobre el canal que la separa del continente en el cabo Dos Bahías, en latitud del Faro San Gregorio. Aprovechando un día espléndido de sol y poco viento la exploramos totalmente, en especial las pingüineras y el Faro situado en la parte más alta, de una sólida construcción octogonal en hormigón armado, de impresionantes dimensiones y comodidades, una verdadera estación de observación que cubre estratégicamente la entrada norte del Golfo de San Jorge, y que actualmente, y aparentemente hace bastantes años, se encuentra desactivada y abandonada, en franco y lastimoso deterioro.

En esta zona, rodeando el Cabo Dos Bahías, existen varios fondeaderos, como las Caletas Sara, Carolina y Hornos, ésta última, que he visitado en otros viajes, es de características verdaderamente espectaculares.

Por la noche llegamos a casi la mitad del golfo, unas 60 millas al sur de la Isla Leones, en donde nos quedamos completamente encalmados, lo que nos obliga a darle a la máquina nuevamente, divisando a lo lejos el deslumbre de Comodoro Rivadavia. A medida que avanzamos con una noche bastante cerrada nos llama la atención la completa falta de pesqueros y camaroneros en una zona que normalmente debería estar poblada de este tipo de barcos, intuimos que podría deberse al pronóstico de fuertes vientos contrarios que tenemos por delante.

Día 19.

Durante el día avistamos innumerables bandadas de aves marinas que nos acompañan, fundamentalmente albatros y petreles en sus diversas variantes, que se posan en el agua alrededor del barco, para luego, como si se tratara de un juego y una vez que avanzamos, levantar vuelo para volverse a posar en el agua más adelante y vernos pasar nuevamente, así una y otra vez, lo cual, teniendo a mano un magnífico manual ad hoc que existe a bordo, nos permite ir identificándolas bastante bien entre las variantes de cada especie.

Para protegernos de la galerna anunciada buscamos en la carta un lugar sobre la costa Sur del golfo, a unas cuatro millas al WNW del cabo denominado Tres Puntas, que a su vez está a otras 10 millas al NW del Cabo Blanco, y en donde el arrumbamiento de la costa ofreciera un resguardo más o menos perpendicular al sentido del probable ventarrón, tratando obviamente de que reúna, de algún modo, algunas condiciones básicas de buen tenedero, libre de piedras y con profundidades aceptables, llegando a la conclusión, teniendo en cuenta los sondajes en brazas de la antigua carta Nº19 del SHN “Cabo Tres Puntas a Bahía Laura 200.000” y la amplitud de la marea, que no convenía acercarse a menos de dos millas de la costa. Finalmente el Capi decide fondear en aproximadamente esa distancia de la costa con las primeras ráfagas encima, en 6 brazas y media de agua, con un ancla arado de 80 Kg. y 90 metros de cadena, y pasamos el resto de la noche bastante cómodos, sin garrear, al resguardo de las altas mesetas patagónicas, mientras soplaba el anunciado ventarrón del SW toda la noche.

02- Golfo de S. Jorge - Cabo 3 PuntasFondedos a sotavento del Cabo Tres Puntas – Golfo de San Jorge.

Día 20.

Zarpamos bien temprano, con un día magnífico de cielo completamente celeste y muy diáfano, amaneciendo con la estampa del cerro Pan de Azúcar frente a nosotros, un cono de 130 metros de altura sobre la inmensidad de la meseta patagónica. Soplaban brisas variables del NW en franca disminución, condiciones excepcionales para una zona que normalmente es muy ventosa, y que nos permitieron ir acercándonos a máquina hasta las escarpadas laderas del Cabo Blanco, límite Sur del Golfo de San Jorge, donde nos arrimamos a una distancia menor a un cable, acercamiento que por mi parte, en un barco de mi propiedad, no me hubiera animado a realizar.

Lo digo porque en este lugar el agua, por acción de las fuertes corrientes de marea que entran y salen del golfo, parece estar en estado de ebullición, con unos remolinos muy grandes, del diámetro de 1 a 2 esloras de nuestro barco, haciéndolo girar en forma bastante alarmante. Mientras nos encontrábamos allí estuvimos envueltos en una verdadera nube de aves marinas increíblemente densa que continuamente levantaba vuelo desde las piedras, mientras una multitud de lobos marinos se tiraban al agua y nadaban por todos lados.

03- Golfo de S.Jorge - Cabo BlancoCabo Blanco – Golfo de San Jorge.

04- Fondeadero Cabo BlancoFondeadero Sur – Cabo Blanco.

El Cabo Blanco tiene el aspecto de una gran isla de piedra, sin vegetación alguna, que sale del mar en forma escarpada con una altura algo superior a los 50 metros, en cuyo tope se encuentra el Faro, conectada a tierra por una lengua muy baja de playa y terreno patagónico. Tal es así que de lejos y del Norte, viniendo desde el golfo, parece una isla rocosa, totalmente separada del continente. Con el ánimo de explorar un poco la zona, fuimos bordeando el cabo, metiéndonos en el fondeadero que está situado del lado Sur del mismo, en una caleta que termina en una extensa playa, y que protege completamente de los vientos de los cuadrantes W y N, e incluso del NE, muy utilizado por las embarcaciones de pesca, y que se encuentra cartografiado en el cuarterón Nº 19 del SHN “Cabo Blanco 7500”. Dejamos esta zona navegando hacia el Sur muy cerca de una costa conformada por barrancas de poca altura, típicamente patagónica, salvando algunos bajos sobre los bancos que por allí se encuentran, para transponer de noche la entrada a la ría de Puerto Deseado, en donde he tenido la suerte de recalar por varios días en otro viaje. Avistamos claramente las luces de la ciudad, pero sin conseguir señal para el celular, y seguimos avanzando hasta alcanzar la isla Pingüino a medianoche, siempre con vientos del NW.

En esta zona de Isla Pingüino, existen tres fondeaderos, que dan, entre todos, refugio para todos los vientos menos para los del E al SE, la bahía Innominada que se encuentra del lado Norte de Punta Norte e Isla Pingüino, la Bahía del Oso Marino, la Ensenada de los Lobos, en la cual pasé fondeado una noche en junio de 2005, y la de Ferrer, éstas dos últimas en la Bahía de los Nodales, todos tenederos bastante conocidos y seguros, dependiendo obviamente de la dirección de los vientos, pero algunos de ellos con importantes manchones de piedras a los cuales conviene darle un buen respeto, pues si bien están marcados en la carta, también es cierto de que no existen cuarterones detallados de los mismos.

Día 21.

Amanecemos con calmas, luego con vientos afirmándose repentina y violentamente del Norte, que nos obligan a navegar en una empopada impresionante, para después ir calmando nuevamente mientras dejamos la Roca Bellaco por estribor, a unas tres millas aproximadamente. En esta latitud se encuentra Bahía Laura, un fondeadero amplio de impresionante belleza patagónica, pero lamentablemente abierto a los vientos del cuadrante Sur.

DSC00727Costa Patagónica.

Debido a nuevos pronósticos de fuertes vientos contrarios nos esmeramos en alcanzar, lo antes posible, el fondeadero ubicado del lado Norte de Cabo Curioso, unas 4 millas al Norte de la entrada de San Julián, en latitud S 49º 09’. Por suerte logramos llegar a tiempo, donde fondeamos entrada la noche, en momentos de hacerse la Pleamar, aproximadamente en 11 metros de agua, medida que calculamos a ojo, y a la cual llegamos agregando a nuestro calado unos 7 metros de resguardo por amplitud de marea.

07- Fondeadero Cabo Curioso 2Fondeadero al N de Cabo Curioso.

La imponente pared de acantilados del Cabo obra la maravilla de dejarnos casi quietos mientras afuera se larga muy fuerte del Sur, solamente rolamos un poco con la ola entrante, pero en ningún momento el tema se hace incómodo. Incluso el viento, en un determinado momento de la madrugada, vira al SE, lo que nos preocupó bastante al principio, preparando todo para levantar el fondeo y zarpar, pero ante nuestra sorpresa el acantilado del cabo nos siguió protegiendo eficazmente, aumentando un poco el rolido, tal es así que pudimos seguir descansando perfectamente. En el lugar que estábamos soplaban alrededor de 45 nudos de viento, pero afuera seguramente bastante más que eso, a juzgar por el estado del mar y las rompientes blancas que se divisaban a lo lejos en dirección al cabo. La temperatura baja pronunciadamente, y con excepción del alerta por el cambio de dirección del viento, logramos un deparador descanso.

Día 22.

Sigue soplando y decidimos permanecer en este fondeadero en espera de que afloje. Los vientos amainan un poco, siempre de dirección SE, pero por la tarde vuelven a afirmarse violentamente del Sur. En momentos de acercarnos a la bajamar, debido a que no consultamos la tabla de marea como corresponde y nos equivocamos en poco menos de un metro en el cálculo de la amplitud de marea, comenzamos a tocar fondo, lo cual nos hace mover el barco de inmediato, en búsqueda de algo más de profundidad. Metiendo máquina y cobrando del fondeo con el cabrestante pudimos zafar de la eminente varadura y fondear nuevamente en un poco más de agua.

El tenedero de Cabo Curioso es excelente, de arena fina, libre de cachiyuyos en profundidades mayores a 5 o 6 metros, y de muy buen agarre, y a pesar de eso, extrañamente, no es muy bien conceptuado por la bibliografía, por ejemplo el Derrotero Argentino dice al respecto que este lugar “no es apto para fondear en sus proximidades, porque la onda del mar de fondo se siente considerablemente”. Tampoco recibe ninguna mención especial en la famosa e insustituible guía náutica “Patagonia and Tierra del Fuego”, de Mariolina Golfo y Giorgio Ardrizzi, ni en la guía inglesa “South Atlantic Circuit” en su separata “Havens and Anchorages” de Tom Morgan, ni tampoco existe un adecuado y particular cuarterón del mismo, solamente se lo encuentra cartografiado en la parte superior del cuarterón de San Julián, el “H364 Puerto de San Julián 20000”.

Por mi parte solo puedo decir que es la segunda vez que me ha tocado buscar refugio en este lugar, pasando en ambas oportunidades alrededor de 48 horas al ancla, rolando un poco pero bien, sin problemas, y he podido comprobar personalmente las bondades del mismo, con vientos muy fuertes del SW al SE, por lo que soy testigo y lo puedo recomendar totalmente. Obviamente que además ofrece completo reparo del cuadrante Oeste. Incluso estoy convencido que con embarcaciones de esloras menores, por ejemplo con calados de alrededor de 2 metros, existe la posibilidad de adentrarse aún más al fondo, contra el acantilado y la playa, salvando algunos manchones de piedra con los cuales se debe tener cuidado pero que durante el día se pueden distinguir y controlando que el ancla agarre bien debido a los cachiyuyos que existen en cercanías de la costa.

Este fondeadero es de una importancia estratégica para toda embarcación menor navegando entre Deseado y el Estrecho de Magallanes, porque ofrece el último refugio seguro contra temporales del cuadrante Sur, de acceso rápido y sin complicaciones, independientemente del estado de la marea.

En latitudes más australes ya no quedan fondeaderos de fácil acceso, solamente la costa inhóspita de Santa Cruz, o las complicadas y correntosas entradas a San Julián, Santa Cruz o Río Gallegos.

Día 23.

Zarpamos con el cambio de viento, a las 2 de la mañana, con brisas flojas del W, cielo diáfano y completamente estrellado con bastante frío, levantando todo el trapo disponible. Apenas rebasada la pared de acantilados que protege el fondeadero, nos llama la atención de que no vemos la luz del Faro, pero que sabemos que tiene que estar ahí, arriba de las paredes del cabo, a pocas millas al SW de donde estamos navegando y a más de 90 metros de altura. A continuación avistamos las luces de San Julián, mientras cruzamos la boca de la ría homónima, a la cual le damos un gran respeto, pues es bastante baja y se forman bancos que pueden no coincidir con los indicados en las cartas. Con mi celular, parado sobre cubierta, pude obtener señal y establecer comunicación telefónica con mi familia. Pasamos Punta Desengaño, límite sur de la desembocadura, y con las primeras luces el viento de tierra se va afirmando cada vez más con un día magnífico de cielo azul y pleno sol. A media mañana se desinfla nuevamente y ponemos motor hasta que, por la tarde, se establece desde el Norte, por lo cual entangonamos el Yankee, avanzando a 9 nudos con rumbo SSW condiciones que duran toda la noche, mientras el cielo se va cubriendo completamente y hace bastante frío.

05- En popa redondaEn popa redonda.

Día 24.

En este día por la tarde, arribamos a la zona de Cabo Vírgenes con vientos del Norte en disminución, después de avanzar todo el día, bien parejo, a 11 nudos de promedio, con orejas de burro y todo el trapo arriba excepto el mesana. Después de darle el consabido respeto al banco que rodea el cabo y con las últimas luces del día, bajo un cielo completamente cubierto con chubascos dispersos, comenzamos el cruce del Estrecho de Magallanes, que encontramos con muy poca ola, casi planchado, prestando atención, cada tanto, en esquivar el tráfico petrolero y las muchas plataformas de bombeo que por allí se encuentran.

Día 25.

Amanecemos con cielo gris, totalmente cubierto, tiempo frío y continuos chubascos que provienen desde la costa baja de Tierra del Fuego cuyos contornos grises se divisan a lo lejos, a estribor. Curiosamente esos chubascos van desfilando en dirección opuesta a los vientos de superficie que soplan del NE, con grandes olas cruzadas que desacomodan y paran la marcha del barco.

A la altura de la Bahía de San Sebastián avistamos las dos plataformas petroleras que están marcadas en la carta, con sendas boyas de amarre para buques, y como tienen un aspecto poco hospitalario les damos un considerable respeto por estribor. El viento cambia de dirección e intensidad varias veces, lo que nos obliga a una permanente actividad sobre cubierta. Por la tarde y durante la noche soportamos varias horas de calma total durante las cuales avanzamos a máquina con rumbo Sur, bajo una cobertura nubosa cambiante, que estuvo todo el día moviéndose rápidamente hacia el este.

Día 26.

Con las primeras luces del día nos fuimos acercando desde el Norte al cabo San Vicente, viendo gran parte de la costa montañosa de Tierra del Fuego perderse hacia el Oeste, con escotas abiertas y ventarrones del Norte, mientras el techo de nubes se va abriendo en grandes claros celestes que dejan entrar los rayos del sol.

P1010027

P1010040Costa atlántica de Tierra del Fuego.

Cambiamos el rumbo al SSE y fuimos dejando por estribor Bahía Tetis hasta arribar a Cabo San Diego, mientras a lo lejos en el Este, entre la bruma y las nubes cambiantes, se divisaban las cumbres montañosas de la Isla de los Estados.

08- Estr. de LeMaire - Cabo San DiegoCabo San Diego, Tierra del Fuego – Entrada al Estrecho de Le Maire.

Viramos el Cabo y con rumbo SSW encaramos la entrada al Estrecho de Le Maire, lamentablemente con corriente en contra, pero por suerte con poco viento, que además nos soplaba de tierra algo cruzado a la corriente, o sea del NW, de manera que decidimos navegar pegados a la costa montañosa, a una distancia aproximada de una milla, copiando la misma para reducir la incidencia de la corriente en contra. Por ese motivo nos fuimos metiendo un poco en Caleta San Mauricio, en Bahía Buen Suceso y Bahía Patagones, lugares dignos de asombro por su belleza natural, para luego, tranquilamente, y con el techo de nubes cerrándose, arribar al islote, o a las rocas, denominados Veleros, en el Cabo Buen Suceso, a las cuales nos dimos el lujo de acercarnos hasta un par de decenas de metros, a pesar de las corrientes que ahí tiran mucho, bajo el concierto y el alboroto de las numerosas aves, lobos y focas, que pueblan dicho lugar.

09- Estr. de LeMaire - Islote VelerosIslotes Veleros en Cabo Buen Suceso – Tierra del Fuego.

Luego, apretando las escotas, viramos al W con vientos del NW que ya estaban amagando con irse a la proa, pasando bahía Valentín, mientras el viento se iba afirmando en un todo de acuerdo al pronóstico, de manera que antes de llegar a Bahía Aguirre el ambiente ya estaba poniéndose bastante pesado, visibilidad muy reducida, vientos fuertes del WNW, mucho frío y falta de sueño.

Durante la tarde y  la noche la situación empeora, el viento definitivamente se va a la proa, pasando a soplar del WSW, con velocidades que superan los 35 nudos, de manera que las 30 millas que faltaban para entrar al canal de Beagle en longitud del Cabo San Pío, se navegaron forzando la marcha con el velamen totalmente rizado y planchado, bordejeando con apoyo de máquina a pleno. En resumen fueron 6 a 7 horas de repechar contra una marejada bastante importante, con el barco a los golpes contra las olas, que además iban en franco aumento, acostándonos bastante con cada racha, totalmente mojados y congelados, lo que se dice una noche de perros.

Todo este sacrificio por el bendito apuro de cumplir una agenda determinada, ese mal que tanto nos caracteriza a los humanos, en vez de refugiarnos en alguna bahía o caleta, que por allí las hay muy reparadas de los vientos predominantes del oeste, por ejemplo Puerto Español dentro de Bahía Aguirre o en Bahía Sloggett detrás de Punta Jesse. El Capi prefirió realizar este esfuerzo porque el pronóstico de los días futuros predecía más de lo mismo junto a la necesidad que tenía de arribar a Ushuaia cuanto antes. De ese modo, penosamente, logramos superar la Isla Nueva y el Cabo San Pío, lo que teóricamente ya nos ubica dentro del Beagle y por ende va calmando un poco la marejada, y a la altura de la Picton, a las 2 de la mañana, mojados hasta el espíritu, muertos de cansancio y de frío, nos terminamos metiendo en un fondeadero sobre la costa NE de dicha isla, denominado Banner, que tiene al islote Gardiner cubriendo parcialmente la entrada. Por suerte este fondeadero es muy reparado de casi todos los vientos pero especialmente de los predominantes, y allí pudimos calentarnos con la estufa, secarnos, y descansar hasta el día siguiente.

10- Puerto Banner - Isla PictonA sotavento del Islote Banner, Canal Beagle – Isla Picton

Día 27.

El último día lo utilizamos para remontar el Beagle, con intensos vientos de proa, en un todo de acuerdo al pronóstico, pero con una marejada que ya no tenía nada que ver con la de la noche previa, a veces con motor y apoyo de vela, y a veces, cuando daba, con vela sola, con tiempo muy cambiante pero siempre con mucho frío, a veces sol y a veces completamente cubierto, con pesadas y oscuras nubes que aparecen con mucha rapidez por el Oeste, de llamativos contornos y apariencias, de las cuales, por lo general, se desflecan chubascos. El canal del Beagle es muy variable en el ancho de su espejo, en algunos lugares tiene un tamaño considerable y en otros lugares es muy angosto, y además hay varios pasos sembrados de piedras que hacen que el estar bordejeando se complique bastante.

11- Bordejeando el Beagle113- Bordejeando el Beagle2Bordejeando el Canal Beagle.

Pasado el mediodía, a la altura de Puerto Williams, se nos vinieron encima unas nubes tipo cigarro, bien oscuras y bajas, pero que entre tanta nube no habíamos percibido a tiempo, refrescando violentamente con abundante lluvia, siempre del Oeste, lo que nos hizo acostar bastante en las primeras rachas y nos obligó a buscar refugio en frente, en Puerto Almanza, detrás de Punta Gable, donde está el Frontón que lleva el mismo nombre, esquivando a los criadores de mejillones y sus diversas y complicadas instalaciones flotando en el agua.

DSC00822Puerto Willams sobre el Canal Beagle – Isla Navarino.

Por suerte no rompimos nada y logramos entrar bien, fondeando en un lugar reparado y libre, permaneciendo allí unas escasas tres horas mientras pasaba el violento chubasco, al fin del cual escampó y amainó el viento. Aprovechamos dichas horas para relajarnos y almorzar en este sitio, para luego, después de aclarar con un bellísimo arco iris doble sobre el canal, seguir avanzando con vientos más flojos pero siempre de proa, borde y borde, y a las 2 de la mañana, aproximadamente, arribamos a Ushuaia, bajo un nuevo chubasco de viento y lluvia que nos complicó la maniobra de atraque a último momento.

12- Canal de Beagle - Puerto AlmanzaPuerto Almanza – Canal Beagle.

P1010173Bahía de Ushuaia.

Al arrimarnos en la oscuridad al muelle del AFASYN  (Asociación Fueguina de Actividades Subacuáticas y Náuticas), tuvimos la suerte de encontrar un buen lugar en la punta del mismo, porque realmente estaba todo ocupado y había muchos barcos acoderados unos sobre otros, la mayoría extranjeros y de respetables esloras. Por último cabe agregar que, como ya es costumbre, hemos sido bien recibidos en este club de amigos.