Archive for the '06 – Antropaleontología' Category

05
Oct
09

Ardi y Lucy – En la búsqueda del origen de nuestra especie.

De varias fuentes,

especialmente del diario La Nación de Buenos Aires y

de la revista Science, de la American Association for the Advancement of Science (AAAS).

1254391970291Ardi : Ardipithecus ramidus.

Medía un metro veinte y pesaba unos 50 kilos. Tenía el cuerpo cubierto de pelos. Su cerebro era del tamaño del de un chimpancé. Aunque vivía en un medio boscoso, no se balanceaba entre los árboles ni caminaba sobre sus nudillos como los monos y los gorilas actuales, sino que caminaba erguida y apoyaba sus pies planos sobre la tierra. Se alimentaba de nueces, insectos y pequeños mamíferos que habitaban el bosque.

Ardi, como la bautizaron sus descubridores, ocupa desde hoy el lugar del más antiguo ancestro del linaje humano: habría vivido hace nada menos que 4,4 millones de años.

La reconstrucción de los restos de su esqueleto, extraídos de los sedimentos cercanos al río Awash, en Etiopía, revelan que pertenecía a otro estadio de la evolución que condujo hacia el ser humano y que los científicos llamaron Ardipithecus ramidus.

La novedad se presentó ayer en una conferencia de prensa en Addis Abeba, Etiopía, y hoy se da a conocer con una superproducción de la revista Science, que incluye 11 estudios hechos por 47 científicos de diez países.

Ardi habría precedido por 1,2 millones de años a la célebre Lucy, una Australopithecus afarensis descubierta en 1974.

“Una vez en cada generación, un fósil espectacular revela un capítulo entero de nuestra prehistoria ?escribe Ann Gibbons en un artículo que precede a la presentación de Science?. En 1974, fue el famoso esqueleto de Lucy, de 3,2 millones de años, que probó que nuestros ancestros caminaban erguidos antes de que hubieran desarrollado cerebros grandes.”

“Creíamos que Lucy era el hallazgo del siglo, pero en perspectiva, no lo es”, dice el paleontropólogo Andrew Hill, de la Universidad de Yale, en la presentación de Science .

Ardi vivió mucho antes y muestra rasgos más primitivos que sus descendientes, los Australopithecus, como Lucy. De hecho, según revelan las investigaciones realizadas en silencio durante 15 años por Tim White, de la Universidad de California en Berkeley, codirector del grupo de investigación del Awash medio, que descubrió y analizó los fósiles, y otros equipos en distintas universidades del mundo, Ardi exhibe un mosaico de rasgos ancestrales y otros más “modernos”. Estas características la diferencian bien de los actuales primates, lo que indica que en ese momento la rama humana ya había divergido de la que conduciría a los chimpancés, los gorilas y los bonobos.

“Desde el descubrimiento de Lucy, los científicos se habían preguntado cómo habían sido los más tempranos miembros de la familia humana -dice Gibbons-. Si caminaban erguidos como Lucy, o en sus nudillos como los chimpancés y los gorilas. Si se balanceaban de árbol en árbol o se aventuraban en la sabana.”

“Hemos visto al ancestro, y no es como los chimpancés”, agregó Tim White.

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Un tesoro único

Ardi es el más completo de los especímenes tempranos que hayan podido reconstruirse. Los Ardipithecus habrían vivido hace entre seis y cuatro millones de años y habrían sido reemplazados por los Australopithecus, que habrían vivido hasta hace unos dos millones de años y habrían precedido al género Homo, al que pertenecemos.

Es uno de más o menos media docena que se hayan recuperado de hace más de un millón de años, y el único publicado más antiguo que Lucy.

Hubo otros descubrimientos, entre los que figuraron piezas de hace más de seis millones de años, como Toumaï, el cráneo de un Sahelanthropus desenterrado en Chad, el fémur del Hombre del Milenio, de Kenia, pero con tan pocas piezas que las conclusiones que podían sacarse de esos hallazgos no eran nada definitivas.

En este caso, después de años y años de un trabajo arduo y meticuloso, gran parte del cual debió hacerse en el Museo Nacional de Addis Abeba y bajo el microscopio, los científicos pudieron reunir unas 110 piezas correspondientes a 35 individuos.

La primera señal de que habían dado con algo potencialmente valioso la tuvo Gen Suwa, un ex estudiante de White que ahora es paleoantropólogo de la Universidad de Tokio, el 17 de diciembre de 1992: fue el brillo de un molar contra el suelo calcáreo.

En los días siguientes, el equipo rastrilló el suelo en cuatro patas, como siempre que aparece una pieza importante, y encontraron parte de la mandíbula inferior de un niño y otras piezas. Se necesitaron tres campañas de búsqueda para que, en noviembre de 1994, cuando los cazadores de fósiles se arrastraban en las barrancas, el estudiante graduado Yohannes Haile-Selassie, de Etiopía, que ahora es paleoantropólogo del Museo de Cleveland, en Ohio, viera dos piezas de una pelvis, la pierna, el tobillo y huesos del pie, muchos de los huesos de la mano y el brazo, una quijada con huesos y un cráneo.

“En enero de 1995, era evidente que habían hecho el más excepcional de los hallazgos, un esqueleto parcial”, cuenta Gibbons.

Rápidamente, los investigadores se dieron cuenta de que el tesoro era algo único, por lo que White decidió no publicar nada aunque durante todo este tiempo se daban a conocer otros hallazgos. Así armaron gran parte de su cráneo y sus dientes, la pelvis, las manos y los pies que, según los autores, revelan una forma “intermedia” de posición erecta, considerada una marca distintiva de los homínidos. Aparentemente, Ardi alternaba la posición erguida con una gran facilidad para trepar a los árboles.

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Controversias

“Aunque esta especie probablemente vivió poco tiempo después del amanecer de la humanidad, no era una forma de transición entre los primates de Africa y los humanos”, dice Gibbons. En lugar de eso, el esqueleto y piezas de por lo menos 35 individuos más revelan un nuevo tipo de homínido temprano que no era ni chimpancé ni humano. Estos fósiles “muestran por primera vez que hay un nuevo grado evolutivo de homínido que no es Australopithecus ni Homo”, afirma el paleontólogo Michel Brunet, del College de France, en París.

“Este es un trabajo impresionante y una reconstrucción extraordinaria. Valió la pena esperar”, agrega el paleoantropólogo David Pilbeam, de la Universidad de Harvard. Aunque también subraya que no coincide con algunas de las conclusiones, incluyendo la que asegura que los ancestros humanos nunca pasaron por una fase tipo chimpancé.

Otros científicos tampoco están convencidos de que haya caminado en posición exactamente erguida, porque el esqueleto inferior es tan primitivo que no admitiría esa posición.

Y hay otros que disienten en la conjetura de uno de los autores, el doctor Owen Lovejoy, de que estos homínidos tenían un sistema social que involucraba menos competencia entre machos, lo que llevaría a creer que podría atribuírseles el comienzo de los lazos entre machos y hembras.

En lo que todos coinciden es que los estudios componen un trabajo monumental, que hicieron que valiera la pena esperar.

Como dijo el doctor Hill a The New York Times : “Son siempre los nuevos especímenes, particularmente lo de períodos de tiempo poco conocidos, los que provocan los cambios más grandes en nuestras ideas.”

Hasta ahora, se creía que Lucy, el esqueleto de 3,2 millones de años desenterrado en Etiopía en 1974 era el primer fósil de ancestro humano del mundo. Pero el hallazgo de una estructura ósea femenina apodada “Ardi” (Ardipithecus ramidus) de 4,4 millones de años, no solo la situaría como el fósil más antiguo, sino también echa por tierra ideas afianzadas sobre la primera evolución de los humanos y cómo llegaron a caminar erguidos.

“Este es el esqueleto homínido (especies fósiles más cercanas a los humanos que a los monos) más antiguo de la Tierra”, indicó el profesor de biología de la Universidad de Berkeley, Estados Unidos, Tim White, y uno de los 70 científicos que participaron del trabajo publicado en la revista Science.

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Erguida, sobre los dos pies.

Según especificó White en un comunicado oficial de la mencionada casa de estudios, Ardi no era ni primate ni humana. Con una estatura cercana al metro y veinte y casi 50 kilos de peso, el tamaño de su cerebro se asemeja al de los chimpancés actuales –un quinto del de los Homo sapiens–. El poco parecido que esta criatura tiene con los monos y los humanos modernos, demostraría que ambas especies han evolucionado significativamente desde su separación hace seis millones de años atrás.

A través de los análisis realizados a los huesos de los pies, piernas y pelvis de la criatura, los científicos concluyeron que ésta caminaba en dos pies, pese a que éstos eran planos y probablemente, incapaces de caminar o correr distancias largas. Asimismo, se piensa que al trepar árboles no empelaba sus nudillos como los gorilas, sino la palma de sus manos, algo que los simios todavía no pueden hacer.

De acuerdo al académico de Berkeley, Lucy –la sucesora de Ardi– estaba más adaptada a caminar en el suelo, lo que indicaría que “los homínidos se volvieron esencialmente terrestres solo en la era Australopitecus de la evolución”, concluyó.

ardipithecus_skull

Representación digital del cráneo y la madíbula de Ardi (Ardipithecus ramidus).

(A to D) The ARA-VP-6/500 and downscaled ARA-VP-1/500 composite reconstruction in inferior, superior, lateral, and anterior views (in Frankfurt horizontal orientation).

(E) Individual pieces of the digital reconstruction in different colors. Note the steep clivus plane intersecting the cranial vault on the frontal squama (as in Sts 5 and not apes).

(F and G) Lateral and superior views of the ARA-VP-1/401 mandible (cast).

(H and I) Lateral and superior views of the ARA-VP-6/500 left mandibular corpus with dentition.

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Pelvis original y reconstruída del esqueleto parcial de Ardi.  02 October 2009 issue of Science. The study, by Dr. C. Owen Lovejoy of Kent State University and colleagues, is titled, “The Pelvis and Femur of Ardipithecus ramidus: The Emergence of Upright Walking.”

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Preguntas y Respuestas.

¿Dónde encontraron los restos de este nuevo ancestro de la rama evolutiva del ser humano?

Los restos de Ardipithecus ramidus fueron descubiertos en sedimentos expuestos en las barrancas que bordean el río Awash, en Etiopía. El sitio está a 225 kilómetros nordeste de Addis Abeba y a 73 kilómetros al sur de Hadar, donde Donald Johanson descubrió a Lucy en 1974. La geología local y los fósiles asociados ofrecen información crítica sobre su antigüedad y su hábitat.

¿Cuántas piezas se recuperaron?

Un esqueleto parcial y 110 restos correspondientes a 35 individuos, además de 150.000 fósiles pertenecientes a plantas y animales que permitieron identificar 6000 especímenes de vertebrados y catalogar las especies animales que habitaban en la zona.

¿Cómo era su medio ambiente?

Vivía en un área predominantemente húmeda y boscosa, lo que sugiere que la anatomía y comportamiento de los homínidos tempranos no evolucionaron en respuesta a la sabana, sino que parecen haberse originado y persistido en ambientes más cerrados hasta la emergencia del Australopithecus , más agresivo desde el punto de vista ecológico.

¿Cómo lograron excavarlo?

Según afirma la revista Science, los científicos encontraron un molar en 1992. Después de tres años de campaña habían encontrado tantas piezas y fósiles animales y vegetales y se dieron cuenta de que estaban frente al hallazgo de una vida. Pero la euforia se vio opacada porque las piezas se rompían cuando las tocaban. Entonces decidieron remover bloques enteros de roca y llevarlos al Museo Nacional de Addis Abeba para seguir extrayéndolas con pinceles e instrumentos odontológicos.

¿Cuáles son sus rasgos distintivos?

Su mandíbula inferior es menos protuberante que la de un chimpancé y carece de los incisivos filosos de estos últimos. La base craneal es corta, lo que indica que su cabeza se balanceaba sobre la espina dorsal como en otras especies que caminaban erguidas más tarde. Su cara está en posición más vertical que las de los chimpancés. La combinación de rasgos faciales se parece a un cráneo que tiene unos seis o siete millones de años de antigüedad, descubierto en el Chad, y sugieren que ambos representan un estadio temprano de la evolución humana, diferente tanto de los Australopithecus como los de los chimpancés.

¿Cómo concluyen que caminaba en posición erguida?

?Lo deducen de la forma de su pelvis y de sus pies, que tienen adaptaciones especiales. Estos rasgos anatómicos soprendieron a los científicos. Hasta el descubrimiento del Ardipithecus ramidus, se creía que nuestro pie había evolucionado de uno similar a los de los modernos primates africanos. Ardi ofrece una nueva perspectiva a esta antigua controversia. El esqueleto parcial preserva la mayor parte del pie y muestra que ninguno de los cambios del pie de los monos estaba presente en el último ancestro común de hombres y primates. Todavía tenía un pulgar oponible, lo que hacía su andar erecto comparativamente primitivo. Sin embargo, era un extraño mosaico que le permitía tanto caminar erguido como subirse a los árboles.

¿Dónde encontraron los restos de este nuevo ancestro de la rama evolutiva del ser humano?

Los restos de Ardipithecus ramidus fueron descubiertos en sedimentos expuestos en las barrancas que bordean el río Awash, en Etiopía. El sitio está a 225 kilómetros nordeste de Addis Abeba y a 73 kilómetros al sur de Hadar, donde Donald Johanson descubrió a Lucy en 1974. La geología local y los fósiles asociados ofrecen información crítica sobre su antigüedad y su hábitat.

¿Cuántas piezas se recuperaron?

Un esqueleto parcial y 110 restos correspondientes a 35 individuos, además de 150.000 fósiles pertenecientes a plantas y animales que permitieron identificar 6000 especímenes de vertebrados y catalogar las especies animales que habitaban en la zona.

¿Cómo era su medio ambiente?

Vivía en un área predominantemente húmeda y boscosa, lo que sugiere que la anatomía y comportamiento de los homínidos tempranos no evolucionaron en respuesta a la sabana, sino que parecen haberse originado y persistido en ambientes más cerrados hasta la emergencia del Australopithecus , más agresivo desde el punto de vista ecológico.

¿Cómo lograron excavarlo?

Según afirma la revista Science, los científicos encontraron un molar en 1992. Después de tres años de campaña habían encontrado tantas piezas y fósiles animales y vegetales y se dieron cuenta de que estaban frente al hallazgo de una vida. Pero la euforia se vio opacada porque las piezas se rompían cuando las tocaban. Entonces decidieron remover bloques enteros de roca y llevarlos al Museo Nacional de Addis Abeba para seguir extrayéndolas con pinceles e instrumentos odontológicos.

¿Cuáles son sus rasgos distintivos?

Su mandíbula inferior es menos protuberante que la de un chimpancé y carece de los incisivos filosos de estos últimos. La base craneal es corta, lo que indica que su cabeza se balanceaba sobre la espina dorsal como en otras especies que caminaban erguidas más tarde. Su cara está en posición más vertical que las de los chimpancés. La combinación de rasgos faciales se parece a un cráneo que tiene unos seis o siete millones de años de antigüedad, descubierto en el Chad, y sugieren que ambos representan un estadio temprano de la evolución humana, diferente tanto de los Australopithecus como los de los chimpancés.

¿Cómo concluyen que caminaba en posición erguida?

Lo deducen de la forma de su pelvis y de sus pies, que tienen adaptaciones especiales. Estos rasgos anatómicos soprendieron a los científicos. Hasta el descubrimiento del Ardipithecus ramidus, se creía que nuestro pie había evolucionado de uno similar a los de los modernos primates africanos. Ardi ofrece una nueva perspectiva a esta antigua controversia. El esqueleto parcial preserva la mayor parte del pie y muestra que ninguno de los cambios del pie de los monos estaba presente en el último ancestro común de hombres y primates. Todavía tenía un pulgar oponible, lo que hacía su andar erecto comparativamente primitivo. Sin embargo, era un extraño mosaico que le permitía tanto caminar erguido como subirse a los árboles.

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Imágen digitalizada del Pie del esqueleto parcial de Ardi. 02 October 2009 issue of Science. The study, by Dr. C. Owen Lovejoy of Kent State University and colleagues, is titled, “Combining Prehension and Propulsion: The Foot of Ardipithecus ramidus.”

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Imagen digitalizada de la Mano del esqueleto parcial de Ardi. 02 October 2009 issue of Science. The study, by Dr. C. Owen Lovejoy of Kent State University and colleagues, is titled, “Careful Climbing in the Miocene: The Forelimbs of Ardipithecus ramidus and Humans Are Primitive.”

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Los caninos de Ardi revelan su monogamia,

y que eran unos seres tranquilos

“Si consultas a alguien por la calle cual es el homínido más antiguo te dirá Lucy, y si le preguntas qué había antes contestará que algo parecido a los chimpancés. El descubrimiento de Ardi contradice ambas respuestas”, dijo Tim White, durante la conferencia de prensa a la que asistí el jueves en la sede de la AAAS en Washington DC.

Minutos después, una periodista le preguntó sobre la capacidad de caminar erguido de Ardi a pesar de no vivir en la sabana. White contestó “la ciencia avanza formulando hipótesis y buscando evidencias que la refuten o confirmen. Ardi también demuestra que la teoría según la cual el bipedismo se originó como adaptación a la sabana, es falsa”.

Ardi es un millón de años anterior a Lucy, empezó a caminar a dos patas a pesar de vivir en un entorno arborícola, y siendo tan diferente a los monos actuales demuestra que, al contrario de lo que se pensaba, nuestro ancestro común no se parecía en absoluto a chimpancés o gorilas. Estos son los tres hallazgos principales del fósil descubierto hace 15 años y presentado esta semana en la revista Science, del que seguro ya habréis oído hablar en todos los medios .

Pero la historia no termina aquí. Ardi, los 11 artículos publicados en Science, y la avalancha de datos que han estado acumulando los investigadores, dará mucho juego.

Por ejemplo, cuando le tocó hablar a Owen Lovejoy, dedicó gran parte de su intervención a hablar de los dientes de Ardi y las pistas que nos dan sobre su conducta social.

Todos los machos de primates menos nosotros tienen caninos grandes y afilados. Los utilizan para pelearse y solucionar conflictos, especialmente a la hora de competir por el apareamiento. Nosotros hacemos lo mismo de manera muy diferente. ¿desde cuando? Durante mucho tiempo se pensó que el desarrollo de herramientas y armas hacía innecesarios los caninos, pero cuando se vio que Australopithecus como Lucy ya tenían caninos pequeños se empezaron a explorar otras explicaciones.

Ardi y el resto de fósiles encontrados de Ardipithecus, tanto machos como hembras, también tenían los caninos pequeños y no afilados. La explicación de Owen Lovejoy es que los primeros homínidos enseguida empezaron a formar grupos sociales más pacíficos, con relaciones monógamas para favorecer el cuidado de las crías, y los caninos poderosos dejaron de ser necesarios para competir po el apareamiento. Es más, las hembras empezaron a seleccionar machos menos agresivos y promiscuos para asegurarse un cuidado parental, con lo que el rasgo “dientes masculinos pequeños” quedó favorecido por la selección sexual. Lovejoy enlaza esta hipótesis con el bipedismo, y dice que dicho cuidado paterno podía implicar ir a recoger comida en el bosque y llevarla en sus brazos a la familia.

Ésta es la interpretación de Lovejoy al inesperado descubrimiento de que un homínido tan antiguo ya tuviera caninos diferentes a todo el resto de primates.

Cuando terminó la rueda de prensa me acerqué a Lovejoy para preguntarle si estaba muy convencido de ello, y si creía que –como era tan habitual en el especulativo mundo de la paleontología- sus colegas estarían de acuerdo con él o defenderían la teoría que sustente el fósil encontrado por ellos.

Lovejoy: “Oooh… en antropología siempre hay controversia. Pero hemos acumulado muchos datos y de manera tremendamente meticulosa. Intentamos ponerlo difícil a los que quieran contradecirnos. Respecto a los caninos… lo que su ausencia nos muestra claramente es que esos homínidos no luchaban tanto entre ellos, y por tanto su organización social debía basarse en la cooperación. Esto podría haber sentado la base evolutiva del crecimiento del cerebro. Los machos invertían menos energías combatiendo y más cuidando a las crías”

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Ardipithecus ramidus is considered to be the earliest member of the Hominoidea family, this is because it is the most ape-like hominid known. The initail fossils of this species were found in the Middle Awash area of Ethiopia. Total seventeen fossil fragments were found including, two skull bases, a child’s mandible, teeth, and arm bones. The fossils were found by a research team headed by Dr. Timothy White, Professor of Anthropology at the University of California, Berkely, in 1992 and 1993.

In 1994 more fossils were also recovered in Ehtiopia, close to the original site. Total 90 fragments where found, which accumulated to be about 45 percent of the total skeleton. Included in these fragments were pieces of the pelvis, ankle, feet, and leg. This find still awaits official anylisis to draw conclusive evidence on whether or not Ardipithicus was bipedal, even though the foramen magnum and leg fragments initially indicate this species was bipedal.

Ardipithecus ramidus is dated to about 4.4 million years ago, and displays a combination of human-like and chimp-like features. First, the teeth of Ardipithecus has thiner enamal, which more closely resembles that of a gorilla or chimp. The canines are smaller than that of a chimp, but are still larger than that of later hominids. The molars are also relativly small and ape shaped. Second, the foramen magnum is more forward in position when compaired to that of apes. This indicates a progression towards bipedalism if not bipedalism itself. Third the arm structure of Ardipithecus ramidus is an intermediate between the great apes and later members of the hominid line.

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This introduction has been a long time coming. Some 4.4 million years ago, a hominid now known as Ardipithecus ramidus lived in what were then forests in Ethiopia. Fifteen years ago, Tim White of Berkeley and a team of Ethiopian and American scientists published the first account of Ardipithecus, which they had just discovered. But it was just a preliminary report, and White promised more details later, once he and his colleagues had carefully prepared and analyzed all the fossils they had unearthed. “Later,” it turned out, meant 15 years.

I’ve mentioned before how unfashionable this slow-cooked style of science can be. But sometimes, it’s the only way to do things right. Getting clues about HIV by observing sick chimpanzees in the wild takes years.  And so does reconstructing a fossil–particularly one as delicate as Ardipithecus happened to be. Today, the journal Science has handed many of its pages over to White and his colleagues, who have filled them with lots of details about Ardipithecus, plus a couple excellent articles by writer Ann Gibbons. Ardipithecus has gone from being an enigmatic collection of bones to a new touchstone for our early hominid ancestors.

To appreciate the importance of this new look of Ardipithecus, you have to step back into the history of hunting for hominid fossils. In the early 1970s, Tim White was part of a research team that found what was, at the time, the oldest hominid known: a 3.2 million year old fossil of Australopithecus afarensis. What made their discovery particularly spectacular was that they found a fair amount of a single A. afarensis individual, whom they named Lucy.

Combined with other A. afarensis fossils, paleonthropologists got a pretty decent picture of what hominids looked like. Lucy was a chimpanzee-sized ape with a brain that was only a little bigger than a chimp’s. She still had long arms and curving hands and other traits hinting that she could still climb in trees. But she also had feet with stiff, forward-facing toes, an adaptation for walking on the ground.

So things stood for about 20 years. But then, with the discovery of Ardipithecus and a few other hominid fossils, the record of our ancestry got pushed back millions of years. The oldest fossil that’s been identified as a hominid, Sahelanthropus tschadensis, dates back between 6 and 7 million years old. But scientists have only found pieces of the Sahelanthropus skull. Another species, Orrorin tugenensis, is 6 million years old; it’s represented by little more than a leg bone.

Scientists have learned a lot from these pre-Lucy hominid fossils, but before now they weren’t able to make very detailed reconstructions of these creatures. Only about halfway along the journey from the first hominids to us did hominids come into full-bodied focus.

At first, Ardipithecus ramidus was yet another scrappy pre-Lucy fossil. The first report offered details about part of a 4.4 million-year-old jaw bone–a remarkable jaw bone, but just a jaw bone nonetheless. Soon after, White’s team found more fossil bones, from the hominid’s hand, skull, pelvis, feet, and on and on–110 pieces all told. But finding these pieces was just the start of the team’s labors. They picked away at the bits of rocks surrounding the fragile bits of fossils. They used a computer to manipulate CT-scans of the fossils to figure out how crushed fragments had originally fit together as a skull or a pelvis.

All this happened in strict secrecy. Some of us science writers knew a little about what the scientists were up to, but we could only guess when they’d finally finish working on the fossil. Sometimes when I’d speak to White, I’d inquire, and he’d politely say he wasn’t done yet.

Looking at the papers out today in Science, you can see that they’ve been very busy. I won’t even try to offer an all-encompassing account of their new results. In many cases, it wouldn’t actually be worth the effort, because these papers are just the first salvo in what will be a fascinating debate about how our ancestors evolved. I was speaking to University of Wisconsin paleoanthropologist John Hawks yesterday on another subject, and he was giddy about the papers’ imminent publication. “Tomorrow’s Christmas!” he said. (His young son overheard him on the phone and got very excited and confused. I had to give Hawks a few minutes  to explain the nature of metaphor. Not sure how well that went over.)

For now, I’ll point out a few of the results on Ardipithecus that are particularly intriguing.

Nice Guys With Little Teeth

Those of you reading this post that have a Y chromosome have canine teeth that are about the same size as those of my XX readers. The same rule applies to the teeth of some other primate species. But in still other species, the males have much bigger canines than the females. The difference corresponds fairly well to the kind of social lives these primates have. Big canines are a sign of intense competition between males. Canine teeth in some primate species get honed into sharp daggers that males can use as weapons in battles for territory and for the opportunity to mate with females.

Men have stubby canines, which many scientists take as a sign that the competition between males became less intense in our hominid lineage. That was likely due to a shift in family life. Male chimpanzees compete with each other to mate with females, but they don’t help with the kids when they’re born. Humans form long-term bonds, with fathers helping mothers by, for example, getting more food for the kids to eat. There’s still male-male competition in our lineage, but it’s a lot less intense than in other species.

White and his colleagues  found so many teeth of different Ardipithecus individuals that they could compare male and female canines with some confidence. The male teeth turn out to be surprisingly blunted. This result suggests that hominids shifted away from a typical ape social structure early in our ancestry. If this was a result of males forming long-term bonds with females and helping raise young, this shift was able to occur while hominids were still living a very ape-like life. Ardipithecus existed about 2 million years before the oldest evidence of stone tools, suggesting that technology was not the trigger for the evolution of nice hominid guys.

Walking, Of A Sort; And Climbing, Of A Sort

C. Owen Lovejoy of Kent State University spearheaded the studies on how Ardipithecus moved. He and his colleagues argue that its pelvis could support its upper body during bipedal walking. It wasn’t a fabulous walker, and was probably a terrible runner. Nevertheless, it had some of the same anchors for muscles that we have on our pelvis, and which chimpanzees and other apes lack. Its pelvis was, in other words, a mosaic. Lucy, we now can see, represents a later step in the journey towards out own walking-adapted anatomy.

Ardipithecus’s feet were mosaics too. The four little toes were adapted for walking on the ground. Yet the big toe was still opposable, much like our thumbs. This sort of big toe helped Ardipithecus move through the trees much more adeptly than Lucy.

But Ardipithecus could not climb through trees as well as, say, chimpanzees. Chimpanzees have lots of adaptations in their arms and shoulders to let them hang from branches and climb vertically up trees with incredible speed. Ardipithecus had hands were not stiffened enough to let them move like chimpanzees. Ardipithecus probably moved carefully through the trees, using its hands and feet all at once to grip branches.

Just a Reminder: We Didn’t Evolve From Chimpanzees

Chimpanzees may be our closest living relatives, but that doesn’t mean that our common ancestor with them looked precisely like a chimp. In fact, a lot of what makes a chimpanzee a chimpanzee evolved after our two lineages split roughly 7 million years ago. Ardipithecus offers strong evidence for the newness of chimps.

Only after our ancestors branched off from chimpanzees, Lovejoy and his colleagues argue, did chimpanzee arms evolve the right shape for swinging through trees. Chimpanzee arms are also adapted for knuckle-walking, while Ardipithecus didn’t have the right anatomy to lean comfortably on their hands. Chimpanzees also have peculiar adaptations in their feet that make them particularly adept in trees. For example, they’re missing a bone found in monkeys and humans, which helps to stiffen our feet. The lack of this bone makes chimpanzee feet even more flexible in trees, but it also makes them worse at walking on the ground. Ardipithecus had that same foot bone we have. This pattern suggests that chimpanzees lost the bone after their split with our ancestors, becoming even better at tree-climbing.

Chimpanzees do still tell us certain things about our ancestry. Our ancestors had chimp-sized brains. They were hairy like chimps and other apes. And like chimps, they didn’t wear jewelry or play the trumpet.

But then again, humans turn out to be a good stand-in for the ancestors of chimpanzees in some ways–now that Ardipithecus has clambered finally into view.

Researchers writing in Science have described Ardipithecus ramidus, a hominid species that lived 4.4 million years ago in what is now Ethiopia.

The last common ancestor shared by humans and chimpanzees is thought to have lived six or more million years ago and Ardipithecus likely shared many of this ancestor’s characteristics. In context, Ardipithecus is more than a million years older than the famous “Lucy” female partial skeleton of Australopithecus afarensis. Until the discovery of the new Ardipithecus remains, the fossil record contained scant evidence of other hominids older than Australopithecus.

Through an analysis of the skull, teeth, pelvis, hands, feet and other bones, the researchers have determined that Ardipithecus had a mix of “primitive” traits, shared with its predecessors, the primates of the Miocene epoch, and “derived” traits, which it shares exclusively with later hominids.

The research in Science offers the first peer-reviewed description of the Ardipithecus fossils, which include a partial skeleton of a female, nicknamed “Ardi.”

Because of its antiquity, Ardipithecus takes us closer to the still-elusive last common ancestor. However, many of its traits do not appear in modern-day African apes. One surprising conclusion, therefore, is that it is likely that the African apes have evolved extensively since we shared that last common ancestor, which thus makes living chimpanzees and gorillas poor models for the last common ancestor and for understanding our own evolution since that time.

“In Ardipithecus we have an unspecialized form that hasn’t evolved very far in the direction of Australopithecus. So when you go from head to toe, you’re seeing a mosaic creature, that is neither chimpanzee, nor is it human. It is Ardipithecus,” said Tim White of the University of California Berkeley, who is one of the lead authors of the research.

“With such a complete skeleton, and with so many other individuals of the same species at the same time horizon, we can really understand the biology of this hominid,” said Gen Suwa of the University of Tokyo, Project paleoanthropologist and also a lead Science author.

The special collection of Science articles begins with an overview paper that summarizes the main findings of this research effort. In this article, White and his coauthors introduce their discovery of over 110 Ardipithecus specimens including a partial skeleton with much of the skull, hands, feet, limbs and pelvis. This individual, “Ardi,” was a female who weighed about 50 kilograms and stood about 120 centimeters tall.

Until now, researchers have generally assumed that chimpanzees, gorillas and other modern African apes have retained many of the traits of the last ancestor they shared with humans – in other words, this presumed ancestor was thought to be much more chimpanzee-like than human-like. For example, it would have been adapted for swinging and hanging from tree branches, and perhaps walked on its knuckles while on the ground.

Ardipithecus challenges these assumptions, however. These hominids appear to have lived in a woodland environment, where they climbed on all fours along tree branches – as some of the Miocene primates did — and walked, upright, on two legs, while on the ground. They do not appear to have been knuckle-walkers, or to have spent much time swinging and hanging from tree-branches, especially as chimps do. Overall, the findings suggest that hominids and African apes have each followed different evolutionary pathways, and we can no longer consider chimps as “proxies” for our last common ancestor.

“Darwin was very wise on this matter,” said White.

“Darwin said we have to be really careful. The only way we’re really going to know what this last common ancestor looked like is to go and find it. Well, at 4.4 million years ago we found something pretty close to it. And, just like Darwin appreciated, evolution of the ape lineages and the human lineage has been going on independently since the time those lines split, since that last common ancestor we shared,” White said.

The special issue of Science includes an overview article, three articles that describe the environment Ardipithecus inhabited, five that analyze specific parts of Ardipithecus’ anatomy, and two that discuss what this new body of scientific information may imply for human evolution.

Altogether, forty-seven different authors from around the world contributed to the total study of Ardipithecus and its environment. The primary authors are Tim White of the University of California, Berkeley, Berhane Asfaw of Rift Valley Research Service in Addis Ababa, Giday WoldeGabriel of Los Alamos National Laboratory, Gen Suwa of the University of Tokyo, and C. Owen Lovejoy of Kent State University.

“These are the results of a mission to our deep African past,” said WoldeGabriel, who is also Project co-Director and geologist.

This research was funded by the National Science Foundation, the Institute of Geophysics and Planetary Physics of the University of California at Los Alamos National Laboratory (LANL), the Japan Society for the Promotion of Science, and others.

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