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Oct
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Linea del tiempo centrada en la Isla de los Estados, el Canal Beagle y el Cabo de Hornos.

Son innumerables los barcos que, en solitario o en conserva con otros, han navegado en el pasado las aguas australes, especialmente corsarios, loberos y balleneros, de manera que sería imposible, ni remotamente, mencionarlos a todos. Por tal motivo me he limitado en citar solamente los hechos más destacados y relevantes, a mi criterio, que han acaecido en la zona sudoriental de Tierra del Fuego, y que incluyen especialmente el entorno de la Isla de los Estados, el Canal Beagle y el Cabo de Hornos, tratando de que esta lista esté lo más completa posible. Por lo dicho no incluyo acontecimientos que tienen que ver con el Estrecho de Magallanes, las Islas Malvinas o el Continente Antártico, a no ser que estén conectados, de alguna manera, con la zona que nos ocupa. Las fuentes que he consultado son de lo más diversas, nacionales y extranjeras, públicas y privadas, y si bien he tratado de cotejarlas y verificarlas todas, no debe sorprender que algunas difieran de lo que se afirma en otras.

1525 – El mérito del descubrimiento de la extremidad austral del continente sudamericano en 55 grados de latitud sur y cuya importancia todavía no ha sido estimada suficientemente, se debe a Francisco de Hoces, que comandaba la nao “San Lesmes” uno de los barcos que integraba la expedición liderada por García Jofre de Loaysa, al ser arrastrada su nave hacia el sur por un temporal.  En el parte rendido, de Hoces dice que había visto “Finis Terrae”, lo que por latitud y descripción hace pensar que divisó lo que hoy conocemos como el Cabo San Juan, es decir la extremidad oriental de la Isla de los Estados, tras la cual, en dirección al sur, se extiende solamente el mar. Este era un descubrimiento de mucha importancia, pues hubiera dado una pista de que por allí se podía pasar del Océano Atlántico al Pacífico sin entrar en el estrecho de Magallanes, bastante complicado y peligroso debido a las fuertes corrientes. A la sazón no se hizo gran caso del descubrimiento de de Hoces, y él tampoco lo utilizó, pues después del temporal viró nuevamente al norte, y a mediados de febrero se encontró, en la desembocadura del río Santa Cruz, con la nave de Jofre de Loaysa y dos pequeñas embarcaciones, sin volverse a citar el asunto, según consta en el diario que llevaba Andrés de Urdaneta, cronista de la expedición. También es probable que esta subestimación u olvido del descubrimiento se deba al final trágico de la empresa. La flota contaba con siete naves y 450 hombres al zarpar desde La Coruña, La “Santa María de la Victoria”, al mando de Jofre de Loaysa, la “Sancti-Spíritus” al mando de Juan Sebastián de Elcano en calidad de Piloto Mayor de la expedición y segundo jefe, el mismo que había terminado, tres años antes, la primera circunnavegación del globo iniciada por Fernando de Magallanes, la “Anunciada” al mando de Pedro de Vera, la “San Gabriel”, al mando de Rodrigo de Acuña, la “Santa María del Parral”, al mando de Jorge Manrique de Nájera, la “San Lesmes”, al mando de Francisco de Hoces, y el galeón “Santiago”, al mando de Santiago de Guevara. La expedición estuvo signada por la mala suerte, por un lado el escorbuto, que termina inutilizando a la mayor parte de la tripulación, por otro lado el mal tiempo, que no da tregua, estos son los ingredientes principales que hacen que todo termine en un desastre, casi todos los barcos se perdieron. La “San Gabriel” antes de arribar al Estrecho de Magallanes deserta virando para el norte y retornando a Galicia. De Elcano, que se suponía que tenía la experiencia del viaje anterior, se equivocó en la entrada del Estrecho de Magallanes y perdió su nave contra las piedras en donde muere la mayor parte de su tripulación, Jofre de Loaysa, que logra pasar el estrecho de Magallanes, muere antes de que su nave arribara, completamente destartalada, a Filipinas. Francisco de Hoces desapareció con su barco, el “San Lesmes” con toda su tripulación, junto con de Elcano y lo que quedaba de sus hombres, que se habían pasado en parte a este barco al perder el suyo, sin dejar ningún rastro. Otras dos naves desertaron completamente con su tripulación amotinada y según noticias que se registraron posteriormente terminaron en sendos naufragios. Andrés de Urdaneta y Cerain, que con el tiempo se convertiría en militar, cosmógrafo y marino, se había embarcado oficiando de cronista, siendo muy joven, en calidad de ayudante personal de Juan Sebastián de Elcano. Gracias a él, que logra salvarse y regresar a bordo de otros barcos por el Cabo de Buena Esperanza, conocemos la crónica de la expedición con su lamentable desenlace y el hecho del descubrimiento de Francisco de Hoces, que se convierte, si bien involuntariamente, en el primer nauta que, además de vislumbrar el fin del continente, surca las aguas del Atlántico en esas altas latitudes australes, y es debido a ello que en alguna cartografía española el Estrecho de Drake es nombrado Mar de Hoces.

1578 – Después de un azaroso periplo por el Atlántico norte y ecuatorial, Sir Francis Drake, marino, corsario y explorador inglés, decide pasar el invierno en San Julián con su flota remanente de cinco barcos. Viene navegando hacia el sur del continente con el objetivo de pasar al Pacífico para interrumpir el tráfico naval español y atacar dichas posesiones en aquellas tierras. En la primavera austral, después de dejar dos naves en la ría de San Julián por falta de tripulantes, zarpa nuevamente hacia el sur con las tres restantes siguiendo la costa Patagónica. Ingresa luego en el Estrecho de Magallanes perdiendo una nave sobre las piedras y averiando otra que se vuelve a Inglaterra, además de sufrir cuantiosas bajas a mano de los aborígenes. Prosigue con su nave “Pelican” solamente, cuyo nombre cambia en plena navegación por el de “Golden Hind”. A poco de haber salido al Pacífico varios temporales lo empujan hacia el sur, obligándolo a bajar hasta aproximadamente 55 grados de latitud, convirtiéndose, de ese modo involuntario, en el segundo navegante que se asoma a esas altas latitudes, pero al contrario de Francisco de Hoces lo hace del lado del Pacífico. Desde allí vira en redondo para volver a desandar su derrota previa con rumbo norte hasta alcanzar una latitud equivalente a aquella en donde había salido al Pacífico en un comienzo, para luego virar nuevamente al sur recorriendo la costa de los canales e islas fueguinas con el objetivo de encontrar un paso hacia el este, lo que no llega a comprobar en forma efectiva y práctica, ya que al seguir el contorno de tan intrincada costa con sinnúmero de islas e islotes vira nuevamente para el norte remontando el Pacífico. Su extensa derrota posterior, que lo lleva, entre otros, a lugares tan remotos y distantes como el Estrecho de Bering y cuyos detalles sería muy largo de enumerar en este trabajo, lo convierten en el segundo navegante que logra circunnavegar el globo después de Magallanes. A pesar de la extendida creencia que se difundió en el mundo anglosajón, parece altamente dudoso de que Drake haya avistado el grupo de islas que componen el Cabo de Hornos, porque su descripción de las mismas no concuerda con la realidad y algunos de sus tripulantes negaron haber visto un océano abierto que se extendiera hacia el sur, de manera que su afirmación de que allí se terminaba el continente no puede tomarse demasiado en serio. Además hay que tener en cuenta que el primer informe de este viaje se escribe después de conocerse la publicación, en 1618, del viaje cronológico siguiente, que realiza Willhem Schouten, lo cual le quita bastante veracidad en lo referente a este tema.

1616 – El capitán holandés Wilhem Cornelius Schouten, junto a su compañero Jacob Le Maire, hijo del armador que financia la empresa, al mando de la nave “Eendracht”, y su hermano Jan Schouten, al mando del la nave “Hoorn” navegan desde los Países Bajos hacia los mares australes con la misión de encontrar un nuevo paso hacia el Pacífico, al sur de Magallanes. Habiéndose detenido en la ría de Deseado para carenar sus naves y en medio de esos trabajos, se les incendia la “Hoorn” quedando inutilizada para seguir viaje. Continúan navegando hacia el sur con la “Eendracht” avistando las actuales Islas Malvinas, llamándolas “Islas de Sebald de Weert” en honor al nauta holandés que las avistara en 1598, para luego arribar a la boca del Estrecho de Magallanes, el cual dejan por estribor, siguiendo el arrumbamiento de la costa hacia el sur y al sudeste, llegando finalmente a la punta sudoriental de Tierra del Fuego que llaman Tierra de Mauritius de Nassau. En ese momento se dan cuenta que podrían estar ante un nuevo paso hacia el oeste y las tan anheladas regiones de las especies, sin tener que pasar por el medio de los dominios españoles. Ingresan en el mismo, bautizándolo con el nombre de Le Maire, avistando por babor la Isla de los Estados que creen erróneamente parte de la Terra Australis Incognita imaginada por los cartógrafos. Describen esta tierra como “la silueta alargada de una tierra oscura, de montañas afiladas” y la bautizan con el nombre de “Het Staten Land” que quiere decir aproximadamente “Tierra de los Señores  Estados”. El nombre “Het Staten” proviene de la Asamblea o Parlamento que gobernaba a las 7 provincias holandeses, los llamados Países Bajos, que en aquel momento se encontraban en medio de la guerra de los ochenta años, peleando su independencia de la corona de España, por eso la intención original del nombre trasladada al lenguaje moderno debería interpretarse como “Tierra de los Estados de Holanda” o “Tierra de los Países Bajos”. Después de este importantísimo descubrimiento, siguen navegando hacia el sudoeste avistando el grupo de islas que constituyen el Cabo de Hornos, concientes de que estaban descubriendo una nueva ruta al Pacífico, llamándolo Cabo “Hoorn”, en honor a la ciudad natal del capitán Schouten y al nombre de la nave incendiada que habían perdido. En su diario anotan “No tenemos dudas de que estamos navegando el gran Mar del Sur, nos alegramos de haber descubierto un paso desconocido para el hombre”. Por lo dicho le toca a los nautas de esta expedición el honor de ser los primeros en descubrir y darle nombre al Cabo de Hornos e inaugurar el paso del Atlántico hacia el Pacífico, así como los primeros en descubrir y darle nombre al Estrecho de Le Maire y a la Isla de los Estados.

1619 – Durante el verano austral de ese año ingresa en el actual Estrecho de Le Maire la expedición liderada por los hermanos Bartolomé y Gonzalo García del Nodal, junto al cosmógrafo Diego Ramírez de Arellano en su calidad de navegador y piloto en jefe. Llevaban a bordo las cartas recién editadas en los Países Bajos de los descubrimientos de Wilhem Schouten y copias de lo diarios de abordo, además de algunos nautas holandeses. Esta flota había zarpado de Lisboa compuesta por dos barcos, que se construyeron iguales para evitar la diferencia de velocidades, un factor fundamental que tantas veces hizo fracasar otras expediciones. El reino de Portugal estaba, en ese entonces, unido al de España, bajo la corona de Felipe II. Bautizan el actual Estrecho de Le Maire con el nombre de Estrecho de San Vicente, y las semanas subsiguientes fueron utilizadas explorando meticulosamente las costas de Tierra del Fuego y sus islas del sur, incluido el actual Cabo de Hornos, que bautizan con el nombre de Cabo San Ildefonso. Después de una exhaustiva exploración la expedición navega hasta superar los 59 grados de latitud sur, para luego virar nuevamente hacia el norte descubriendo unas islas a las que bautizan con el nombre de Diego Ramirez en 56°30’S. Al no encontrar ninguna tierra adicional en esas latitudes siguen con rumbo noroeste adentrándose en el Pacífico, para después, muy hábilmente, ingresar en el Estrecho de Magallanes desde el oeste, por los canales fueguinos, pasando al Atlántico y regresando a España a mediados de ese mismo año, con todos los hombres a bordo y con una inmensa cantidad de información náutica. Les cabe el honor de ser los segundos en pasar el cabo de hornos, después de Wilhem Schouten, los primeros en circunnavegar la isla grande de Tierra del Fuego, los terceros en pasar el Estrecho de Magallanes, los primeros en avistar y darle nombre a las islas de Diego Ramirez, y los primeros en adentrarse hacia el sur hasta una latitud de casi 60 grados, en lo que hoy se conoce como el Estrecho de Drake, y averiguar que efectivamente no había más tierras en esas latitudes. Como resultado de esta expedición la Casa de Contratación de Indias logra hacerse de un bagaje invaluable de datos y cartas náuticas, que lamentablemente serán mantenidas en secreto durante siglos impidiendo que dichos descubrimientos pasen rápidamente a la cartografía. En los anales de las exploraciones de la Isla Grande de Tierra del Fuego y del Cabo de Hornos, esta expedición es sin duda la más profesional, eficiente y fructífera, que se haya llevado a cabo, particularmente si se consideran los estándares de la época y la zona en que se desarrolla. La realidad es que ninguno de sus antecesores, ni de Hoces, ni Drake, ni Schouten, pasaron los 55 grados de latitud sur y ni siquiera llegaron a avistar las Islas de Diego Ramirez, de manera que para ser justos y honrar la memoria de sus descubridores el Estrecho de Drake debiera haberse bautizado con el nombre de Estrecho de García del Nodal, o más apropiadamente Estrecho de los Nodales. En la costa patagónica argentina existe un lugar que los honra, llamado Bahía de los Nodales, un excelente fondeadero bastante utilizado por los veleros que navegan la derrota hacia y desde Tierra del Fuego, ubicado a unas 14 millas al sur de Puerto Deseado.

1624 – Arriba al estrecho de Le Maire, para luego proseguir al Océano Pacífico por el Cabo de Hornos, una expedición holandesa a las órdenes del almirante Jacobo L’Hermitte, corsario francés convocado por los Países Bajos para hacerse cargo del hostigamiento e invasión de las plazas fuertes españolas en el Perú. La misma había zarpado del puerto de Gorée un año antes, con 11 navíos que llevaban 294 cañones, 1.039 tripulantes y 600 soldados. La expedición permanece en tierras del Estrecho de le Maire durante un mes completo debido a que los vientos contrarios no les permiten avanzar, tiempo en el cual se dedican a explorar aquellas costas de Tierra del Fuego, levantar cartas hidrográficas y recabar noticias sobre los nativos y sus costumbres.

1643 – El almirante holandés Hendrik Brouwer, proveniente de las costas holandesas del Brasil con destino a las costas americanas del Pacífico, explora “Het Staten Land” logrando circunnavegarla, constatando que era de hecho una isla y no una parte de otro continente polar. De esta forma, la Isla de los Estados descripta por Brouwer como “un reducido bastión de roca azotado por el oleaje y los vientos del polo”, aparecería en los años sucesivos en la cartografía marítima como lo que es, una isla separada de Tierra del Fuego por el Estrecho de Le Maire.

1701 – Jacques Gouin de Beauchêne, explorador y navegante francés, dobla el Cabo de Hornos en sentido oeste al este. Dos años antes había cruzado el Estrecho de Magallanes para terminar en el Pacífico explorando las Islas Galápagos, al regresar lo hace por el Cabo de Hornos en el verano de 1701, avistando “una isla muy importante de imponentes cumbres”, seguramente la Isla de los Estados, que bautiza con su nombre.

1703 – William Dampier, nauta inglés, bucanero, corsario y explorador, al mando de su nave “St. George”, y la “Cinque Ports”, al mando de Thomas Stradling, cambiando su derrota varias veces con el objetivo de apresar naves españolas o francesas, pasan en cercanía de las islas de Sebald de Weert cuando un temporal muy severo separa las naves y empuja a la St. George hasta los 60 grados de latitud sur sin avistar tierra alguna, en ese punto viran al nornoroeste, siempre sin avistar tierra alguna, arribando a la isla de Juan Fernandez frente a Chile donde se encuentra nuevamente con la Cinque Ports, que, ante la persistencia de temporales adversos, había recalado en la Isla de los Estados para luego seguir viaje y doblar el Cabo de Hornos.

1706 – El abate Jean Noël Jouin, oriundo de Saint Malo, personaje oscuro y misterioso, que además de religioso, ejerce los roles de navegante, corsario, aventurero, armador y contrabandista, abordo se su navío “Salomón”, avista la extremidad nororiental de la Isla de los Estados, en el verano de 1706, bautizándola con el nombre de “Cabo Saint-Jean” mientras continúa su pasaje hacia el Pacífico, nombre que después se iría generalizando en la cartografía como Cabo San Juan. Cabe aclarar que esta zona austral, sobre la cual España no puede ejercer un control efectivo, ya que le resulta demasiado vasta y lejana, atrae la continua visita de embarcaciones a cargo de variopintos personajes, generalmente en pos de rápidas ganancias, de las que no han quedado registros concretos y detallados. Uno de los puertos más activos en el litoral europeo, en lo que a la actividad de corsarios se refiere, es precisamente Saint Malo.

1704 – Cruza el Estrecho de Le Maire, y avista la Isla de los Estados, para luego superar el Cabo de Hornos hacia el Pacífico, el Padre jesuita Nyell Gaudray-Peree, que parte de Saint Maló junto a sus compañeros Brasle, de Rives y Hebrard con el propósito de introducir la religión cristiana en China. Habiendo perdido las anclas en el Estrecho de Le Maire y en espera del tiempo favorable recorren la costa fueguina.

1712 – Arriba a la zona austral de Tierra del Fuego procedente de Saint Malo, en una misión de comprobación e inteligencia comisionada por los Reyes de España y Francia en conjunto, el teniente coronel del ejército francés Amadeé Francois Freziér, ingeniero, matemático, artillero, espía y explorador, agudo observador y experimentado cartógrafo, embarcado abordo del navío mercante “St. Joseph” como simple pasajero. Ingresa al Estrecho de Le Maire, donde casi zozobra por encontrarse con olas muy escarpadas, para luego explorar toda la región, incluso varios encuentros con aborígenes, a los cuales describen con mucha precisión en su informe “Relation du voyage de la Mer du Sud, aux côtes du Chili, et du Peron, fair pendent les annees, 1712, 1713, et 1714”. Con sus observaciones y estudios llega a determinar la inexactitud de la cartografía relevada por anteriores nautas, especialmente la de Schouten y Brouwer, en particular sobre la Isla de los Estados y el Cabo de Hornos. Después de navegar el Canal Beagle y volver doblando el Cabo de Hornos, definitivamente da por enterrada la idea de una Terra Australis definiéndola como “meras imaginaciones y quimeras”, constatando que ninguna tierra se había encontrado desde los 63 grados sur hacia el norte, entre las longitudes de 55 grados a 80 grados oeste. Sin embargo no descarta la probabilidad de que exista un continente polar, ya que observa gran cantidad de témpanos flotando, que acertadamente remarca, “deben provenir de alguna tierra existente más al sur”.

1719 – Cruzan el Estrecho de Le Maire dos barcos con patentes de corso, el “Succes” comandado por John Clipperton y el “Speedwell” por George Shelvocke, que habían zarpado de Inglaterra con el propósito de asolar las costas del Pacífico. Intensas tormentas retrasan a Shelvocke al cruzar el Le Maire y doblar el Cabo de Hornos, debiendo permanecer un tiempo en la zona. Recién se volverían a reencontrar ambos barcos a los dos años frente a las costas de Chile.

1722 – Después de haber avistado las Islas de Sebald de Weert y bajar por la costa de Tierra del Fuego, dos naves holandesas cruzan el Estrecho de Le Maire, la “Arend” y la “Afrikaansche Galey”, al mando del explorador y marino Jacob Roggeveen. Poco después son sorprendidas por un fuerte temporal que las lleva hasta los 62º 30’ S, en donde creen haber visto tierra, posiblemente las Islas Shetland del Sur. A partir de allí, debido al intenso frío, ponen rumbo al norte, no avistando ningún accidente geográfico posterior hasta arribar a la Isla Mocha frente a Chile. Un año antes habían zarpado de Texel, en los Países Bajos, integrando una flota de tres naves, con el propósito de descubrir “Tierra de Davis o Terra Australis” pero a la altura de Bahía Blanca la tercera nave llamada “Thienhoven” se separa de las otras dos, reencontrándose con el resto de la expedición en la Isla Mocha. Fueron los descubridores de una isla desconocida hasta ese momento a la que llaman Isla de Pascua y los primeros en avistar tierras polares.

1741 – El Comodoro inglés George Anson a bordo del navío “HMS Centurion”, al mando de una escuadra de ocho barcos con la misión de interrumpir el tráfico naval español, especialmente desde y hacia sus posesiones del Pacífico, retornando a Inglaterra desde China, completando de esa manera una circunnavegación del globo, visita la isla y la describe en su diario de a bordo de la siguiente manera : “Solo puedo observar que si Tierra del Fuego presenta un aspecto de desolación, dicha Isla de los Estados la excede por mucho en horror y salvajismo. Parece estar enteramente formada por rocas inaccesibles, sin que haya entre ellas la menor parcela de suelo o tierra vegetal. Las rocas terminan en numerosas cumbres escabrosas que alcanzan prodigiosas alturas, todas ellas cubiertas de nieves perpetuas. Estas rocas quedan muchas veces suspendidas en las más sorprendentes formas, rodeadas por todos lados por terribles precipicios. Los cerros que sostienen estas cumbres están generalmente separados, unos de otros, por angostas hendiduras casi perpendiculares, que llegan hasta la base misma de las rocas mayores, casi hasta el fondo de algunas de ellas, dando a la tierra el aspecto de haber sido resquebrajada por terremotos. Es difícil imaginar nada más salvaje y sombrío que el aspecto de toda esta costa.”

1747 – El Abate Courte de la Blanchardiére, que había zarpado dos años antes desde el puerto de Brest, llega en el otoño austral al Estrecho de le Maire, realiza varias observaciones, entre ellas avista gran cantidad de humo desde la costa patagónica que presume proviene de la erupción de algún lejano volcán. Luego de permanecer un tiempo en la zona debido a los vientos y temporales adversos, sigue viaje hacia el Pacífico doblando el Cabo de Hornos.

1767 – El oficial de la marina británica Philip Carteret al mando del navío “HMS Swallow” emprende una circunnavegación junto con Samuel Wallis a cargo del navío “HMS Dolphin”. Los dos navíos, avistan el fin de la Isla de Tierra del Fuego y las islas al sur del Canal Beagle, entre ellas seguramente las Islas Hermite y Wollaston que componen el archipiélago del Cabo de Hornos, para luego perderse el uno al otro doblando el Cabo. Carteret continua solo descubriendo Mururoa y otras islas del Pacífico regresando en 1769.

1769 – El Captain James Cook durante su primer viaje alrededor del globo, abordo del “Endeavour” se detiene en el sur de Tierra del Fuego, bajando a tierra en Bahía Buen Suceso. Según su bitácora la mayor cantidad de tiempo se utilizó en expediciones enviadas a explorar los alrededores, dentro de territorio aborigen. No hay mención de que se haya avistado la Isla de los Estados, lo que llama la atención ya que desde donde se encontraban, en días de buen tiempo, se distingue la isla perfectamente, con más razón si se tiene en cuenta que algunos de los cerros sobre la costa son bastante altos y se pueden escalar fácilmente. Se realizaron dibujos de la zona y sus gentes, y después de permanecer un mes en la región la expedición zarpó hacia el oeste por el sur del Cabo de Hornos.

1774 – En su segundo viaje, a bordo de la nave “Resolution”, James Cook explora todos los mares australes del mundo en búsqueda de un continente que se suponía existía en esas latitudes, y en esta oportunidad recala en la Isla de los Estados, aunque brevemente. Explora la misma entrando en una bahía un primero de enero, sobre la costa norte, llamándola Bahía de Año Nuevo, de la que confeccionó una carta, y en adición a su relato, registra una cantidad de observaciones y consejos para futuros nautas que quieran navegar el Estrecho de Le Maire. Siempre en pos de su objetivo principal zarpa desde la isla hacia el este en busca de otra isla que tenía noticias que podría existir. A principios de 1775, descubre una isla de tamaño considerable, más grande que la Isla de los Estados, a la que bautiza con el nombre South Georgia.

1785 – Arriba al Estrecho de le Maire, una expedición comandada por Jean-François de Galaup, comte de La Pérouse, oficial francés y explorador, al mando de la fragata “Boussole”, acompañada de la “Astrolabe” bajo el mando de Fleuriot de Langle. Debido al mal tiempo se quedan un tiempo en la zona del sur de Tierra del Fuego que aprovechan para hacer observaciones hidrográficas. Esta expedición había zarpado desde Brest con el objetivo de investigar los gobiernos de las colonias españolas, en Chile, Perú y México, además de confeccionar cartografía y explorar el Pacífico central. Después de doblar el Cabo de Hornos permanecen en las colonias, y recorren una gran parte del Pacífico, terminando en las Islas Salomón donde pierden ambos barcos sobre los arrecifes de coral. Los sobrevivientes son masacrados por los aborígenes y los que logran huir desaparecen. La Pérouse, antes de zarpar hacia Australia, había enviado sus informes a Europa con el “Sirius”, un barco británico.

1787 – Primer registro de una explotación de pieles de lobo y grasa de pingüinos en la Isla de los Estados a cargo del capitán James Colnett, marino, comerciante y explorador inglés, que había navegado con James Cook en su segundo viaje a bordo de la “Resolution”. En esos años, además de explotar las islas extrayendo pieles y grasa de lobos marinos, navega y explora toda la zona austral de Tierra del Fuego a bordo del navío “Rattler”. Dos años después, a lo largo de 1789, se verá involucrado en los sucesos de la bahía Nootka, en lo que hoy es la costa canadiense del Pacífico, al mando del navío “Argonaut”, que casi desembocan en un abierto enfrentamiento bélico entre Inglaterra y España por las posesiones coloniales en América del Norte.

1789 – Llega a Malvinas, procedente de Cadiz, Montevideo y Deseado, una expedición compuesta por dos corbetas “Descubierta” y “Atrevida” liderada por Alessandro Malaspina, noble italiano, oficial naval de la Real Armada Española y explorador, con el objetivo de visitar todas las colonias españolas, en América y Asia, realizando gran cantidad de trabajos de carácter científico y cartográfico. Lo acompañan José Bustamante y Guerra en calidad de segundo al mando, y desde Montevideo se les une la corbeta “Carmen” a cargo del Piloto José de la Peña, por orden del Virrey Loreto, debido a su conocimiento del Sur. De la Peña confecciona un relevamiento del río Santa Cruz y Gallegos encontrándose nuevamente con el resto de la flota, para pasar después el Estrecho de le Maire y doblar el Cabo de Hornos, que exploran en detalle, tanto a la ida hacia el Pacífico, como a la vuelta, dos años después, hacia el Atlántico. Los resultados de este viaje son considerados de mejor calidad que los obtenidos por las expediciones de James Cook, abarcaron prácticamente todas las costas del Pacífico y buena parte de las del Atlántico, pero quedaron sepultados en la burocracia real española, bajo un manto de silencio y misterio, hasta que recién en la segunda mitad del siglo veinte se rescataron del olvido.

1790 – El bergantín americano “Hancock” zarpa desde Boston en un viaje de carácter comercial, en demanda de la costa oeste de Norteamérica, con recalada en “Staten Island”, siguiendo seguramente las indicaciones de alguna de las nuevas y escasas cartas que copiadas a mano se les solía agregar los descubrimientos recientes. Se convierte de tal manera en el precursor de la ruta comercial entre las dos costas de lo que más tarde serían los Estados Unidos. En su bitácora se registra que la tripulación logra recolectar un cargamento cuantioso de pieles en la Isla de los Estados, matando muchos lobos de dos pelos y elefantes de mar, para luego seguir viaje, rodeando el Cabo de Hornos, hacia las Islas de Hawai y la costa oeste de Norte América.

1815 – En la primavera de ese año, doblan el Cabo de Hornos provenientes de Montevideo, la fragata “Hércules”, al mando de Guillermo Brown, y la “Santísima Trinidad”, al mando de su hermano Miguel Brown. Una semana más tarde lo intentarían la goleta “Halcón”, al mando de Hipólito Bouchard, en la que también venía embarcado el joven Tomás Espora en calidad de grumete, y la goleta “Constitución”, al mando de Oliverio Russell. Estas naves forman parte de una escuadra al mando de Guillermo Brown cuyo objetivo es, en el marco de las gestas emancipadoras, luchar contra los bastiones españoles en el Pacífico. Las órdenes son encontrarse en la Isla Mocha, frente a las costas chilenas, donde se establecería un plan de acción. De las cuatro naves la “Hércules” y la “Santísima Trinidad” pasan bien, sin novedades, pero las dos segundas, la “Halcón” y la “Constitución”, se encuentran con un fuerte temporal. Al arribar retrasado al punto de encuentro, Bouchard informa a su comandante que tuvieron que enfrentar un temporal durante diez días, y en ese momento, expresa su opinión de que la goleta “Constitución” seguramente había naufragado.  El hecho es que esta goleta con toda su tripulación a bordo, desaparece sin dejar rastros, nunca más se volvieron a ver, ni la goleta ni ninguno de sus tripulantes.

1816 – Durante las luchas independentistas el Capitán de Navío Hipólito Bouchard vence y se apodera de  la fragata española “Consecuencia”, frente al Callao, que cambia de nombre por el de “La Argentina”. Debido a problemas en el casco decide regresar a Buenos Aires pasando por el sur de Tierra del Fuego, a fin de reparar y poner en condiciones su nave. Al año siguiente zarpa de la Ensenada de Barragán, nuevamente en compañía del joven Tomás Espora, con una derrota que lo llevaría nuevamente al Pacífico pero esta vez por el Cabo de Buena Esperanza, en un viaje que duraría dos años, con el objetivo principal de combatir el comercio español.  A mediados de 1819, después de recobrar una corbeta argentina en las Islas Hawai y pasar por las más variadas peripecias, arriba a las costas chilenas donde, junto con Espora, se termina incorporando a las fuerzas de la expedición libertadora al Perú liderada por el General San Martín, concretándose de esa manera la primera circunnavegación del globo por parte de un barco con bandera argentina.

1819 – Fernando VII de España, en el marco de una anhelada reconquista de las colonias americanas, arma una escuadra reunida con los restos de la otrora incontrastable fuerza naval española, comprando algunos navíos en Rusia con el dinero dado por el trono inglés al trono español como indemnización por la supresión del tráfico de esclavos en América. El estado de los buques rusos era tan lamentable que el emperador Alejandro regaló a la comisión española tres fragatas, además de las adquiridas. Esta escuadra de buques averiados se incorporó a la marina de España en 1819, momento culminante de los aprestos reconquistadores. Pocos meses más tarde queda constituida una división naval con el “San Telmo”, junto al “Alejandro I”, uno de los navíos de 74 cañones comprados a los rusos, y dos fragatas, la mercante “Primorosa Mariana”, que acompañaba como transporte, y la “Prueba”, de 48 bocas de fuego, construida en El Ferrol en 1804. La escuadra, al mando del brigadier Rosendo Porlier y Asteguieta y demás oficiales experimentados, algunos de ellos fogueados en Trafalgar, estaba dotada con 1400 hombres e iba destinada al Perú para reforzar a quienes aún resistían el alzamiento, llevando también dineros para dar alivio a las arcas virreinales prácticamente exhaustas. Acompañaba a Porlier, Don Joaquín Toledo, veterano de la lucha contra los ingleses cuando la invasión de éstos al Río de la Plata en 1806, y hombre muy probado en el mar, que había salvado la vida en varias ocasiones de naufragio. Al llegar a la línea ecuatorial el Alejandro I, debido a la mala calidad de su calafateo, comenzó a hacer agua en cantidad incontrolable para sus bombas de achique, por lo que debió regresar a Cádiz. Las demás naves siguieron en conserva hasta doblar el cabo de Hornos, donde fueron sorprendidas por uno fuerte temporal sufriendo serias averías, el San Telmo con el timón y parte de la jarcia inutilizada quedó al garete, algunos de los demás barcos trataron de prestarle auxilio infructuosamente, perdiendo contacto en 62º de latitud sur y 70º de longitud oeste. Las demás naves quedaron seriamente averiadas y su tripulación presa de enfermedades y desnutrición, de manera que, para suerte de los patriotas americanos, no pudieron presentar combate ninguna de ellas. El brigadier Porlier y 640 tripulantes del San Telmo se consideran desaparecidos en cercanías de la Península Antártica, ya que sus restos fueron encontrados tiempo después por balleneros ingleses activos en la zona.

1822 – Llega a Tierra del Fuego y la zona del Beagle, la expedición naval francesa liderada por Luis-Isidor Duperrey, en el curso de una circunnavegación para estudiar los efectos del magnetismo terrestre. Se dedican a coleccionar muestras botánicas y zoológicas de la Isla de los Estados, Tierra del Fuego y las Malvinas.

1823 – Luis Vernet, comerciante alemán de origen hugonote francés, habiendo descubierto la Isla de los Estados como excelente zona para la explotación de pieles de lobo marino, llega a la misma e instala un aserradero en Bahía Flinders.

1826 – Vernet desembarca en Puerto Soledad, en la isla oriental de Malvinas, con autorización del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, comenzado sus diligencias comerciales en la zona, actividades que también extiende a la Isla de los Estados, explorando detenidamente la isla y estableciendo una lobería en Puerto Hoppner.

1828 – La expedición de la nave “HMS Adventure” y “HMS Beagle”, que después de varios avatares y dos viajes anteriores desde Montevideo al Estrecho de Magallanes, quedan al mando de los Capitanes Philip Parker King y Robert Fitz Roy, arriba finalmente a la zona del Estrecho de Le Maire y el Canal Bragle. En ese viaje, se llevan unos aborígenes Yámanas a Inglaterra para intentar “civilizarlos”, y el teniente Kendal hace un relevamiento completo de la Isla de los Estados, además de una gran parte del sur de Tierra del Fuego y el Cabo de Hornos.

1828 – Henry Foster, oficial naval británico, que había tomado parte en varias expediciones polares anteriores, lidera la expedición inglesa al Atlántico Sur y el continente Antártico, al mando de la nave “HMS Chanticleer” realizando un notable trabajo de relevamiento cartográfico y oceanográfico, incluyendo la Isla de los Estados, las Shetland del Sur y sobre todo la isla Decepción, retornando a Inglaterra en 1831. En esa oportunidad Foster le adjudica un nombre concreto a la mayoría de los accidentes geográficos de la Isla de los Estados los que, por motivos de una rápida divulgación cartográfica, han quedado vigentes hasta nuestros días, como por ejemplo los fiordos Hoppner, Parry, Basil Hall, Cook y Vancouver, la Bahía y el Cabo Colnett, Bahía Blossom, Bahía York, etc.

1829 – Luis Vernet, es nombrado por el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas, Tierra del Fuego e islas adyacentes. En ese tiempo instala un primitivo aserradero en la costa sur de la Isla de los Estados, en Bahía Capitán Cánepa, también en el mismo año levanta algunas casillas precarias en Puerto Cook.

1830 – Visita la Isla de los Estados y el Canal Beagle la primera expedición exploratoria antártica americana, comandada por Benjamín Pendleton, compuesta por tres naves “Seraph”, “Annawan” y “Penguin” que realiza estudios geológicos y biológicos, bajando hasta los 70 grados de latitud sur.

1831 – Se produce el apresamiento y desalojo de Vernet de las Islas Malvinas por la corbeta americana “Lexington”, al mando de Silas Duncan, desde la cual además, cañonean las precarias instalaciones de Puerto Soledad incendiando varias casas.

1832 – El segundo viaje del Capitán Fitz Roy, desde 1830 al 36, al mando de la nave “HMS Beagle”, acompañado del joven naturalista Charles Darwin, arriba a la zona, realizando un gran trabajo de recolección de especies botánicas y zoológicas, así como un trabajo cartográfico realmente impresionante. Entre otras actividades traen devuelta a los nativos Yámanas que se habían llevado en el viaje anterior, menos uno que había muerto de viruela en Inglaterra. La derrota anterior y posterior de esta expedición es bastante conocida y demasiado extensa para ser citada en este resumen. Desde el punto de vista náutico se obtiene, a partir de estos datos juntos a los de la expedición anterior, la célebre primera carta moderna de la parte sudoriental de Tierra del Fuego y todas sus islas adyacentes, denominada “The South-Eastern Part of Tierra del Fuego with Staten Island, Cape Horn and Diego Ramirez Islands. Surveyed by Captain Robert Fitz Roy R.N. and the Officers of H.M.S. Beagle. 1830-1834, Staten Island surveyed in 1828 by E. N. Kendal”, que se puede encontrar en el sitio de internet del National Maritime Museum de Londres.

1832 – El Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata envía la goleta “Sarandí” al mando de José María Pinedo con un nuevo representante, el Mayor Esteban Mestivier, con el objeto de restablecer la autoridad en las Islas Malvinas e instalar una colonia penal en Puerto Soledad. En ese mismo año Mestivier es involucrado en una confusa revuelta o motín y pierde la vida, quedando Pinedo a cargo, en representación de las autoridades de Buenos Aires. Paralelamente a estos acontecimientos los ingleses desembarcan y se instalan en la isla occidental, en su otrora abandonado asentamiento de Port Egmont.

1833 – A comienzos de este año se produce el desalojo de Pinedo de Puerto Soledad por los ingleses, que es obligado a abandonar las Islas Malvinas al mando de su goleta “Sarandí”, lo cual desemboca en la apropiación y ocupación de las islas por parte de Gran Bretaña. A partir de estos acontecimientos quedan truncos todos los proyectos comerciales de Luis Vernet en la zona, incluso su capacidad económica de seguir adelante con la explotación de la Isla de los Estados, lo que conduce a su ruina financiera y de la cual trata de resarcirse reclamando en Buenos Aires, Londres y Nueva York. El Gobernador y Caudillo Juan Manuel de Rosas, siguiendo uno de los métodos más comunes de la época, le cede unas tierras aledañas a lo que hoy se conoce como City Bell, en el sur del gran Buenos Aires, en compensación por la pérdida de bienes y los esfuerzos realizados cuando las islas cayeron en poder de los británicos. Los ingleses, en cambio, solo le compensan el 10% del total de los solicitado en concepto de los caballos que había llevado a Malvinas, y los americanos, autores concretos y primeros de su desalojo, hicieron oídos sordos a sus reclamos.

1847 – Luis Piedrabuena llega por primera vez a la Isla de los Estados, a los 14 años de edad, embarcado en el Pailebote “John E. Davison” de propiedad del Capitán norteamericano Smiley, quien se convertiría con el tiempo en su maestro, amigo y protector.

1847 – Se desencadena la fiebre del oro en California, que duraría unos 10 años hasta 1857 y debido a la cual sobreviene una demanda importante de toda clase de abastecimientos en la costa oeste de Norteamérica, de manera que comienzan a implementarse servicios regulares de costa a costa desde Nueva York a San Francisco, vía el Cabo de Hornos o el estrecho de Magallanes, ya que en ese tiempo no existe el canal de Panamá. Se utilizan entonces los veleros de tipo Clipper, desarrollados a partir de los clippers de Baltimore, un tipo de Schooner que habían llegado a ser muy útil y conocido en la guerra de 1812 y más tarde como barcos de transporte de mercancías. Pocos de estos clippers sobreviven a las adversas condiciones australes y al apuro que les pretenden imprimir sus armadores, una combinación fatal que lleva a perder cuantiosos barcos. La construcción del ferrocarril a través de Panamá en 1857 termina en gran medida con el reino de estos “Cape Horners”, también llamados “Hell Ships”.

1848 – El ex Capitán Allen Gardiner, que deja la armada inglesa para hacerse misionero anglicano, visita la región con la esperanza de civilizar a los indígenas mediante las enseñanzas de la Biblia. Durante 1850 un grupo de indios hostiles termina con la vida de casi todo el grupo en la isla Picton, masacre de la cual a duras penas se logran salvar algunos, que junto al propio Gardiner logran escapar por el Beagle y con el mal tiempo terminan en Puerto Español, en donde mueren de hambre a fines de 1851. Extrayendo las enseñanzas de estos lamentables eventos la “South American Missionary Society” cambia su estrategia y se asienta en Keppel Island (Islote Vigía) en las Malvinas, islas que están libres de aborígenes y desde donde pueden preparar los viajes para intentar asentamientos de futuras misiones indígenas en el sur de Tierra del Fuego.

1849 – Piedrabuena realiza un viaje desde Montevideo hasta Tierra del Fuego, como segundo oficial a los 16 años, para aprovisionar a los misioneros ingleses que se habían instalado en Malvinas. Al año siguiente navega en la goleta “Zerabia” como primer oficial, cargando ganado lanar y vacuno, también para las Islas Malvinas, en esa ocasión llega hasta el continente antártico, además navega toda la zona de los canales fueguinos y conoce a los aborígenes de aquellas latitudes.

1852 – Piedrabuena parte en la búsqueda y encuentra los restos y el diario de la misión de Allen Gardiner en Puerto Español a orillas del Beagle, dos años después recibe del capitán Smiley el mando de la goleta “San Martín” con la que navega hacia Nueva York, donde permanece dos años completando sus conocimientos náuticos en una escuela de marina. En esta academia, a la que accede por influencia de Smiley, obtiene su patente de piloto con notas sobresalientes.

1855 – La ruta por el Cabo de Hornos no se interrumpe, al contrario, solo cambian los destinos de los barcos y el tipo de mercancías, agregándose a los armadores de la costa este de Estados Unidos, los de Europa, para satisfacer la creciente demanda de materias primas que requiere la industria y que provienen de las costas sudamericanas del Pacífico. Esos barcos traen a los puertos de los países centrales, granos, nitratos, salitre, guano, pieles y aceites de animales marinos, en grandes veleros de tres y cuatro mástiles, construidos en su mayoría en Inglaterra, Alemania, Francia y Finlandia, que con el tiempo y hasta bien entrado el siglo 20, siguen evolucionando hasta alcanzar diseños verdaderamente colosales, los famosos “Windjammers”, un término derivado del germano que quiere decir “Gemidores del viento”, verdaderos gigantes de cinco mástiles, como por ejemplo el navío de cinco palos Preussen, construido en 1902 por John C. Tecklenbörg en Geestemünde, que fue el velero sin máquina auxiliar más grande y veloz del mundo. Con una superficie vélica de 5.560 m2 y una eslora de 147 mts., capaz de transportar cerca de 8.000 toneladas de carga. En 1912, los franceses superan esta marca con la construcción del France II, el mayor velero jamás construido en el mundo, 150 mts. de eslora, 17 mts. de manga, cinco mástiles y 6.350 metros cuadrados de superficie vélica. Después de la apertura del canal de Panamá en 1914, y el advenimiento de la propulsión a vapor, los grandes veleros fueron desapareciendo.

1857 – Los misioneros anglicanos transfieren un grupo de indios Yámanas a las Malvinas donde viven permanentemente con la familia del Reverendo Depard. Utilizando esta técnica los misioneros intentan ganar la confianza de estos aborígenes, con el propósito de ser luego aceptados en sus tierras naturales por los demás. De esa manera, poco a poco, les sería posible trasladar la misión a las costas del Canal Beagle. A pesar de estos avances y recaudos para con el trato con los indios, hay algunas masacres adicionales, la más importante en caleta Wulaia, en la costa suroeste de la isla Navarino, perpetrada por un grupo de Yámanas que atacan con garrotes, lanzas, piedras y demás. Excepto el cocinero que se encuentra abordo y que los indios milagrosamente no ejecutan, mueren los 8 integrantes de la misión, perdiéndose además la capilla e instalaciones. Este evento para nuevamente la acción misionera de los anglicanos hasta 1867.

1859 – Piedrabuena iza la bandera nacional en la Isla de los Estados, iniciando su solitaria lucha por la soberanía argentina en aquellos distantes lugares. Con la “Nancy”, remonta el río Santa Cruz y descubre una isla, que bautiza Pavón, donde construye un rancho y deja a tres de sus hombres. Un año después logra comprar esta goleta a su viejo Capitán y amigo Smiley, que después de unos años cambia de nombre por el de “Espora” en honor al comandante Tomás Espora, héroe de las gestas emancipadoras.

1862 – Piedrabuena levanta un refugio en el fiordo Cook, en la costa norte de la Isla de los Estados, para la asistencia de náufragos, en aguas que conoce a la perfección.

1868 – El Congreso Nacional concede a Luis Piedrabuena la propiedad de la Isla de los Estados, en reconocimiento a sus méritos personales, su incansable y efectiva defensa de la soberanía nacional en esos confines, y sus dotes de avezado marino. Además, por sus incuestionables valores humanos que lo llevaron a salvar centenares de náufragos de cuanto barco en apuros encontraba a su paso, es objeto de menciones honoríficas y condecoraciones por parte de los gobiernos de varios países Europeos de aquel tiempo. Anteriormente a dichos eventos Piedra Buena había recibido el grado de Capitán Honorario de la Marina Argentina por parte del Presidente Mitre.\

1868 – Después de una década de la masacre de Caleta Wulaia, los pastores y miembros de la Sociedad Misionera Sudamericana, logran fundar y establecer el primer asentamiento permanente a cargo de personas de origen europeo en el Beagle, a cargo del sacerdote anglicano Waite Hockin Stirling. Esta misión, que se asienta en la Bahía de Ushuaia, permanecerá abierta y activa hasta fines del siglo 19 y recién se cerraría en 1907.

1869 – Después de reunir el necesario apoyo financiero y material para tomar posesión efectiva y comenzar la explotación de su Isla, Luis Piedrabuena navega en el “Espora” hacia el sur y desembarca en lo que hoy se llama Puerto Roca, una bahía bastante abierta y desprotegida, situada en la costa norte, en el centro de la misma, entre los fiordos de Basil Hall y Parry, dejando en ese lugar a cuatro marineros con instrucciones de construir un refugio que sirva de base para el despliegue de sus actividades comerciales, cuyo objetivo era la obtención de pieles y grasa de lobos marinos, así como también el aceite de pingüino a partir de su grasa. En este contexto cabe aclarar que en ese entonces no existía la más mínima conciencia ecológica y menos el criterio actual de preservación de la fauna, en ninguna parte del mundo. Por el contrario, la revolución industrial en marcha, en los países centrales de Europa y en los Estados Unidos, demandaba esas materias primas pagándose por ellas importantes sumas de dinero, promoviendo de esa manera la extinción, a escala global, de muchas especies, tanto en las costas boreales como en las australes. Desde los países con mayor experiencia, conocimiento y recursos náuticos del mundo civilizado, se puso en marcha una verdadera armada para satisfacer la demanda de estos productos, desencadenando una brutal cacería, en la que se masacraron incontables cantidades de animales marinos a fuerza de puro garrote, en todas las regiones polares del planeta.

1871 – El Reverendo Thomas Bridges con su mujer Mary Ann Varder y su hija de solo nueve meses de edad, provenientes de la misión de la isla Keppel en Malvinas, reemplaza al sacerdote Stirling al mando de la misión de Ushuaia. Bridges, hijo adoptivo del Reverendo Depard, habla la lengua Yámana o Yagán aprendidas durante su infancia en la isla Keppel.

1873 – En pleno verano austral, Piedrabuena instala nuevamente su caldera para fundir grasa de pingüinos en Bahía Crossley o en Bahía Franklin, en el lado occidental de la isla, no se sabe con certeza en cual de los dos lugares. De todos modos ambas bahías son contiguas y peligrosas, porque están expuestas a los temporales del tercer y cuarto cuadrante, y su elección, por parte de Piedrabuena, seguramente se haya debido a que allí se encontraban colonias importantes de leones marinos, lobos de dos pelos o pingüinos rey. A poco de instalarse en el lugar, probablemente en Franklin, con el “Espora” fondeado en la bahía, lo sorprende un fuerte temporal en el que se corta un fondeo mientras el otro va destrozando parte de la proa y la obra muerta. Hay que tener en cuenta que esta goleta desplazaba alrededor de 200 toneladas y medía unos 30 metros de eslora. Piedrabuena y sus 7 hombres, ya de noche y con el temporal en franco desarrollo, viendo cómo se estaba rompiendo el barco, deciden largar la cadena con la intención de varar el mismo en la playa, pero en medio de la oscuridad y la falta de respuesta del timón terminan sobre un bajo fondo de piedra. Por suerte logran saltar y llegar nadando a la costa, desde la cual, durante los siguientes tres días, intentan inútilmente rescatar el “Espora” que se iba desintegrando con cada golpe de ola. Pasado el temporal rescatan todo lo que pueden y deciden la construcción de un nuevo barco, con los restos del naufragio y las maderas que pudieran encontrar en la isla. Por suerte contaban con algunos elementos como un par de sierras de distinto tamaño y un par de hachas de mano. El alimento pasó a estar constituido exclusivamente de carne y huevos de pingüinos, el abrigo de pieles de foca, y el refugio de algunas maderas para protegerse contra las inclemencias del tiempo. Después de un mes de duro trabajo durante el cual sus compañeros varias veces intentan rendirse, queda listo el esqueleto de madera de lo que sería un Cutter de entre 11 y 13 metros de eslora por 4 de manga cuyos planos solo se encontraban en la cabeza de Piedrabuena. Del naufragio se utilizan el timón, el mástil, las bombas, las velas, la cabuyería y muchas de las maderas. Con parte de los cabos se confecciona la estopa para el calafateo, y a falta de brea o alquitrán, se utiliza grasa de pingüino. Unos cuatro meses después la primitiva construcción estaba lista, y Piedrabuena la bautiza con el nombre de “Luisito” en recuerdo de su hijo, zarpando hacia Punta Arenas en un azaroso viaje, adonde arriban unos once días después.

1881 – Llega a la isla una Expedición Argentino-Italiana al Polo Sur, apoyada por el Presidente Roca, con el objetivo de relevar y recolectar datos científicos de las costas de Santa Cruz, el Estrecho de Magallanes y la Isla de los Estados. La nave guía de la empresa es la “Cabo de Hornos”, que está al mando del Comandante Piedrabuena. La expedición misma es liderada por Santiago Bove, marino, geógrafo y explorador italiano, que había participado anteriormente en la expedición del sueco Nils Nordenskjöld por el Ártico. Lo acompañan los profesores Carlos Spegazzini, Domingo Lovisato, Decio Vinciguerra y Juan Roncagli, científicos argentinos que llevan una gran cantidad de instrumentos de medición, recolección y ensayo. Todo el equipo permanece en la isla casi dos meses, en una Bahía ubicada sobre la costa norte y en el centro de la isla, que antes se llamaba Rockery Penguin y actualmente se conoce como Puerto Roca, bautizada por Bove en homenaje al presidente argentino que había apoyado la expedición. Se realizan trabajos hidrográficos, procediendo a medir exactamente las alturas montañosas, a investigar la geología, además se escalan algunas montañas realizando dos travesías completas a los fiordos vecinos. Al volver a Punta Arenas Piedrabuena, que no se llevaba para nada bien con Bove, abandona la expedición, y éste último contrata una goleta llamada “San José” en 1882, que antes se conocía con el nombre “Golden West”, con el propósito de seguir adelante por su cuenta. El mando de la goleta es asumido por el capitán Pritchard y la expedición se integra con algunos de los miembros de la anterior expedición, como el geólogo Lovisato y el botánico Spegazzini con toda su parafernalia de instrumentos, los que intentan seguir progresando con sus investigaciones. En el viaje se les suman Thomas Bridges con sus dos hijos y dos Yaganes que embarcan en la misión de Ushuaia, con el fin de servirles de guías para adentrarse en tierras aborígenes. Toda la aventura termina mal, porque los sorprende un temporal del sector sur en Bahía Slogget, sobre la costa argentina en la boca del Canal Beagle, en donde habían fondeado y donde terminaron por perder el barco. En tan adversa situación fueron recogidos y trasladados hasta Punta Arenas en el cutter “Allen Gardiner” de las misiones inglesas. Más tarde el grupo se dirigió hacia el río Santa Cruz, en cuya desembocadura se hallaba la “Cabo de Hornos”, a bordo de la cual retornaron a Buenos Aires, donde arribaron en ese mismo año. La expedición ítalo-argentina, a pesar de algunos contratiempos y el desentendimiento entre las dos personalidades que estuvieron a cargo durante su primera parte, ha sido bastante fructífera, ya que se pudo recolectar mucho material y adquirir un amplio conocimiento sobre la fauna, terrestre y marina, la flora, las mareas y sus corrientes, la estructura geológica, etnografía y meteorología. Sobre todo el trabajo realizado en la Isla de los Estados y el consiguiente conocimiento que se obtiene, se puede catalogar como de excelente. En materia de navegación el relevamiento concluye con indicaciones concretas de donde y con que urgencia se deben instalar faros y balizas, así como las delegaciones y subprefecturas que se consideraban necesarias en los diversos puertos australes.

1882 – Luego del tratado de límites con Chile de 1881, el presidente Roca adopta las primeras medidas para ocupar los grandes espacios vacíos de nuestra zona austral. Entre ellas se resuelve instalar subprefecturas marítimas en Ushuaia e Isla de los Estados, que no solo sirvieran para cumplir esa finalidad, sino también como punto de apoyo a la navegación interoceánica que cruzaba por el cabo de Hornos y el estrecho de Magallanes. En el presupuesto para el año 1883 el Congreso resuelve incluir los medios económicos necesarios para llevar a cabo dicho proyecto.

1882 – En oportunidad de los eventos del “Primer Año Polar Internacional” acordado por las naciones adelantadas del mundo, llega a la zona la expedición francesa a bordo del navío de tres mástiles “Romanche” con máquina auxiliar a vapor, al mando del Capitán de Fragata Louis-Ferdinand Martial. La expedición continua los trabajos de reconocimiento iniciados por Fitz Roy en toda la zona del Beagle, del Cabo de Hornos y los Canales Fueguinos, realizando un cuantioso trabajo hidrográfico, estudiando el comportamiento de las corrientes de marea de la zona, además de realizar un estudio etnográfico de las costumbres de los Yaganes y levantar una casa de madera en Puerto Roca con nueve cuchetas y espacio para cocinar.

1884 – En consecución de los objetivos asumidos por el Gobierno Nacional, llega a Tierra del Fuego la División Expedicionaria del Atlántico Sur, al mando del coronel de marina Augusto Laserre, con una flota integrada por el transporte “Villarino”, el cañonero “Paraná”, el escampavía “Comodoro Py”, la barca “Cabo de Hornos” y los cutters “Patagonia” y “Santa Cruz”. En ese mismo año se deja instalada la subprefectura y el faro de San Juan del Salvamento en la Isla de los Estados. En esa ocasión también se crea en ese lugar el presidio militar, construido por diez penados, sentenciados por delitos comunes y seleccionados para ese trabajo por sus habilidades y oficios, que construyen esas instalaciones al igual que el Faro San Juan del Salvamento, mundialmente conocido como el “Faro del Fin del Mundo”, inmortalizado por Julio Verne en su novela. Una vez terminadas las construcciones, el Presidio alberga una población de más de cincuenta presos, entre las cuales había seis mujeres. El gobierno de entonces tenía la intención de crear una colonia en la Isla, iniciativa que nunca ha sido concretada. Más adelante, en el mismo año, se instala e inaugura la subprefectura de Ushuaia, estando presentes todos los integrantes de la misión y su líder el reverendo Thomas Bridges. En esa ocasión el coronel Laserre le entrega el pabellón nacional a Bridges, y este, arriando el pabellón inglés, procede a izar en su lugar el argentino, considerándose esa fecha como la fundación oficial de la ciudad. En esta expedición llega también Luis Fique que se convertiría en uno de los primeros pobladores argentinos que hecha raíces en Ushuaia, fundando y administrando un comercio de ramos generales con muelle propio, el más importante en su tiempo.

1886 – El reverendo Thomas Bridges, viendo como se van muriendo los aborígenes a causa de los gérmenes traídos por el hombre europeo, especialmente en ocasión de la visita de la expedición de Laserre con la que se disemia el Sarampión en el sur de la isla causando estragos, muriendo casi el 90% de los integrantes indígenas de la misión, decide levantar gran parte de la misma en Ushuaia para trasladarla a un sitio más aislado sobre el Canal Beagle, que hoy se conoce como Estancia o Puerto Harberton. Fueron inmensos los esfuerzos que los misioneros llevaron a cabo para salvar la población aborigen, pero en última instancia todo este sacrificio resultó inútil. El gobierno nacional, en recompensa a los servicios prestados en beneficio del país y la humanidad, y su colosal esfuerzo civilizatorio en el sur de Tierra de Fuego, le cede a la familia Bridges un amplio territorio sobre el Canal Beagle, precisamente alrededor de Puerto Harberton, en la parte sudoriental de Tierra del Fuego, con el fin de instalar allí a los aborígenes que se pudieran salvar. En esa ocasión el reverendo Thomas Bridges es recibido personalmente por el Presidente Roca en la Casa Rosada que, como profundo conocedor del sur y la problemática de los pueblos aborígenes, comprende inmediatamente la extrema importancia del trabajo de Bridges. Su hijo, Lucas Bridges, en su libro “El último confín de la tierra” relata la historia familiar, una verdadera epopeya, lamentablemente poco conocida por la mayoría de los argentinos.

1896 – Llega el explorador sueco Otto Nordenskjöld a la zona del Beagle.

1898 – Viaja en el transporte naval “Villarino”, al mando del teniente de fragata Juan Murúa, el periodista y escritor Roberto J. Payró, columnista del diario La Nación, con el fin de explorar y hacer conocer, para el público de Buenos Aires, los confines de la Patagonia y la Isla Grande de Tierra del Fuego. Sus crónicas primero aparecen en los folletines del diario, para luego plasmarse en la publicación de un libro titulado “La Australia Argentina : excursión periodística a las costas patagónicas, Tierra del Fuego e Isla de los Estados” con un prólogo del Presidente General Bartolomé Mitre. Emprende ese viaje zarpando de Buenos Aires, con un célebre acompañante el Dr. Francisco P. Moreno, perito argentino, y sus ayudantes militares y civiles, junto al coronel Rosario Suárez, un viejo militar, que hizo con singular valor la guerra contra el indio, gran baqueano de la Patagonia y el Río Negro, que van hasta Santa Cruz, punto de arranque de la nueva expedición emprendida por el infatigable hombre público. En ese viaje Payró pasa un mes en la Isla de los Estados, en San Juan del Salvamento, y describe la vida en la subprefectura, en el penal y destacamento. En su libro cuenta su impresión de la isla de la siguiente manera : “Aquel peñón salvaje no es tan inhospitalario como aparece a la imaginación de quien lo ve por vez primera, ni tan temible como lo atestiguan los dramas del mar que se han desarrollado junto a él. A su alrededor, hierve el Atlántico, es cierto, pero su agitación no es tan terrible que haga peligrar a los navíos conducidos por pilotos expertos, que encontrarían en caso necesario y a lo largo de sus costas, abrigos como puerto Hoppner, Parry, Basil Hall, Año Nuevo, Cook, San Juan, Vancouver, refugios más o menos seguros, y algunos de ellos verdaderos lagos, como por ejemplo, Cook. Pero poco se la conoce, y rara vez va uno de nuestros buques a fondear en sus anchos y abrigados puertos, excepción hecha del de San Juan, donde se halla la subprefectura y el presidio. Su fama terrible dura aún, o infunde a los navegantes más que respeto, cuando divisan en lontananza la masa de vapores que la envuelve”.

1899 – Debido a las inclemencias del tiempo se decide trasladar la prisión de San Juan de Salvamento a Puerto Cook, en el fiordo vecino, donde funciona hasta 1902. En un llano cercano a la playa se levanta el edificio se la prisión, junto a un grupo de casas de madera y chapa donde vive el personal militar.

1899 – Los presidentes Federico Errázuriz Echaurren de Chile y Julio Argentino Roca de Argentina se encuentran en Punta Arenas, a bordo de los buques insignia de cada escuadra, y se estrechan la mano, en lo que se recuerda como el “Abrazo del Estrecho”, logrando de esa manera evitar una contienda armada entre las dos naciones, debido a los diferendos de fronteras. Ese acto por si mismo, en el cual no se acuerda ni firma nada, basta para distender la amenaza de guerra que pende sobre los dos países hermanos, poniendo en marcha un mecanismo de diálogo por el cual se posibilitan los acuerdos posteriores, especialmente el acuerdo de 1900 en Buenos Aires y las actas complementarias de 1901, que allanan el terreno para la firma del Tratado de Límites de 1902. Antes de ese encuentro el Gral. Roca aprovecha la ocasión para visitar una gran cantidad de localidades en toda la Patagonia, y después del encuentro recorre el Sur de Tierra del Fuego, embarcado en diversos buques de la armada, visita los canales fueguinos, Ushuaia y el Beagle, ocasión en la cual quiso tomarse el tiempo necesario para visitar a la familia Bridges en Harberton, con el propósito de honrar la memoria de don Tomás que a la sazón ya había fallecido, hombre por el cual sentía una gran estima y con el cual, consideraba, el país siempre estaría en deuda.

1902 – Se pone en servicio el faro de la “Isla Observatorio”, ubicado unas cuatro millas y media al norte de la Isla de los Estados, en reemplazo del de San Juan del Salvamento, en ocasión de la Campaña Antártica Internacional que dio lugar entre 1901 y 1907 a varias expediciones antárticas, de las cuales podemos citar a modo de ejemplo : la alemana con la nave “Gauss” liderada por Erich von Drigalskyi, la inglesa con la “Discovery” al comando de Robert Falcon Scott, la sueca con la “Antarctic” de Otto Nordenskjöld rescatada después por la corbeta argentina “Uruguay”, la noruega con el “Fram” de Roald Amundsen, la británica con la “Nimrod” liderada por Ernest H. Shakelton, entre otros, actividades para las cuales el Gobierno Argentino quería estar a la alturas de las circunstancias siguiendo las sugerencias de los tratados marítimos internacionales. El mismo Nordenskjöld visita la zona nuevamente, y también lo hace el naturalista argentino E. A. Holmberg. En sintonía con lo dicho se pone en marcha, al lado del faro, una estación meteorológica, geofísica y magnética, a fin de facilitar la campaña “en beneficio de la ciencia y la humanidad” cambiando el nombre de esta isla que es parte del archipiélago de Año Nuevo, por el de Isla Observatorio.  El faro, cuya maquinaria original es una verdadera joya de la mecánica, traída de Francia, funciona actualmente con corriente eléctrica alimentada por baterías y paneles solares, encontrándose toda la instalación en un estado de lamentable abandono.

1902 – Una expedición científica del gobierno liderada por Carlos R. Gallardo, investiga el estado del penal militar, haciéndose evidente la necesidad de trasladar definitivamente el presidio desde la Isla de los Estados a Ushuaia. Mientras se realiza este traslado en ese mismo año, un grupo de presos se amotina, y 51 de ellos logran escapar en 3 embarcaciones. La fuga no tuvo mucho éxito, ya que una sola consigue llegar hasta Bahía Thetis, en Tierra del Fuego, mientras que las 2 restantes naufragan en Cabo Colnett. De los 51 prófugos se logran recapturar 39, y de los 12 restantes 7 mueren y sólo 5 escapan definitivamente. Los amotinados son juzgados por un Consejo de Guerra en Buenos Aires y condenados a cumplir nuevas condenas, esta vez en la Prisión de Ushuaia. De la colonia penal de Puerto Cook, hoy sólo quedan unas ruinas de piedra y un pequeño cementerio donde descansan los restos de guardias y presos. Junto con esta expedición permanece en la isla Roberto Dabbene que realiza un relevamiento de historia natural, reuniendo una colección de muestras científicas para el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

1910 – Un poco apartada del resto del cementerio de la antigua prisión en Puerto Cook, existe una tumba rodeada por un cerco de hierro afiligranado. Según la historia, aquí yacen el Capitán Paine y su joven esposa, recién casados, que iban en viaje de bodas cuando su barco, el “Swanilda”, naufragó en el mes de marzo de ese año. Tras el desastre, enterraron a los esposos en este sitio, ella con todo su ajuar de novia.

1911 – Visita la zona del Beagle el Presidente Roque Saenz Peña.

1912 – El sacerdote salesiano Alberto María De Agostini, misionero incansable, explorador y experimentado andinista, profundo conocedor de la geografía fueguina, en particular de la Cordillera Darwin y la Patagonia Andina, visita la Isla de los Estados abordo del transporte “Piedrabuena”, oportunidad en la que relata de la siguiente manera su primera visión del lugar : “Envuelta casi siempre en densos vapores, que invaden las gargantas y cubren en jirones las cumbres de los escarpados cerros, presenta en sí algo inmaterial y misterioso que deja en el alma un profundo sentimiento de temor y de espanto. La isla no es más que un amontonamiento de rocas y de montañas cortadas a pique; ni un trecho de llanura, ni una playa donde pueda arrimarse una nave sin peligro de hacerse añicos contra las rocas. Parece una fortaleza gigantesca e inexpugnable contra la cual combaten inútilmente desde hace siglos el furor de las olas y las iras de los vientos”.

1912 – El Gobierno Nacional compra a los herederos del Comandante Piedrabuena la Isla de los Estados.

1914 – En los primeros días del mes de diciembre, según el testimonio de un buque mercante que se encontraba en la zona, permanece fondeada en el Canal Beagle, sobre la costa norte de la isla Picton, la escuadra imperial alemana del Pacífico al mando del almirante Maximilian Johannes Graf Von Spee, integrada por los cruceros ligeros ”Nueremberg”, “Dresden” y “Leipzig, junto a los cruceros acorazados “Scharnhorst” y “Gneissenau”, más el mercante armado “Seydlitz”, reaprovisionando carbón para sus calderas y aprestándose para afrontar su próximo objetivo, atacar por sorpresa y tomar las Islas Malvinas, plaza que, según sus propios informes de inteligencia, creían desguarnecida. Dicha escuadra acababa de salir victoriosa en la Batalla Naval de Coronel librada a principios del mes anterior frente a las costas de Chile, donde sorprenden y hunden a los acorazados ingleses “HMS Good Hope” y “HMS Monmouth” junto con el comandante de la flota y la totalidad de sus tripulaciones, en total 1.650 hombres, haciendo huir al crucero ligero “HMS Glasgow”, de manera que los ánimos estaban bien entonados como para no perder una oportunidad semejante. En pos del objetivo trazado zarpan directo hacia Puerto Stanley, pasando por el Estrecho de Le Maire, arribando a las inmediaciones del Cabo Pembroke, desde donde divisan, para su sorpresa, varios e inconfundibles mástiles y chimeneas pertenecientes a buques de guerra en el fondo del Willam Sound, o sea en la rada de Port Stanley. La realidad es que los ingleses, en base a sus impecables informes de inteligencia, adivinaron las intenciones de von Spee desde antes que zarparan de los puertos de Chile y le tendieron una trampa, pero casi les fracasa porque no esperaban un ataque tan directo. En Stanley se encontraba una completa fuerza naval, reunida con enorme costo y celeridad a lo largo del último mes, al mando del Vicealmirante Doveton Sturdee, el “HMS Invencible”, el “HMS Inflexible”, el “HMS Bristol”, el “HMS Cornwall”, el “HMS Glasgow”, y el “HMS Kent” junto al crucero auxiliar “HMS Macedonia” a punto de zarpar en misión de patrullaje. Von Spee, al darse cuenta de la trampa en que había caído, queda demasiado impresionado y comete el error de no atacar de inmediato a la flota anclada en puerto, virando en redondo para tratar de escapar. Esa equivocación es inmediatamente aprovechada por la escuadra inglesa, a pesar de que se encontraba reaprovisionando, que logra levar anclas y zarpar a toda máquina en persecución de la alemana, la cual, al ver que le dan alcance y ante lo inevitable, se reagrupa para dar batalla. Los barcos ingleses, superiores en velocidad, alcance y poder de fuego, terminan hundiendo a toda la flota alemana, con excepción del acorazado “Dresden” que logra escapar, pero termina cazado en la Isla de Juan Fernandez en el Pacífico y hundido por su propia tripulación. En esta batalla muy pocos alemanes se salvaron, en total perecen 2.040 hombres junto a sus jefes y oficiales.

1936 – Según Decreto del PEN 78.029 del Presidente Juan B. Justo se establece en su Artículo 1ro.: “Resérvanse con fines de utilidad pública y con destino a las necesidades del Ministerio de Marina, la totalidad de la superficie que constituye la Isla denominada de los Estados e islotes de su litoral, adyacentes, inclusive el grupo de islas de Año Nuevo”.

1957 – El Presidente Pedro E. Aramburu visita Ushuaia y la zona del Beagle.

1960 – El Presidente Arturo Frondizi visita Ushuaia y la zona del Beagle.

1961 – Segunda visita del Presidente Frondizi.

1978 – Se crea el Apostadero Naval de Puerto Parry, durante el conflicto entre Argentina y Chile por las Islas Picton, Nueva y Lennox.  Actualmente es el único sitio poblado en la Isla de los Estados y cumple la función de custodia territorial y asistencia a las embarcaciones que navegan por la zona. El Destacamento, bautizado en honor al Comandante Piedrabuena, es una pequeña construcción de madera, donde una dotación militar de unas 5 personas cumple con una estadía de 45 días.

1982 – Al este de la Isla de los Estados,  a unas 180 millas, durante el mes de mayo de ese año y en pleno conflicto por las Islas Malvinas, navega el crucero argentino “General Belgrano” a máquina reducida, en conserva con los destructores “Piedra Buena” y “Bouchard” y el petrolero de YPF “Puerto Rosales” en espera de órdenes del comando superior. Forma parte del Grupo de Tareas GT 79.3 en calidad de nave capitana, debiéndose mantener en espera en la zona entre los meridianos de Isla de los Estados y el Banco Burdwood, con la misión de interceptar unidades enemigas, actuando en coordinación con otros grupos de tareas. En un momento dado el crucero recibe nuevas órdenes, urgentes y de claro carácter ofensivo. El GT 79.3 se convertiría en uno de los brazos de una maniobra de pinzas contra las fuerzas británicas, desde el sur, mientras que otro grupo de tareas, el GT 79.2, liderado por el portaaviones Veinticinco de Mayo, sería el otro brazo de la maniobra. El GT 79.3 se ubicaría hacia al este y tendría como misión desgastar al enemigo utilizando los misiles MM-38 Exocet transportados por los dos destructores, ocho en total. En el caso del crucero, su función sería la de rematar con sus cañones a los buques británicos dañados. Recibidas las nuevas órdenes y evaluadas las alternativas, la plana mayor del grupo de tareas, presidida por su comandante, decide la entrada a la denominada Zona de Exclusión, el contacto táctico con los buques británicos, rechazo de posibles ataques aéreos y soportar posibles ataques de submarinos nucleares en la zona de operaciones. El GT 79.3 inicia su movimiento hacia la madrugada del 2 de mayo, con un rumbo que lo acercaría a la Task Force británica navegando ya dentro de la zona de exclusión. Debido a problemas en el portaaviones por su baja velocidad y la escasez de viento suficiente en la zona, se retrasa el ataque y horas más tarde vendría la cancelación definitiva del mismo, sorprendiendo al GT 79.3 mientras estaba en pleno movimiento. Se recibe entonces un nuevo mensaje del comando superior ordenando un cambio de las operaciones planificadas con anterioridad, debiendo mantenerse el grupo, de ahí en más, en un área más cercana a la Isla de los Estados en espera de nuevas órdenes. Horas después, a unas 30 millas al sur de la zona de exclusión y por la tarde de ese día, sobrevendría el ataque del submarino británico “HMS Conqueror” que lanza tres torpedos, de los cuales dos impactan en el crucero, hundiéndose y pereciendo 323 tripulantes.

1984 – El presidente Raúl Alfonsin visita Ushuaia y la zona del Beagle.

1991 – Al crearse la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, se sanciona la Constitución de la Provincia, que establece en su Artículo 54: “Declárase a la Isla de los Estados, Isla de Año Nuevo e islotes adyacentes, patrimonio intangible y permanente de todos los fueguinos, “Reserva Provincial Ecológica, Histórica y Turística.”

1995 – La Legislatura Provincial sanciona la Ley 272, conocida como “Ley Marco del Sistema Provincial de Áreas Naturales Protegidas.” Esta ley define las categorías de áreas naturales así como los objetivos de conservación de esas áreas, y establece pautas para la zonificación de las mismas.

1997 – Los restos originales del Faro San Juan del Salvamento, que logran sobrevivir a las inclemencias del tiempo y a los continuos saqueos durante más de un siglo, son levantados por la Armada Nacional y llevados al museo de Ushuaia.

1998 – Se procede a reinstalar una réplica exacta del Faro San Juan del Salvamento, parafraseando a Julio Verne “Le Phare du Bout du Monde“, a unos pocos metros del emplazamiento original en Punta Laserre, por un grupo de nautas franceses, encabezados por el navegante y trotamundos André Bronner, con el apoyo de la Armada Argentina. Campeón mundial de media tonelada en Helsinski en 1986 y navegante de toda la vida, con no menos de una decena de cruces transatlánticos y varias campañas antárticas, se enamora de la isla desde la primera vez que la visita en su velero “Kotick” en 1993, soñando con la reconstrucción del faro. Para ese fin, crea la “Asociación del Faro del Fin del Mundo”, sumando a las contribuciones privadas un importante aporte financiero del ayuntamiento de La Rochelle y del Gobierno de Nantes, el decidido apoyo del Gobierno de Francia (Jacques Chirac), y la entusiasta colaboración del Gobierno Argentino (Carlos Menem) que ofrece la ayuda de la Armada Argentina. En base a una sola fotografía existente del faro original, tomada por Adrian Gerlache en 1898, Bronner pone en marcha una empresa que raya en lo increíble, logra recrear los planos por los más renombrados estudios de arquitectura de su país, logra conseguir los mejores materiales, maderas imputrescibles del Canadá, techos y singuería original de Francia, óptica, colectores solares y sistemas eléctricos, de las firmas más emblemáticas en la materia, y el aporte invaluable de la mano de obra especializada, necesaria para armar una réplica semejante. Al mismo tiempo se construye otro faro gemelo que, a modo de homenaje al gran Julio Verne, se encuentra emplazado en la rada del Puerto de La Rochelle, sobre una plataforma erigida sobre pilares en el agua.


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