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Desde Andalucía a Pernambuco, via Canarias y Cabo Verde.


DIARIO DE ABORDO.

 

Junio de 2002

derrota cruce atlánticoDerrota por el Atlántico.

Día 19 – En el andén de la estación central de Málaga me encuentro a la media mañana, con los que serán mis dos compañeros náuticos en las próximas semanas. Juntos hemos de conducir un velero de bandera argentina, desde Andalucía, cruzando el Atlántico y el Ecuador, hacia Pernambuco en el Brasil.

Desde Málaga a Sotogrande vamos por una autopista, a lo largo de la costa del sol, entre faldeos desérticos y el Mediterráneo, en un auto alquilado por nuestro anfitrión, el cual nos cuenta de sus largos y diversos contratiempos con la mano de obra vernácula, ya que hace tiempo se encuentra en la zona realizando reparaciones en su barco.

Se trata de un velero de 42 pies de eslora, aparejado a Ketch, cockpit central, construido en acero, algo baqueteado y en algunos lugares con signos evidentes de necesitar reparaciones, proyectado y construido en nuestro medio rioplatence durante la década de los ochenta. Precisamente es su propietario actual el mismo que lo ha mandado a diseñar y construir, con la finalidad concreta de navegar las aguas del viejo y del nuevo mundo, actividad que efectivamente viene realizando a lo largo de los últimos años. En este viaje la tripulación esta integrada por tres personas, el propietario y capitán de 67 años de edad, al que en este relato llamaremos ¨el Skipper¨, y dos tripulantes, uno joven de 41 años y el que les relata este viaje de 62.

Volviendo al lugar en donde nos encontramos, la marina de Sotogrande, en 36°17′ N y 5°16′ W, es una obra nueva, incluida dentro del área de un muy importante emprendimiento, a 30 kilómetros al NNE de Gibraltar. La infraestructura y el lujo de dichas instalaciones, los diversos complejos de departamentos, las mansiones, las múltiples canchas de golf, polo, y tenis, así como los extensos y exuberantes parques, contrastan fuertemente con el entorno casi desértico, y conforman sin duda un conjunto excepcional e imponente. En un todo de acuerdo a lo descrito, las instalaciones de la marina, el porte de las embarcaciones allí amarradas, la superficie de su varadero y talleres, son obviamente de una factura equivalente. 

Marina de Sotogrande – Andalucía.

Acomodo mis bártulos abordo, y acto seguido, nos ponemos a arreglar la instalación eléctrica, cuestión que quedó pendiente, porque contrariamente a lo que uno pudiese pensar, la dudosa pericia de los varios especialistas andaluces que trataron de meter mano en el barco, ni siquiera los calificaría para conseguir trabajo en el mas atrasado de los países del tercer mundo. Después de almorzar frugalmente vamos a un supermercado gigantesco, que queda en la ruta de Sotogrande a Algeciras, llenando tres grandes carros en los que cupieron las compras. Devino luego la ardua tarea de transportar y ubicar todo a bordo, encontrándole a cada cosa su mejor lugar posible, de manera que hasta que terminamos de acomodar todo se nos hizo bastante tarde. La estiba queda lista de noche dándonos un respiro del sol abrasador que calentaba el barco, después de lo cual fuimos a cenar a una taberna andaluza en Algeciras, atendida por sus dueños. En medio del manduque el Skypper nos sugiere que lo exceptuemos de las guardias nocturnas desde medianoche a las 6 de la mañana, que a cambio de ese favor se ocupará de la cocina a tiempo completo, tras un corto debate aceptamos.

Día 20 – Una vez llenados a pleno los tanques de agua y combustible largamos amarras alrededor de las 11 hs., envueltos en un día de sol magnífico y brisas muy flojas de tierra, o sea del poniente como suelen llamarlas por acá. A poco de dejar la boca de la marina apuntamos la proa a los 198°, o sea al Peñón de Gibraltar, distante a unas 12 millas. Ajustamos nuestros relojes a la hora UTC, que es la que llevaremos a bordo, debido a que su huso cubre la mayor parte de la zona en que vamos a navegar.

Al acercarnos al Peñón, brumoso e imponente, cometemos una infracción cruzando las boyas de aguas restringidas que demarcan la enfilación de aproximación al aeropuerto de Gibraltar. Para colmo, justo cuando estamos cruzando esa demarcación, nos pasa por encima un transporte militar que estaba aterrizando, como quien dice rozando la jarcia. Nos imaginamos que el piloto debe habernos enviado prolíficas maldiciones y no sabemos si alcanzó a divisar, desde allá arriba, la celeste y blanca que llevamos en la popa. Desde donde estamos se divisan perfectamente los contornos azulados de los cerros de Marruecos. Habiendo dejado el Peñón por estribor y ya del otro lado, en aguas de la Bahía de Algeciras, inesperadamente observamos el minarete de una mezquita a poca distancia del faro que marca Punta Europa. 


Peñón de Gibraltar, visto desde el Noreste.

Peñón de Gibraltar, visto desde el Sudoeste, con Mezquita y Faro.

Iniciando el cruce de la gran bahía con rumbo SW, en demanda de Punta del Carnero, con intención de seguir costeando hasta Tarifa, entre infinidad de buques y ferrys del más diverso tamaño, comprobamos que tenemos cada vez mas corriente en contra. Encaramos entonces el cruce del estrecho, unas 13 millas, siempre a máquina, con rumbo 212°, hacia la orilla africana, en busca de menos corriente, y mientras estamos en eso divisamos una pareja de ballenas tirando chorros de agua.

Alcanzamos la costa de Marruecos, bastante irregular y escarpada, en Pointe Cires, que dejamos por babor, y por la cual seguimos costeando en el crepúsculo. Entrada la noche pasamos la Bahía de Tánger por la misma banda, con un rumbo promedio de 257° hasta el Cabo Spartel, unas 25 millas desde Pointe Cires, alcanzando de esa manera el límite sudoccidental del estrecho de Gibraltar sobre el Atlántico.

En Cabo Spartel estamos a unas 23 millas al SSE de Cabo Trafalgar, donde tuviera lugar hace casi dos siglos, una de las mayores gestas navales de la historia, llevada a cabo por uno de los más grandes genios en la materia. Lentamente se va estableciendo una brisa del NW. 

Estrecho de Gibraltar.

Día 21 – Internándonos en el océano continuamos con brisas muy flojas. La corredera nueva que ha adquirido el Skipper viene con censor de temperatura, un adminiculo de estos muy modernos pero que no le encontramos demasiado sentido, marcando una temperatura del agua de 14 grados centígrados. Ante nuestro escepticismo sobre el tema nos explica muy seriamente, que saber ese dato es útil cuando se navega en latitudes extremas, como en nuestro caso que vamos a cruzar el Ecuador. Por ejemplo, si el agua del mar se encuentra arriba de los 27 grados centígrados ya es real el peligro de que puedan formarse depresiones tropicales en la zona donde se está navegando, especialmente al sur de las Islas de Cabo Verde, describiendo y mostrando en las cartas las derrotas de dichas depresiones hacia el Caribe hasta convertirse en huracanes. Ante tan apabullante argumentación nuestro interés y respeto por el termómetro, medidor de la fiebre de Neptuno, adquiere ribetes casi metafísicos.

Izamos una vela multipropósito con la cual nos entretenemos unas horas, pero no logramos caminar más que unos 2 nudos. Nuevamente con apoyo de máquina seguimos bajando con rumbo SW alejándonos de la costa de Marruecos. Pasamos las latitudes de los puertos marroquíes de Assilah, Larache, Kenitra y Rabat. Después de la cena tratamos de ubicar las constelaciones más conspicuas del hemisferio en que estamos, mirando hacia el N, dándonos cuenta de lo poco que sabemos sobre el tema. Después de andar titubeando un buen rato, subo al cockpit una atlas estelar para astrónomos aficionados, que se me ocurrió traer. Con esa ayuda arrancamos identificando la Osa Menor, una olla con un mango largo y curvado en cuyo extremo está Polaris, en estos momentos parada sobre su mango. Por el contrario no nos es nada fácil reconocer la Osa Mayor, que esta al W de la polar, es una figura muy extensa y complicada. Mejor nos va con la constelación del Dragón, al E y encima de la Osa Menor. También podemos identificar la Crux Borealis, en este momento mucho más al E, como si estuviera sobre el continente europeo, y muy por encima Lira, un pequeño rombo donde se destaca Vega, la más brillante. Arriba nuestro, casi en el cenit, ubicamos la Corona Borealis, un pequeño semicírculo de estrellas que se ve perfecto. Mirando para el S obviamente nos resulta bastante más familiar, enseguida reconocemos al Escorpión y a Sagitario surgiendo por el E, desde el África. En fin, la verdad que para orientarnos con las estrellas damos lástima, nada que ver con los antiguos polinesios. Comienza a notarse un mar de fondo proveniente del N muy desproporcionado para el tiempo reinante.

Día 22 – Durante la madrugada van entrando unas muy bajas formaciones nubosas, provenientes del NE y el mar se va rizando primero para luego picarse. Ya de día nos alcanza un viento bastante fresco del mismo cuadrante, el mar se va arbolando, luego de un tiempo comienzan a aparecer olas con rompientes. Se establecen ventarrones con rachas considerables y el mar se ve cada vez más cubierto de espuma, el cielo se cubre casi por completo y la temperatura del aire baja sensiblemente. Vamos achicando rápidamente el paño desde popa a proa, bajamos el mesana completamente, entangonamos el genoa enrollándolo a la mitad aproximadamente, y luego de tomarle una mano de rizos a la mayor decidimos bajarla del todo. El trabajo sobre cubierta se vuelve bastante complicado por el fuerte rolido y por la diferencia de velocidades que se suceden cuando el barco es alcanzado por las crestas de las olas para luego salir disparado hacia adelante en unas largas barrenadas. Me voy acostumbrando a mi nuevo hábitat, en donde encontrar cada cosa y de cómo accionar cada instalación correctamente.

Una pequeña paloma torcaza de color gris claro, nos acompaña hace un rato, con un collar negro alrededor del cuello, una especie seguramente africana de estas latitudes. Varias veces, al vernos, pega la espantada y sale volando asustada, tratando de arremeter contra el vendaval, pero al descubrir que no puede llegar a ningún lado, siempre vuelve agotada. Finalmente desiste en el intento de irse y se anima a picotear algunos pedazos de pan que le acercamos dentro del cockpit.

Día 23 – El cielo sigue completamente tapado y hace un frío respetable, un tiempo decididamente invernal. Corremos a casi 9 nudos en promedio, siempre con rumbo SW, colgados de la genoa semienrollada y entangonada, todo lo demás abajo y bien aferrado. El mar se ve blanco de espuma y el barco se comporta muy bien, especialmente estable en las barrenadas. Las olas son muy grandes con rompientes. Llevo puesto en las guardias la ropa térmica, encima traje de agua completo, gorro de polar cubriendo los oídos, un equipo no muy acorde con el verano boreal y las latitudes en que nos encontramos navegando. Comparando este barco con otros en que me ha tocado navegar, compruebo que las taquillas y demás lugares de estiba están secos y por el techo de la cabina no cae ninguna gota, esto es verdaderamente excepcional teniendo en cuenta el tiempo que nos circunda. En estos momentos nos encontramos aproximadamente a unas 120 millas afuera de los puertos de Mohamedia y Casablanca.

Día 24 – El tiempo no afloja, por la Meteo-France escuchamos lo que para nosotros es una realidad hace rato, aviso de temporal para toda la zona, vientos de fuerza 7 a 8, desde Cabo Finisterre en Galicia al golfo de Guinea sobre el Ecuador.

Nos vamos acercando a nuestro objetivo en las Islas Canarias con el viento borneando al N, incluso aflojando algo, y de pronto avistamos la figura gris e imponente de la pequeña isla Alegranza con sus casi 300 metros de altura, situada a 4 millas al N de la isla Graciosa con alturas similares y pegada a su vez al NW de Lanzarote. Nuestra pequeña paloma africana, seguramente intuye que la tierra se encuentra cerca, porque opta por no acompañarnos más lanzándose a volar a favor del viento en dirección a las islas. Ojalá que llegue, lástima, habíamos entablado una buena relación de convivencia.

Está muy cerrado el tiempo, cielo y mar en tonalidades grises, lo que hace difícil avistar los contornos de las islas volcánicas, es una suerte que exista el GPS. Abordo tenemos instalado otro aparato, casi milagroso podría decirse, como lo es sin duda el piloto automático moderno, este barco tiene uno que acciona directamente sobre el sector del timón. Cambiamos de amura el tangón, maniobra que, con el viento y la marejada imperante, parece una exhibición circense. 

01r

Roques del Este, Isla Graciosa, Lanzarote, Islas Canarias.

Bajamos hacia el S costeando las islas por su lado oriental, o sea del lado africano, navegando unas 7 millas, entre la isla Graciosa y el peñón de Roques del Este, hasta Punta Escamas en la isla de Lanzarote. Luego, a lo largo de unas 9 millas adicionales, vamos cayendo hacia el SSW hasta alcanzar el Cabo Ancones. Pasado este cabo la costa va arrumbando hacia el SW, la que seguimos costeando por otras 6 millas hasta alcanzar el puerto y la ciudad de Arrecifes. El techo nuboso se va abriendo dejando entrever un cielo azul profundo que agrega entusiasmo al arribo. Siguiendo la costa volcánica, siempre por estribor y que ahora va arrumbando hacia el W, pasamos unas cuantas marinas señaladas en la carta, metiéndonos cada vez mas al resguardo de la isla con marejada en franca disminución. Habiendo navegado unas 7 millas adicionales desde la ciudad de Arrecifes, pasando Puerto Carmen y su marina, nos ponemos a inspeccionar la costa con cuidado, ya que carecemos del cuarterón correspondiente para ubicar exactamente la Marina de Puerto Calero, mientras sorpresivamente recibimos rachas locales del través que nos vienen desde tierra, bajando de los volcanes, pero que por suerte no levantan marejada importante. Con las últimas luces de la tarde y cielo casi despejado, por fin, avistamos sobre la costa una escollera con su farola y una torre, y detrás de la misma una enjambre de mástiles, que por la ubicación que nos habían dado en Sotogrande debiera tratarse de Puerto Calero. Nos acercamos con cautela porque en esta zona no hay demasiada agua y no vemos boyas por ninguna parte, hasta que se disipan nuestras dudas y enfilamos decididamente a la boca de la marina.

Hemos recorrido 616 millas náuticas desde Sotogrande hasta aquí. En la torre de control nos confirman que efectivamente hubo temporal del cuadrante N, aviso todavía en curso, emitido por la Real Armada Española el 23 de junio, de fuerza 7 a 8, para toda la zona del Atlántico Oriental. Nos asignan un buen lugar en la punta de uno de los peines de la marina, para donde vamos y donde nos espera un marinero para darnos una mano en el atraque, al acercarnos con el barco nos vamos quedando cada vez mas impresionados por el nivel y el tamaño de las instalaciones.


Islas Canarias – Grupo Oriental – Graciosa, Lanzarote, Fuerteventura.

Día 25 – Puerto Calero, ubicada en la costa SE de la isla de Lanzarote, en 28° 55′ N y 13° 42′ W, es indiscutiblemente una magnífica marina, rodeada de un emprendimiento turístico de primer nivel. Al igual que Sotogrande es de construcción bastante reciente, y la verdad es que es difícil precisar si es mejor o peor que aquella. La realidad es que, aparte de que el lugar es geográficamente distinto y que las instalaciones parecen más nuevas, todo lo demás se ve bastante parecido. Elegimos venir a este lugar porque nos lo habían recomendado especialmente antes de zarpar, como lo más moderno y a la vez menos invadido por el turismo masivo, y especialmente por la expectativa de encontrar un buen lugar de amarre.

Marina Puerto Calero – Lanzarote, Islas Canarias

Lujosos departamentos y residencias, restaurantes y pubs de todo tipo, tiendas de moda, talleres de reparaciones, agencias y representaciones de las mas diversas marcas, travel-lift, varadero, lavandería, internet, teléfonos, baños y duchas, agencias de viaje. Un mundo autocontenido al pie de los cerros volcánicos, realmente no falta nada, y el público es casi excluyentemente de origen anglosajón, los barcos también. Eso tiene sus ventajas a la hora de querer descansar en serio, sobre todo a la noche, sencillamente porque en el ámbito de toda la marina reina el respeto y la buena educación, y por ende el silencio, a pesar de que los barcos, así como los restaurantes, están con bastante gente. No se siente ningún movimiento o ruido que pueda molestar. Lo mismo pasa con el VHF, no se escucha en ningún momento nada raro, la radio está solo para comunicarse, a nadie se le ocurre utilizarla para otra cosa. Al igual que en Sotogrande, las duchas y obviamente los sanitarios son de una comodidad, amplitud y pulcritud, que no se puede creer, habilitados las 24 horas con agua caliente en todo momento. La verdad es que todo esto, en mi calidad de rioplatence subdesarrollado, me causa envidia.

Durante todo el día nos dedicamos a las tareas propias del reabastecimiento, del aseo personal y de la comunicación familiar. Tenemos problemas con la luz de mástil tricolor, no pudimos encontrarle la vuelta en Sotogrande, pero bueno, al tener las luces de banda reglamentarias funcionando, no lo vimos como un gran problema. A pesar de eso, a nuestro Skipper se le mete entre ceja y ceja solucionar este tema y se pone a desarmar por su cuenta el cielo raso de la cabina principal, a efectos de destapar todo el manojo de cables que va al mástil. Antes esa indirecta no queda otra que ayudar, y ahí fue donde descubrimos, por así decirlo, la madre del borrego. Estaban cortados y sin aislar todos los cables que entran en el mástil, según el Skipper una cuestión que se le escapó controlar, probablemente producto de la colocación de los palos que se realizó en Marsella, hace ya medio año atrás, en oportunidad de hacer recolocar toda la jarcia, después de haber recorrido los canales por la campiña francesa con los palos acostados sobre cubierta. Una vez prolijamente ensamblado y aislado el manojo de cables, y tras la prueba de que todo funciona adecuadamente, fuimos en un taxi a Puerto Carmen que queda a unos 30 kilómetros al E de Puerto Calero, una marina más antigua ubicada dentro de un pueblo canario devenido turístico, donde concurrimos a un super para reabastecernos de algunos faltantes que habían quedado pendientes y alimentos frescos.

Almorzamos y cenamos cocina típica en los restaurantes de la marina, y en esas estábamos cuando tomamos la decisión de seguir viaje, es decir no visitar otra isla en Canarias, para aprovechar el vigor actual de los alisios y alcanzar cuanto antes el archipiélago de Cabo Verde. El tiempo está bastante ventoso, soleado pero cambiante y fresco por la noche.

Día 26 – Después de buscar la ropa en la lavandería vamos a la torre de control para pagar el costo de la estadía en la marina. Queríamos obtener además una constancia de salida, es decir, lograr que se sellen nuestros pasaportes, cosa que explicamos a las autoridades de la marina, aduciendo que abandonábamos territorio español y por ende de la Comunidad Europea, pero no hubo caso. Nos contestaron que, a pesar de albergar embarcaciones extranjeras en forma prácticamente continua durante todo el año, nadie les había pedido esto antes, que seguramente no hacía falta, y que si para nosotros era de tanta importancia, podíamos dejar el barco en la amarra de cortesía, para llegarnos en taxi a la estación de policía mas próxima, distante a unos 30 Kms., que allí seguramente nos podrían solucionar el tema. Nuestra vocación para conseguir la correcta certificación emigratoria no daba para tanto, de manera que resolvimos partir hacia Cabo Verde sin la salida formal de la Comunidad Europea, veremos que nos dicen las autoridades allá. 

Faro Punta Tostón – Fuerteventura, Islas Canarias.

Zarpamos alrededor de las 10 hs. con cielo parcialmente cubierto y chaparrones aislados, vientos del NNE, bastante frío, y el famoso censor de la temperatura del agua marcando 16 grados, dos más que en el estrecho de Gibraltar. Almorzamos una ensalada de zanahoria rayada con pasas de uva, sardinas con cebolla picada, todo regado con aceite de oliva y pimienta negra, acompañado de cerveza. Vamos costeando la isla de Lanzarote, por estribor y con rumbo SW, por unas 8 millas hasta alcanzar su extremo S en Punta Papagayo. Desde allí cruzamos al otro lado de las islas, unas 15 millas, por el Estrecho de la Bocaina que separa el extremo S de Lanzarote del extremo N de Fuerteventura, hasta Punta de Tostón con su faro. De ahí en mas seguimos el arrumbamiento de la costa occidental de Fuerteventura por unas 45 millas hacia el SW y hasta su extremo S en Punta Jandía, faro que avistamos de noche, y a partir del cual corregimos el rumbo a 220° con proa a Mindelo en Cabo Verde.

Tenemos unas 900 millas por navegar. A estribor observamos el deslumbre de la isla Palma de Gran Canaria, en la noche y detrás del horizonte occidental. Cenamos salchichas con mostaza y puré de papas, con cerveza, mientras lo escuchamos a Rafael desde Canarias con la ronda náutica en banda lateral única, el cual a nuestro requerimiento, nos da el pronóstico para la ruta que estamos siguiendo : “vientos del N al NW, fuerza 4 a 5”. Los vientos efectivamente rotan al NW pero van amainando y el cielo está completamente cubierto con chubascos. 

Día 27 – Hace días que tratamos de pescar con dos líneas de arrastre tiradas por la popa, pero no conseguimos sacar nada, algunos piques de peces muy grandes cortan las tanzas de acero. Esta discusión, del porque no sacamos nada, se torna en importante tema de conversación ocupando buena parte del día, especialmente durante las comidas, momento en que los tres estamos reunidos. La pregunta sobre cual sería la mejor carnada a utilizar se vuelve cabalística y adquiere ribetes mágicos, se discuten la importancia de formas y colores, su contextura y tamaño, en realidad cuestiones tan antiguas como la humanidad misma. Así es como se suceden los cambios y las pruebas con todo tipo de señuelos, que el Skipper tiene guardados en una caja, y se entabla abordo una especie de competencia para ver quien pesca antes la mayor presa. Después de los chubascos se va despejando y el viento se afirma un poco, rotando nuevamente al NNE.

Las guardias se suceden unas a otras y se convierten en una rutina a la cual nos acostumbramos completamente, de manera que todo gira alrededor de eso. De vez en cuando un atisbo de conversación, debido a una consulta respecto a las cartas, tratando de encontrar alguna estación de radio de onda corta con los auriculares, verificando la marcha con los instrumentos, pero el resto del tiempo se navega en silencio, en parte para no molestar a los que están durmiendo, en parte porque después de tantos días ya no hay mucho que contarse, y en parte por que el estado de cansancio subyacente hace que uno se sienta inclinado a quedarse callado. Cenamos lentejas con tocino y chorizo colorado, acompañado de un tinto español de Rioja, que habíamos comprado en el super de Algeciras.

Día 28 – Durante la guardia descubro, alertado por el ruido e iluminando con la linterna, que se había cortado el repique del puño de escota de la mayor, debido a que el cabo correspondiente estaba bastante desgastado, cuestión que solucionamos provisoriamente tomando la primera mano con la intensión de que la vela no se rompa. A la mañana, después del desayuno, tratamos de arreglar esta rotura, pero contrariamente a lo que creíamos, nos resulta bastante difícil, especialmente trabajar en el interior de la botavara para enhebrar un nuevo aparejo allí adentro. Recién contra el mediodía conseguimos armar un aparejo sustituto para el repique del puño, que aunque no funciona todo lo bien que lo hacía el original, de alguna manera cumple con la función.

El viento vuelve a irse al NE y con orejas de burro logramos hacer algo más de 4 nudos, genoa con tangón y mayor completa. En el horizonte por babor vemos un superpetrolero gigantesco que viene subiendo la costa africana, seguramente proveniente del Golfo Pérsico. Se afirman nuevamente los alisios, avanzamos a 6 nudos con igual configuración de velas. Estamos a unas 120 millas al través de Cabo Durnford, en el Sahara Occidental, una costa inhóspita y bastante vacía de seres humanos. Aumentamos la velocidad de avance a 7 nudos por la noche, con igual velamen. Cenamos lentejas con arroz y chorizo colorado.

Día 29 – El firmamento nocturno se presenta despejado, de manera que podemos identificar cada vez mas constelaciones que nos acompañan en la soledad del océano, emergiendo desde el continente africano y cruzando nuestro meridiano, en su eterna marcha hacia el W. Amanecemos con un día soleado aunque bastante brumoso, con un pronóstico de la Meteo-France de desmejoramiento para toda el área de la costa africana. Vientos pronosticados del NNW, mar muy agitada (très agité) con vientos de fuerza 5 a 6, con depresión tropical profundizándose. Por las interferencias de la onda corta y el idioma no entendemos bien en donde estaba la depresión formándose, pero bueno, es un detalle. Por las dudas le tomamos una mano de rizos a la mayor. Nos encontramos al través del Cabo Barbas en el Sahara Occidental a unas 150 millas afuera y a unas 190 millas al NNW de Cap Blanc en Mauritania.

Avistamos un velero cuya bandera pareciera pertenecer a algún país de la comunidad británica, navegando con igual rumbo que nosotros, seguramente en demanda de las islas de Cabo Verde, va con paño bastante reducido y en orejas de burro. Con los largavistas no alcanzamos a ver a nadie afuera y tampoco contestan el VHF. Almorzamos un revuelto con champiñones, con varias latas de cerveza. A la tarde el viento se establece del N, vamos bien superando los 6 nudos y medio, barrenando cómodamente unas grandes olas tendidas, el cielo se está despejando y la temperatura del aire, por suerte, va en aumento.

Día 30 – Durante la noche el viento se afirma, siempre del N. El mar nuevamente se vuelve gruesa con rompientes. Bajamos la mayor completamente, quedando nuevamente colgados únicamente del genoa semienrollado y entangonado. Por la mañana siguiente el rumbo a Mindelo no nos da del todo bien, deberíamos trasluchar el tangón, pero nos da mucha pereza y seguimos como estamos, el día se presenta despejado, con una temperatura del aire cada vez más cálida.

A la noche siguiente se vuelve a cubrir el cielo de nubes bajas con chubascos, refrescando nuevamente, mientras el viento no afloja. Durante la ronda náutica por banda lateral única, Rafael desde Canarias nos pasa un pronóstico de vientos de 30 nudos en aumento, del cuadrante NNE, para toda la zona de Cabo Verde. El barco rola bastante y se nos hace difícil descansar en las cuchetas. Toda la noche sopla con rachas muy fuertes, pareciera que está entrando mal tiempo nuevamente desde el N, igual que en la primera pierna a Canarias. Escuchamos por onda corta del servicio exterior de España, que en Europa, especialmente en la península ibérica, se vuelven a registrar bajas considerables de temperatura, debido a la entrada de mal tiempo desde el N, retrasándose nuevamente el comienzo del verano, incluso anoche en la zona de los Pirineos había caído nieve copiosamente. La ola de frio que ha vuelto a Europa en pleno comienzo del verano no nos quiere largar, nos está costando bastante poner la suficiente distancia para despegarnos.


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Julio de 2002.

Día 01 – Para la guardia nocturna, además de enfundarme en el traje de agua, me abrigo con todo mi equipo térmico disponible porque me estoy congelando. Amanecemos con tiempo lluvioso, encontrándonos a 220 millas al NE de Mindelo y a 480 millas al NW de Cap Vert en el Senegal. El barco sigue rolando mucho por la condición del viento y la marejada que tenemos, andamos todos con déficit de sueño. Casi no hablamos entre nosotros, mas que lo elemental, de alguna tarea que hay que realizar, o para estudiar una que otra carta, pero donde nos sentamos nos quedamos como en estado de ausencia.

Respecto del material cartográfico, el que disponemos a bordo consta de las tradicionales de papel. Dicho material se compone en buena parte de fotocopias, algunas con las escalas ilegibles de tanto uso y llenas de anotaciones de navegantes anteriores. Este “modus operandi” de navegar con fotocopias es una práctica de lo más normal entre los trotamundos que andan por los océanos. Una vez que se dejaron de utilizar se vuelvan a reciclar, entregándolas en los almacenes náuticos de los puertos, con el fin de que puedan serles de utilidad a otro navegante, el cual las vuelve a adquirir por un valor muy pequeño.

Volviendo a la vida de abordo, tenemos mar gruesa con olas cruzadas que hacen que la marcha del barco sea bastante irregular. Después de cenar escuchamos la consabida ronda náutica, con Rafael desde Canarias como coordinador, para la que cada vez tenemos menos paciencia, ya que hasta que todo el mundo interviene, es decir todos los barcos que en ese momento están navegando, a los cuales Rafael llama uno por uno, dándole a cada uno su pronóstico personalizado a la zona donde se encuentra, y nos toca a nosotros, se hace demasiado largo, pero en fin, hay que hacerlo, para estar de alguna manera conectados con el mundo exterior y la cofradía náutica que en estos momentos está cruzando el Atlántico. Nos ha sucedido que, esperando que nos toque, nos hayamos quedado dormidos. Hace unos años el Rey Juan Carlos, que como todo el mundo sabe es un entusiasta navegante, le otorgó en persona a este famoso Rafael, una condecoración especial y una pensión vitalicia por sus servicios.

Tenemos presencia de chubascos con períodos de calmas, un tiempo muy cambiante. Comenzamos a dormirnos en las guardias, cosa por demás peligrosa por cierto, aunque en ningún momento hemos registrado la presencia de nada que flote en la zona, ni buques, ni pesqueros, ni embarcaciones menores, nada de nada. Debido a ello resolvemos comenzar a utilizar el timer de cocina, a modo de despertador portátil, bastante voluminoso y de alarma ruidosa, como medio de garantizar que cada 15 minutos sea escudriñado el horizonte en forma sistemática. Lo utiliza el hombre que está de guardia, ubicándolo sobre el pecho y debajo de las prendas íntimas, de manera que no se le caiga y lo despierte mas por vibración que por ruido, evitando de esa manera molestar a los demás compañeros que están durmiendo. El sistema funciona satisfactoriamente

Día 02 – Cambiamos de amura el tangón porque el rumbo al que vamos ya no da para mas, es decir como para alcanzar Mindelo con comodidad. Alrededor de las 14 hs., entre la bruma y las nubes, avistamos la punta N de la isla de Santo Antao, y corregimos el rumbo un poco más al E, como para dejarla por estribor. Vamos bordeando la costa NE de Santo Antao, observando los contornos grises y azulados de sus imponentes cerros volcánicos que en este lugar alcanzan los 1500 metros de altura. Una hora mas tarde avistamos la isla de Sao Vicente por proa a babor, mientras nos vamos acercando para enhebrar el estrecho que separa ambas islas, la vista es formidable, verdaderamente espectacular.

Extremo noroeste de la Isla de Sao Antao – Cabo Verde.

Bordeando unas altas paredes de granito volcánico que surgen verticales del agua y aproximadamente 40 minutos pasadas las 16, nos encontramos entrando a la Bahía de Mindelo, dejando el imponente Peñón del Ilhéu dos Pássaros a estribor. En cuanto trasponemos la entrada la marejada se va calmando bastante, gratificando aún más el arribo. Desde Puerto Calero en Lanzarote hasta aquí, acabamos de recorrer 950 millas náuticas. La ciudad de Mindelo se encuentra en 16°54′ N y 024°59′ W, a orillas de una enorme bahía de forma casi circular, rodeada de restos de volcanes desérticos, cuyo nombre correcto es Bahía do Porto Grande, en la isla de Sao Vicente. Sin duda el único puerto importante del archipiélago, situado a unas 450 millas al NW de Cap Vert sobre la costa africana, donde se encuentra la ciudad y el puerto de Dakar, capital de Senegal. En realidad esta bahía no es más que el contorno de un enorme cráter que se ha hundido en el océano hace muchos millones de años, de manera que Mindelo, viéndolo desde la perspectiva geológica, se encuentra situada a la orilla de un gigantesco cráter volcánico. Existe otro puerto en las islas, a unas 140 millas al SE, más pequeño y abierto a eventuales vientos del S, denominado Praia, en la isla de Sao Tiago, cuya ciudad es la ex capital colonial y la sede administrativa de las islas.

Archipiélago de Cabo Verde.

Islas Santo Antao y Sao Vicente, con Mindelo en Bahía Grande – Cabo Verde.

Fondeamos con ancla arado y centinela frente a la ciudad de Mindelo, izando el gallardete amarillo a babor a efectos de solicitar la presencia de la autoridad local. El Archipiélago conforma un país soberano e independiente, liberado de la tutela portuguesa hace unos 25 años, llamado República de Cabo Verde, en la cual el idioma oficial es el portugués y el idioma de la calle el ¨creole de las islas¨, una mezcla de portugués y bantú. Las autoridades no se hacen esperar, acoderándose con una lancha suben abordo dos oficiales de la Capitanía do Porto, de buen trato y presencia impecable. Una vez revisada y controlada la documentación que les exhibimos, y habiendo retenido la matrícula original de la embarcación, nos dan las indicaciones pertinentes para una buena estadía, cuya recepción debe firmar el Skypper. Una de ellas es que curiosamente el barco no puede quedar solo, siempre tiene que quedar de guardia una persona a bordo. Siguiendo la sugerencia de las autoridades, contratamos los servicios de Didí, un joven de color, muy despierto y simpático, que nos hará de guía y nos facilitará los servicios que necesitamos. El Skypper decide quedarse a bordo, argumentando que ya ha estado en este puerto varias veces. 

Ciudad y Puerto de Mindelo vista desde la Bahía de Porto Grande – Isla Sao Vicente – Cabo Verde.

Inflamos el gomón y nos acercamos a tierra, donde, en un muelle bastante primitivo, no espera Didí. Recorremos partes de la ciudad y lo primero que impresiona es que la mayoría de la gente anda descalza por las calles, y no es que sean de aspecto especialmente indigente, porque su vestimenta es buena, se la ve de buen aspecto y limpia, sino que andan así porque evidentemente se usa andar de esta forma. Logramos cambiar algo de dinero, dólares por escudos caboverdianos, en un tugurio tipo cueva que daba muy mala impresión, debido a que los bancos ya se encontraban cerrados, con el propósito de poder comunicarnos por teléfono con nuestras respectivas familias, además de comprar alguna cosa para la cena. Nos llama la atención lo bien que funciona el telediscado internacional.

Conseguimos obtener, después de una larga espera, dos pollos al spiedo para cenar a bordo, bastante escuálidos. Entrada la noche damos una vuelta con Didí por la plaza principal, encontrándonos con el bullicio de la gente joven reunida. Al volver, cruzando la costanera de la ciudad, nos detuvimos en un puesto de comida ambulante para pedirnos una cerveza portuguesa, la única que se consigue. Luego de cenar a bordo, dormimos profundamente, reponiéndonos de la falta de sueño acumulada durante los últimos días de navegación. Por fuera la noche estaba ventosa y sobre todo diáfana, rodeada de las luces de la ciudad reflejándose en el agua, y a lo lejos se divisan las estrellas titilando, sobre los volcanes

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Puerto de Mindelo – Isla Sao Vicente – Cabo Verde

Día 03 – El Skipper pretende que realicemos los trámites de migraciones lo antes posible y que además le cumplimentemos una extensa lista de reaprovisionamiento, así que después de desayunar partimos con Didí. Una vez que dejamos el gomón en el muelle caminamos unas 15 cuadras bordeando la bahía hasta el puerto comercial, donde se encuentra la autoridad pertinente. Allí nos presentamos en un galpón habilitado para tal servicio pero los funcionarios brillan por su ausencia, alguien por allí nos dijo que estaban despachando un buque senegalés. Esperamos un rato largo pero nada, entonces nos volvimos a la Capitanía do Porto con el ánimo de quejarnos, pero allí nos explicaron que sin esos papeles no podríamos realizar el trámite de salida del barco.

Siempre de nuevo nos llama la atención que casi todo el mundo ande descalzo, pareciera que no soportan demasiado el calzado occidental. También hemos visto muchas mujeres llevando enormes bultos, o canastas con frutas o comida, sobre sus cabezas, de igual manera nos ha sorprendido que se vean relativamente pocas bicicletas. Los automóviles existen, casi todos utilitarios y colectivos pequeños, pero no en forma abundante, prácticamente no hay semáforos en esta ciudad.

La población caboverdiana, en comparación a la senegalesa, que es la más cercana geográficamente, es bastante distinta, en vez de alta es mas bien baja y en vez de color oscuro su piel es bastante clara. En general se puede afirmar que se trata de personas de aspecto físico agradable y atlético. Ante mi curiosidad Didí nos explica que son en su mayoría de raza Bantú y que toda familia caboverdiana tiene parientes en Guinea Bissau, una pequeña ex-colonia portuguesa también independiente, ubicada relativamente cerca, a unas 600 millas al SE de Mindelo, sobre la costa atlántica del continente africano, y vecina de la República de Senegal hacia el sur, y que esa relación, étnica y familiar, se debe a dos motivos, uno que las islas no contaban con una población aborigen, y el otro, que la administración colonial portuguesa utilizó las islas durante siglos, como lugar de concentración y despacho de esclavos que previamente extraían de aquel lugar.

Para cumplimentar la lista de pedidos del Skipper fuimos al supermercado más grande de la ciudad, que para tener una idea diría que no supera el tamaño de un mercadito de esos que hay en cualquier barrio de Buenos Aires, con el fin de comprar una cantidad de cosas, pero nos encontramos con muchos faltantes y anaqueles vacíos.

Al mediodía avisamos a la Capitanía de que desembarcaríamos todos para comer en tierra, cosa que hicimos almorzando todos juntos en la única parrilla potable que encontramos, al aire libre, situada en la azotea de una casa, con piso de baldosas y cubierta por toldos. Allí me encuentro con el mejor bife de atún fresco a la parrilla que he degustado en mi vida, impresionante, solo he vuelto a gozar de dicho manjar en este mismo lugar en otro cruce que me tocó realizar. Aprovechamos y mandamos mails desde el único cibercafé de Mindelo que queda en una galería y que atendía una señora de color bastante simpática que hacía pareja con uno de esos pocos blancos que hemos visto por estas tierras, un italiano que estaba allí controlando el negocio. Después de dejar al Skipper nuevamente a bordo visitamos el mercado del pescado, en plena ciudad y a orillas del agua, en donde me asombra el tamaño de los atunes, de dimensiones equivalentes a las de un ternero y con una carne roja de apariencia ídem. Didí nos había prometido un kilo y medio de langostas vivas a un precio incierto, la cuestión es que volvió con cuatro bichos descomunales que se esforzaban por liberarse de las ataduras. Eran tan grandes que ocupaban toda la mesada de la cocina. Impresionados ante el despliegue intimidatorio de pinzas batientes y antenas movedizas, emprendimos presurosos la retirada, dejando la preparación de dichos manjares en las expertas manos del Skipper.

Bajamos nuevamente a tierra y volvimos a insistir con migraciones, para nuestra sorpresa el funcionario nos pidió disculpas y el trámite se realizó en forma ágil y eficiente. Nos pusieron todos los sellos necesarios en el pasaporte, tanto de entrada como de salida, y fuimos registrados en un libro maestro del puerto, todo lo cual no llevó mas de 20 minutos. Ni una sola pregunta sobre la falta de un sello de salida de la Comunidad Europea, por aquí pareciera que aquello no existe, es mas, les bastó con nuestra sola palabra, de que veníamos de las Islas Canarias. Después volvimos a dirigirnos a la Capitanía do Porto para despachar el barco, trámite que se realizó eficiente y rápidamente junto al pago de una pequeña suma de dinero en impuestos. A continuación fuimos a una especie de mercado de frutas y verduras, en un edificio amplio y antiguo que parecía un teatro, seguramente de origen colonial, siempre en compañía de Didí que no nos dejaba ni a sol ni a sombra, y compramos algunas frutas y verduras frescas, un queso holandés entero y algunos frutos secos, que acto seguido transportamos a bordo para la alegría del Skipper. En Mindelo todo se vende suelto, harina, polenta, tabaco, porotos, azúcar, detergente, bebidas, jabón, y demás, o en forma enlatada, generalmente de origen portugués y de dudosa manufactura, sin fechas de vencimiento.

A última hora de la tarde nos cruzamos con los dos únicos tripulantes de un velero australiano, que como nos enteramos en ese momento, fue justamente el que vimos cuando veníamos navegando hacia Mindelo. Nos contaron que se trataba de un Beneteau de 42 pies, que lo habían comprado en Francia porque les salía mucho menos que si lo hubiesen adquirido en Australia, de manera que de Mindelo pensaban seguir hacia el canal de Panamá, y luego por el Pacífico hasta Australia. Tomamos unas cervezas juntos en el Iate Clube de Mindelo, un bar bastante primitivo en un viejo galpón con algunas duchas destartaladas. Al volver a nuestro barco a la noche, nos encontramos con las caparazones de las langostas procesadas y el Skipper durmiendo.

Día 04 – Nos preparamos para zarpar, ya que estábamos despachados desde la tarde del día anterior y no teníamos nada adicional que nos retuviera en el lugar. Pero antes de hacerlo procedemos a reabastecernos de gasoil y agua potable, moviendo el barco a la dársena de pesca, muy moderna por cierto, instalada y regenteada por los japoneses, en donde inclusive podemos cargar gasoil de entreport, es decir sin los impuestos locales, que por estos lugares conforman la mitad del valor final aproximadamente. Cargamos 410 litros de agua potable, a la cual por las dudas agregamos varias gotas de cloro, y 260 litros de gasoil, 80 de ellos en 4 bidones sobre cubierta.

Luego de arreglar las cuentas con Didí y despedirnos afectuosamente, dado que habíamos entablado una buena y satisfactoria relación, largamos amarras saliendo a la Bahía de Mindelo para dejar, en su boca, el negro Peñón de los Pájaros a estribor, navegando entre las islas de Santo Antao y Sao Vicente hacia el S. El espectáculo es impactante, altísimas paredes de basalto volcánico que caen verticalmente y cuyos colores, en tonalidades de grises, negros y marrones, contrastan con el color esmeralda del mar, mientras las sobrevuelan miles de aves marinas que pescan en las aguas que circundan las rocas desnudas. Un panorama extraño y bello a la vez, como si se estuviera observando esta costa en épocas pretéritas, imagino, antes del advenimiento de la vida vegetal, en los albores del planeta.


Costa oeste de la Isla Sao Vicente – Cabo Verde

En el canal o estrecho formado entre las dos islas, del lado opuesto a la bahía de Mindelo, existe un pequeño puerto sobre la Isla de Santo Antao, llamado Porto Novo, que en ese momento divisamos por estribor, único acceso a esa isla verde que contrasta fuertemente con la imagen desértica de Sao Vicente. Bastante cerca de los altos acantilados que conforman la costa W de esta isla y después de navegar unas 6 millas desde Mindelo, con rumbo 220°, dejamos la punta SW de la misma, llamada Ponta Machado, por babor, despegándonos lentamente de esa parte del archipiélago de Cabo Verde, en tanto vemos muchísimos peces voladores, volando en cardúmenes, algunos de los cuales, como ya es costumbre, caen sobre cubierta. La noche se presenta bastante brumosa en los horizontes con cielo estrellado y vientos del ENE. Cenamos las langostas de Mindelo saltadas con cebolla en aceite de oliva, aderezadas con jugo de limón y un poco de mayonesa, a gusto de cada uno, acompañadas de una botella de vino blanco bastante fría, una verdadera delicia gastronómica, mientras afuera comienza a nublarse hasta cubrir por completo el firmamento. La presión atmosférica está baja pero estable, estado normal para la latitud en las que nos encontramos.

Día 05 – Seguimos con vientos africanos del E, o sea a la cuadra, rumbo al S. En este punto del relato me parece que es necesario aclarar que seguir un rumbo S, desde Mindelo hacia el Ecuador, una distancia equivalente a unas mil millas, no es precisamente lo ortodoxo que se recomienda hacer, siempre y cuando la intención sea cruzar el Ecuador para seguir hacia Sudamérica. En realidad debiera seguirse un rumbo SE, acercándose a la costa africana, como si uno le estuviera poniendo la proa al Golfo de Guinea, para compensar la deriva ocasionada por la corriente ecuatorial que tira hacia el W y el abatimiento producido por los alisios que, en zonas ecuatoriales, suelen soplar cada vez más del cuadrante E. Pero nuestro Skipper, basado en su experiencia más las predicciones de la Meteo-France que anticipa calmas para toda la zona ecuatorial, decide jugarse y seguir directo al S, veremos lo que pasa.

La temperatura del agua está en 22 grados y medio. Durante la madrugada transponemos la latitud de las pequeñas islas Fogo y Brava por babor, distantes unas 124 millas al SSE de Mindelo, las últimas y más australes de las islas de Cabo Verde. Para mantener el ritmo de avance, bien temprano izamos una vela cuchillo al tope del mesana, con la esperanza de ganar un nudo adicional de velocidad. En una de las dos líneas de arrastre que llevamos por la popa, queda colgado un atún chico, del cual se obtienen 6 lomos con abundante carne rosada sin espinas. Con los limones que tenemos a bordo, el Skipper prepara un cebiche, acompañado de ajo, cebolla, y pimientos españoles, y además un escabeche para guardar, y deja el resto en la heladera, para freír en la sartén cuando haga falta. Los vientos siguen del E, notoriamente calientes y con bastante polvo en suspensión, mientras avanzamos con toda la carabela puesta a seis nudos, por un mar bastante planchado. Nos dirigimos a la zona de convergencia intertropical, cuya latitud media en el verano boreal, está corrida al N del Ecuador, entre los 5 y hasta los 7° de latitud aproximadamente.

A la noche tenemos función gratis, el cielo completamente estrellado, nos podemos dedicar a la observación astronómica sin nubes molestas. Tenemos a Sagitario, o como le dicen los anglosajones “The Tee Pot” por su forma de tetera, y sus compañeros infaltables Scorpio y la Corona Australis, adelante nuestro, a medio camino entre el horizonte y el cenit, cruzando nuestra derrota. Lo que más me impresiona personalmente es el espectáculo de ver con nitidez, es decir de horizonte a horizonte, todo el brazo espiral Sagitario, que en el lugar de la constelación homónima, indica los cero grados en el plano galáctico, y que sabemos que apunta al enorme agujero negro que probablemente exista allí, en el centro de nuestra Vía Láctea, pero que no podemos ver porque está tapado por el polvo cósmico, y que desde donde estamos se ve como una banda oscura y deshilachada, casi etérea, sobre un fondo blanco, colmado de estrellas.

Día 06 – A medida que vamos acercándonos a la zona ecuatorial el peculiar espectáculo de las noctilucas se incrementa cada vez más, alargando la estela que va dejando el barco por popa, brillando en tonalidades verdosas. Por la madrugada y durante mi guardia el viento amaina y bornea de direcciones diversas. Se ven una infinidad de peces voladores, que salen disparados por el avance del barco, planeando un buen trecho, hasta caer nuevamente dentro del agua. La luz dorada del sol mañanero hace que brillen y destellen sobre el fondo azul del oscuro océano. Esta vez encontramos cuatro de ellos sobre cubierta, del tamaño y la apariencia de pejerreyes medianos, y nos decidimos a comerlos. Resultaron muy apetitosos, de carnes blancas, pero con demasiada densidad de espinas.

Corriendo los Alisios.

A la noche siguiente se cierra sobre la zona una nubosidad abundante con varios chubascos y tormentas locales, obligándonos nuevamente a cerrar tambuchos y lumbreras. Escuchamos por onda corta un pronóstico de la Real Armada Española que anticipa para la zona de pesca del Golfo de Nueva Guinea y alrededores, vientos del E fuerza 3 a 4. Seguimos avanzando con rumbo S y viento a la cuadra, con el velamen completo pero sin el cuchillo.

Día 07 – Sigue la función gratuita, la noche se despejó nuevamente y se presenta estrellada, de horizonte a horizonte, parece un planetario. Hacia la medianoche se borran todas las estrellas, cubriéndose el cielo rápida y completamente, con una nubosidad muy baja. Sobreviene una calma total, lo que nos obliga a poner en marcha nuevamente el motor. Mientras tanto cambiamos la configuración de las velas de proa, reemplazando el genoa por el Yankee y la Trinquetilla, con el fin de poder reaccionar mejor ante eventuales chubascos que en estas zonas suelen ser repentinos y violentos.

Por la mañana por suerte, apagamos la máquina porque se afirma un poco el viento y comenzamos a caminar. Pescamos otro atún, un poco más pequeño que el anterior. Hace mucho calor y humedad, de manera que dentro de la cabina el ambiente se ha puesto bastante insoportable. El viento que nos viene desde el África parece salir de un horno y para colmo con bastante polvo que va ensuciando el barco. Almorzamos el atún en escabeche que el Skypper había preparado con anterioridad. Estamos cruzando los 10°N de latitud, con rumbo al S. Hace mucho calor y sobre todo mucha humedad. Nos rodea una impresionante formación de nubes por todos lados. De todas clases y a todas las alturas. Estamos atentos a los chubascos y tormentas, que parece se nos quieren venir encima a cada instante.

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Crepúsculo Ecuatorial.

Día 08 – A la medianoche arrancamos nuevamente la máquina porque no hay ni una gota de viento. Tenemos un pronóstico de Rafael desde Canarias que nos anticipa calmas para nuestra derrota, hasta por lo menos el paralelo 5°N. Por la mañana agregamos al tanque de combustible un par de bidones que trajimos desde Mindelo sobre cubierta. Pasamos varios chubascos y tormentas, cigarros tipo frentes, con nubes increíbles, cumulus nimbus enormes en forma de torres y de yunque, y por arriba el cielo cubierto de cirrus, de todo tipo, el panorama realmente es extraño e impone respeto. Hemos descubierto que se nos vació un tanque y hay agua dulce en la sentina, lo cual no deja de ser un misterio, no tenemos una explicación satisfactoria del porque ha sucedido. Me lavo sobre cubierta con agua de mar y detergente de lavar la vajilla, que según mi experiencia es lo único que medianamente funciona, aunque el resultado sea bastante inferior al de bañarse con agua dulce.

Por la tarde y hacia la noche se descompone el tiempo con lluvias abundantes y rachas de viento de direcciones variables que provienen de los distintos chubascos que van apareciendo, lo que nos obliga a maniobrar y modificar el velamen continuamente. Tenemos mucho mar de fondo, con olas encontradas, como si anticiparan la existencia de los contralisios del SE, pero el resultado concreto es que esa marejada tiene un efecto bastante negativo sobre la velocidad de avance que desarrolla el barco. El agua en que navegamos está a 25,5 grados centígrados, casi 10 grados adicionales sobre la que tenía en Canarias. Realmente estos parajes son por lo demás lúgubres y agotadores, los famosos “Doldrums”. Después de cenar y lavar la vajilla, aferramos y trincamos bien todo el velamen rizado, y dejamos caminando el motor a 1800 revoluciones toda la noche, en espera de alguna gota de viento, adentro del barco, con todas las lumbreras cerradas, cuesta dormirse por lo pesado y húmedo del ambiente.

Día 09 – Seguimos esperando que aparezcan las primeras brisas que anuncien los alisios del hemisferio S, pero se niegan a aparecer. Amanece muy cubierto, con chubascos y tormentas por todos lados, el agua está a 26 grados de temperatura, y el panorama es bastante deprimente, un horizonte gris y negro, tapado por todo tipo de nubes, especialmente unas muy bajas y desflecadas, de las que se desprenden cortinas de agua. A media mañana de a poco va entrando una brisa del SSE un poco más fresca, muy borneante, veremos si se transforma en viento o si se trata de una ilusión, de todas maneras la marejada del N está siendo enfrentada cada vez más por la que viene del S, dando como resultado un mar de fondo muy complicado.

Mientras estamos cruzando los 5°30′ de latitud N, siempre con rumbo S, nos vamos dando cuenta de que estamos demasiado pasados hacia el W, como para encarar el cruce de la gran corriente ecuatorial como corresponde, especialmente su rama más vigorosa que es la del Atlántico Sur. Para una embarcación menor propulsada a vela, cuyo objetivo es seguir navegando hacia el S, es condición primordial ingresar a la corriente ecuatorial en el lugar apropiado, es decir no más allá de los 25 W sobre el Ecuador geográfico, para llegar al otro lado en latitud, y unos grados al E, de las islas de Fernando de Noronha, y de ese modo poder seguir navegando hacia el S por la costa Brasilera. De acuerdo con lo dicho no nos queda otra que disminuir en por lo menos 4° de longitud nuestra posición, es decir unas 240 millas en dirección al Golfo de Guinea, cambiando la amura y virando para el E, tratando en ese borde de ir ganando el mayor S que podamos, lo que significa ceñir al máximo con apoyo de motor. Seguramente esta repechada nos llevará por lo menos hasta mañana por la noche, quizás entonces podamos virar nuevamente al S para encarar el cruce, veremos si tenemos algo de suerte. En esta zona lúgubre del planeta, gris y solitaria, no hemos visto ningún barco durante días, ni de pesca, ni de carga, ni siquiera alguna balsa con náufragos, nada de nada, pareciera estar completamente vacía.

Día 10 – Gran parte del tiempo nos llueve torrencialmente, mientras vamos disminuyendo nuestra longitud costosamente, con el trapo apretado al máximo y apoyo de máquina. Estamos cruzando los 5° de latitud N, o sea que mientras navegamos con rumbo ESE, por efecto de la corriente contraria, derivamos bastante y nos movemos con una derrota hacia el SE, descendiendo de a poco hacia el Ecuador, de manera que en teoría y meteorológicamente hablando, de aquí en más, tendríamos que ir escapando de la zona de convergencia intertropical, y por ende de la posibilidad de encontrarnos con una auténtica depresión idem. Está haciendo un calor y una humedad insoportables, que nos obligan a vivir en traje de baño, aún de noche y bajo la lluvia. Lamentablemente, debido a que abordo no contamos con un sistema para recoger agua de lluvia, nos vemos obligados a sufrir el evidente contrasentido de racionar el uso del agua potable que nos queda en un tanque en medio de unos chubascos que suelen convertirse en verdaderos diluvios. Lo hacemos mas que nada preventivamente, porque todavía no nos tomamos el trabajo de inspeccionar a fondo que es lo que pasó con el otro tanque, no sabemos en que situación estamos.

A la tarde se niega un poco el viento con borneos al SE y ya le vamos marcando unos 200° a la posición ecuatorial necesaria, pero todavía no alcanza para virar. Por la noche el cielo sigue completamente cubierto con chubascos y tormentas. Achicamos el paño, con una segunda mano de rizos. El viento se afirma cada vez mas acostando demasiado al barco en las rachas y resolvemos bajar completamente la mayor a las dos de la mañana.

Día 11 – Sopla con todo del SSE, por lo menos unos 35 nudos, y el mar se ha cubierto de grandes olas encontradas. Tomamos rizos también en el mesana. El entorno sigue gris, lluvioso, encapotado y sumamente húmedo. Nos falta poco, pero estrictamente hablando todavía no hemos conseguido ganar el suficiente posicionamiento hacia el E. En un momento dado, el Skypper se juega, no sabemos si por el cansancio y el aburrimiento de seguir como estamos, a los golpes contra la marejada, o porque realmente está convencido de que el borde opuesto nos llevará a la posición correcta. Sea por lo que fuere y sin pensarlo demasiado aceptamos aquella iniciativa con suma rapidez, en el sentido de virar hacia el S en busca del Ecuador, la realidad es que para todos es un verdadero alivio.

Por suerte en la otra amura, que da mas bien al SSW subimos la velocidad, eso es un buen augurio, aunque en el ínterin pegamos varios pantocasos, de esos verdaderamente violentos. El tiempo se pone realmente malo, es raro, pareciera estar navegando en pleno invierno, con el cielo completamente encapotado y el mar en tonalidades de grises, pero con mucho calor. Tiempo después, como el viento se sigue prestando, apagamos la máquina, calculando que quizás mañana podamos transponer el Ecuador en la longitud que corresponde, para dejar atrás esta zona bastante desagradable. Perdimos un tiempo considerable con toda esta vuelta y por ende estamos bastante agotados.

Día 12 – Lentamente está volviendo un poco mas de optimismo, el viento sigue del SE como estaba, pero bastante más seco, y avanzamos a 7 nudos promedio. Esta mañana, probablemente debido al cambio en la marcha del barco, al Skypper le agarró la vena entusiasta e hiperquinética, y se puso a elaborar pan casero, porque el que traíamos de Mindelo se puso totalmente verde. La verdad es que salió muy bien, yo estaba tan cansado durmiendo en mi cucheta que ni me di cuenta. Está muy rico, al fin algo fresco a bordo, hace días que no pescamos nada y las reservas de fruta se acabaron hace rato.

Logramos arreglar la máquina desalinizadora que, cumpliendo estrictamente con la Ley de Murphy, se encuentra instalada en un lugar de esos bien inaccesibles y difíciles. Realmente se trataba de una pavada, se había desconectado el tubo de salida de la bomba y estaba largando el agua potable a la sentina, pero obviamente hasta que no la inspeccionamos de cerca no pudimos darnos cuenta, ahora vuelve a trabajar correctamente y a pleno, rinde unos cinco litros de agua potable en dos o tres horas, nunca pensé que el agua desalinizada pudiera parecerme tan rica. A partir de ese arreglo, comenzamos a especular que quizás el agua del tanque, al salirse la manguera del desalinizador, se haya derramado a la sentina por efecto sifón, de esa manera quedaría explicado el misterio del tanque vacío a pocos días de haber salido de Mindelo, pero bueno, el tema está solucionado, lo demás ya es historia.

Antes de cenar, al prender el motor para recargar baterías, se corta el cable del morse que corresponde al acelerador y no tenemos repuesto a bordo. Mañana veremos que podemos hacer para arreglarlo o substituirlo por otra cosa. Por ahora lo aceleramos desde el mismo motor a mano, lo cual obliga a uno de nosotros, a hacer de ¨maquinista¨ metiéndose en el compartimiento del motor, atento a los gritos del timonel, cosa bastante molesta por cierto.

Afloja bastante y vamos desarrollando una menor velocidad, lo cual a su vez acrecienta el efecto de la corriente, que ahora tenemos prácticamente al través del rumbo. Duermo como una piedra contra el violín de mi cucheta, con el caminar rítmico y acompasado del barco, y me despierto justo para la cena. Comemos los lomos de atún que quedaron, fritos a la manteca, estaban verdaderamente deliciosos. Acompañamos la cena con abundante cerveza.

Día 13 – El cielo se ha despejado por completo y estoy de guardia con Pegasus en la nuca, casi en el cenit, y con la mitad de Orión, emergiendo del horizonte oriental un rato antes de que comience a clarear. Nuestra querida Crux Australis no se puede ver porque en estas latitudes no es circumpolar y estamos en Julio, de manera que ya ha desaparecido por el SSW. Pero mi atención, en estos momentos, está centrada en el display del GPS, siguiendo los minutos de latitud, y sus fracciones, que van disminuyendo hacia cero. Con algo de anticipación procedo a despertar a mis dos compañeros avisando que faltan unos pocos minutos de tiempo. Sentados en el cockpit esperamos que suceda el mágico cruce del Ecuador geográfico, lo que se concreta finalmente en 24°35′ W, a las 5 horas 14 minutos. Medio desnudos y dormidos, celebramos en silencio el magno avatar. El Skypper murmura algo ininteligible, sobre el hecho de que le ofrenda el champagne a Neptuno, regando parte del mismo por la borda, mientras nosotros escuchamos en silencio y bostezando, con gran respeto y miradas fijas. Después, tras murmurar algunas obviedades, como ”que Eolo nos regale buenos vientos”, nos tomamos con gusto el resto de la espumante bebida, que dicho sea de paso estaba tibia por no decir caliente. Acto seguido resolvemos poner nuevamente en marcha el Diésel, porque nos quedamos casi completamente encalmados.

Me despierto tarde y el día se presenta magnífico. Descubro que en el ínterin mis compañeros pararon la máquina y establecieron todo el paño, estamos caminado bien, a unos razonables 5 nudos. Incluso nos hemos dado el lujo de derivar unos grados porque vamos sobrados para el rumbo a Recife, todavía nos quedan unas 750 millas por delante. Una cantidad bastante grande de delfines nos acompañan, algunos pegados al casco, saltan y se zambullen alrededor del barco, cruzan la proa y hacen varias piruetas, nos sentimos acompañados en la soledad del océano. El tiempo se a puesto franco, sin duda mucho mas seco que en la zona ecuatorial, y la temperatura del agua está bajando a 22,5 grados, o sea que es equivalente a la que en el otro hemisferio teníamos en Cabo Verde. Tomamos una mano de rizos porque vuelve a refrescar, siempre del SE, y el tema pendiente del arreglo del morse lo seguimos dejando para mas adelante. Pescamos un bonito atigrado propio del Atlántico Sur que trozamos prolijamente para preparar a la sartén.

Día 14– Con brisas muy flojas por la madrugada ponemos en marcha el motor, tropezando nuevamente con la necesidad de encarar el arreglo pendiente. Observamos por vez primera una salida de sol completa, sin nubes. El tiempo está caluroso pero bastante más seco. A la media mañana pasa un frente muy amplio, con nubosidad baja y convectiva, tipo pampero, lo que nos obliga a tomar rizos por las dudas, pero despues de esperar un rato largo no pasa gran cosa y volvemos a izar todo el trapo. Estamos a unas 500 millas de Recife con una marcación de 229°, transponiendo de a poco, la latitud de las Islas de Fernando de Noronha, límite oriental del continente Sudamericano, lo cual ya es una señal definitiva de que hemos logrado nuestro objetivo de estar ubicados como corresponde para seguir al S. Al mediodía refresca y apagamos la máquina, logramos caminar unos 6 nudos mientras el día se torna celeste.

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Mesa de navegación.

Resolvemos el tema del morse reemplazándolo por una tanza de pescar de acero, enhebrándola por el tubito correspondiente, un tema que resultó ser bastante complicado. Es demasiado fina para cumplir con esa función, pero no pudimos encontrar ningún otro elemento como para utilizar. Lo malo es que vamos a tener que accionar el morse con extrema suavidad y cuidado, para que aguante y no se rompa. Pudimos comunicarnos en banda lateral con un radioaficionado que prometió comunicarse con la casa del Skypper, para que desde allí su mujer se comunique a su vez con nuestras familias. Atendemos la ronda náutica de Rafael para cumplir con la formalidad de dar nuestra posición y rumbo, y escuchar las perspectivas del tiempo para la costa norte del Brasil. La noche comienza por presentarse despejada pero se ven relámpagos por el N.

Día 15 – La guardia nocturna termina resultando malísima porque entra una masa nubosa baja y muy oscura del NE, que termina por cubrir todo. Se vienen infinidad de chubascos y tormentas en cuyos centros se distinguen rayos y relámpagos, y debajo de los cuales cae abundante agua. Antes de venirse la noche habíamos tomado preventivamente una mano en la mayor y bajado el mesana.

Percibo unos bultos negros en la oscuridad, pero no alcanzo a verlos bien, me parece que son pájaros. Deben estar agotados para acercarse tanto, sospecho que son de tierra, pero no se me ocurre que pueden estar haciendo por acá. Se quedan quietos en la oscuridad a pesar de mi presencia, a uno prácticamente lo tengo al alcance de la mano y no se aleja, otro está sentado en la cruceta del mesana, me da la impresión de que son de color marrón oscuro y bastante grandes y gordos, podrían ser cuervos o urracas por unos pocos graznidos apagados que emiten, pero no estoy seguro.

Los chubascos se suceden sin descanso, con abundante cantidad de rayos y relámpagos, lo que en la soledad del mar y desde tan cerca impone respeto y temor. Termino la guardia algo agotado, dos veces ha borneado de tal manera que nos quedamos acuartelados, pero mis compañeros estaban tan cansados que ni se enteraron. De pronto, mientras el viento se afirma, toda la masa nubosa que complicó la noche se termina, y aparecen las últimas estrellas antes del crepúsculo. En cuanto hubo luz suficiente comencé a buscar a los pájaros por todos lados, pero no los encontré, han dejado el barco antes que amaneciera. Por mas que lo pienso no me puedo imaginar como podrán volar semejantes distancias para alcanzar las costas de Sudamérica, quizás los contralisios los lleven a los Penedos de San Pedro y San Pablo.

Después del desayuno caminamos bien, el viento se consolida del SE con nubosidad variable y bastante calor. El acontecimiento del día es la pesca de una dorada bastante grande, un pez espectacular de escamas doradas tirando a verdoso en el lomo, de una carne muy blanca y libre de espinas. Es la primera vez que veo uno de esta especie, tienen una boca grande con dientes muy prominentes y afilados y son durísimos de matar. Al mediodía comemos una parte al horno con papas, dejando otro gran pedazo en la heladera para el día siguiente. Seguimos avanzando raudamente, acercándonos a la costa brasilera.

Día 16 – Amanece despejado con bastante viento y marejada del SE, avanzamos bien con escotas abiertas y una mano en la mayor. Al mediodía terminamos de comer la dorada hervida, con cebolla y mayonesa, con un revuelto de arvejas que había quedado de la noche anterior. El día se está poniendo muy ventoso lo que nos obliga a tomarle una segunda mano a la mayor. Como nos faltan 190 millas para Recife, comenzamos a sintonizar nuevamente emisoras de radio, después de tantos días de silencio. Obviamente todo lo que se puede recepcionar es brasilero, tanto en AM como en FM. Nos da mucha alegría oír las voces del continente sudamericano, pero es curioso, todas las estaciones pertenecen sin excepción a sectas evangelistas, no encontramos ninguna estación laica, o digamos no religiosa, de manera que pasado el entusiasmo inicial apagamos nuevamente la radio, realmente no se puede soportar.

A la tarde el tiempo empeora sensiblemente, va entrando mal tiempo por el SE lo que nos obliga a bajar del todo la mayor, el viento se torna arrachado y sube a mas de 30 nudos. Pasamos una mala noche debido a que no queremos hacer ninguna corrección de rumbo, ya que nos da exacto a Recife, pero tenemos la marejada completamente del través. Sopla bastante y vamos solo con trinquetilla y mesana. En un momento durante mi guardia, entra agua salada por los tragavientos al interior, porque varias veces la cubierta es tapada completamente. Como resultado se mojan parte de las colchonetas de la cámara principal, lo cual es bastante molesto debido a que los cristales de sal se incorporan al entramado textil. Apretamos las escotas porque el viento rota un poco a la proa, y tenemos el cielo cubierto con chubascos. Nos faltan apenas 82 millas para llegar.

Día 17 – El disco solar emerge coloreando algunos cúmulus de buen tiempo en tonos naranja, con el viento amainando, que por suerte se vuelve al SE. Al mediodía, con cielo despejado, establecemos nuevamente la mayor completa para mantener una buena velocidad, ya que para nuestra sorpresa tenemos medio nudo de corriente en contra. Corregimos la hora de abordo para situarla en la longitud que corresponde al lugar donde navegamos. A la tarde, con cielo despejado y viento aflojando, divisamos algunas construcciones sobre la costa brasilera, que por estos lugares es bastante baja, se destaca la ciudad de Olinda construida en un monte, antiguo centro colonial bastante mas antiguo que Recife.

Al anochecer se nos aparecen las luces de la ciudad de Recife, capital del estado de Pernambuco, en 8°03′ S y 34°54′ W, un espectáculo inolvidable. Alrededor de las 20:30 llegamos al lugar donde debiera estar la boya de recalada, pero no la encontramos porque estaba apagada, cosa que descubrimos porque casi nos la llevamos por delante. Desde allí hacemos rumbo a la ciudad y mientras vamos acercándonos con cuidado, vemos toda la costa iluminada, como un anfiteatro de luces. Enfilamos, con el rumbo que determina el cuarterón correspondiente, a la farola verde que debiera marcar la escollera exterior, y que no se ve porque se pierde en el mar de luces que tenemos en la proa. Al tiempo de avanzar se comienza a divisar una intermitente verde que reconocemos como la farola que buscamos. Luego de unos 10 minutos adicionales avistamos otra verde que reconocemos como la que demarca la escollera interior. Controlando siempre el ecosonda debido al peligro de los bajos coralinos que allí existen, seguimos adelante hasta transponer sin inconvenientes la boca del puerto, dejando la farola de la escollera por babor. Una vez adentro, caemos a babor y seguimos por el superporto con rumbo SSW pasando varias dársenas que vamos dejando por estribor, en donde vemos atracados algunos buques de tamaño verdaderamente impresionante, plenamente iluminados. Pasada toda esta parafernalia de luces, se llega a un espejo de agua interior, en donde se termina la iluminación y comienza la mas completa oscuridad. De allí en adelante hay que avanzar por un canal muy bajo, cuyo aguaje cuesta encontrar, indicado por unas pocas estacas clavadas en el fondo que solo se distinguen de muy cerca y alumbrándolas. Al final de este aguaje, que corre paralelo a una autopista donde se ve circular el tráfico, se encuentra la entrada del Cabanga Iate Clube de Pernambuco, al cual arribamos arando el fondo.

Rada y Puerto de Recife – Pernambuco – Brasil.

Tomamos amarra unos 10 minutos antes de las 22 hs. Según el GPS, hemos recorrido 3.577 millas desde que salimos de Sotogrande, y en esta última pierna desde Mindelo unas 1.600. Acoderados a un muelle flotante central, esperamos un rato largo, para que el marinero a cargo nos indique donde dejar el barco, y ante la falta de respuesta del mismo ocupamos una amarra por nuestra cuenta. Atendemos la ronda náutica por última vez, agradeciendo a Rafael el servicio prestado, y despidiéndonos de todos, especialmente de aquellos que aún están navegando. Lo primero que descubrimos, en una breve incursión nocturna, es que las instalaciones sanitarias, si bien no son demasiado malas, carecen de agua caliente. Cenamos frugalmente a bordo porque se ha hecho muy tarde y no queda nadie en el Club.


Cabanga Iate Clube – Pernambuco – Recife, Brasil.

Día 18 – Una vez terminada la higiene personal en tierra, nos dedicamos a lavar todo el barco con agua dulce, dejándolo ordenado y en condiciones de permanecer en la amarra por algún tiempo. Luego vamos a la secretaría a formalizar el ingreso y la estadía de la embarcación. Cada uno de nosotros recibe un carnet de invitado con foto y banda magnética. Al barco se le asigna su amarra por un período mínimo de tres meses, renovable por otros tres. Luego nos trasladamos a la ciudad y al puerto comercial para realizar los trámites de entrada al país, actividad a la que pacientemente nos dedicamos a lo largo de un día y medio, deambulando de una oficina a otra. En una de ellas tuvimos que esperar que terminara un partido de football por televisión, en el cual participaba la escuadra local de Pernambuco, para que se dignaran atendernos. La verdad es que los burócratas de Cabo Verde resultaron muchísimo más ágiles, eficientes y amables, que los del Brasil.


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0 Responses to “Desde Andalucía a Pernambuco, via Canarias y Cabo Verde.”



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